La nación con baja tasa de fumadores y su táctica para impactar el tabaquismo en Argentina

En el panorama global, Suecia está a punto de consolidarse como uno de los primeros países en los que el tabaquismo se vuelve una excepción. Gracias a cambios profundos en los hábitos de consumo a lo largo de las décadas, el porcentaje de adultos que fuma a diario ha descendido a cerca del 5%.

Esta notable transformación va de la mano del surgimiento de un fenómeno particular: al tiempo que los cigarrillos tradicionales han perdido popularidad, ha aumentado el uso de productos de tabaco y nicotina que no implican combustión.

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La experiencia sueca ha pasado a ser el principal respaldo para los defensores de las estrategias que buscan minimizar los daños del tabaquismo. Este escenario plantea un interrogante para Argentina, donde se calcula que aún hay cerca de siete millones de fumadores: ¿Podría lograrse una transformación similar y cuáles serían las consecuencias para la salud pública?

El evento internacional y el caso sueco

El encuentro Technovation, organizado por Philip Morris International (PMI), se llevó a cabo en Buenos Aires y en él se trató esta temática durante dos días. Brian Erkkila, director de Participación Científica de PMI en Estados Unidos y extoxicólogo de la FDA, presentó los avances en Suecia y discurrió sobre el papel crucial de los productos alternativos al cigarrillo.

En conversación con Clarín, Erkkila argumentó que la adopción de productos no combustibles podría significar un cambio significativo en la salud pública de Argentina en las próximas dos décadas.

Según sus explicaciones, una disminución constante en el uso de cigarrillos genera un efecto gradual en las enfermedades vinculadas al tabaquismo, con efectos especialmente notables en las enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

El caso de Suecia tiene un detalle que lo diferencia de gran parte de Europa. Allí, desde hace décadas, el consumo de snus, un tipo de tabaco oral que se coloca entre la encía y el labio, ha sido parte de la cultura, permitiendo el consumo de nicotina sin la quema del tabaco.

Al ingresar a la Unión Europea, Suecia logró una excepción que le permitió mantener la venta de este producto, mientras que en la mayor parte del bloque está restringido.

“Se trató de un experimento natural: un país dentro de la Unión Europea con acceso a una alternativa sin humo, lo que nos permitió observar los resultados a lo largo del tiempo”, explicó Erkkila en su presentación en Technovation.

Evolución del consumo y sus efectos

El cambio fue evidente a partir de las décadas de 1970 y 1980. Mientras el consumo de cigarrillos convencionales se reducía, el uso de tabaco oral se incrementaba. A lo largo de los años, nuevas opciones como las bolsas de nicotina, conocidas como nicotine pouches y libres de hoja de tabaco, comenzaron a surgir.

Los datos presentados por PMI resaltan que alrededor de 1999, el consumo de productos de nicotina oral entre los hombres suecos superó al de cigarrillos. Entre las mujeres, este fenómeno se registró recién en 2021.

Para 2024, la estadística mostraba que apenas el 5,4% de los suecos de entre 16 y 84 años fumaba a diario. No obstante, el consumo de nicotina no ha desaparecido, ya que una parte significativa de la población sigue utilizando productos orales.

Los resultados del enfoque sueco no se reducen solo a la baja de las ventas de cigarrillos. Según Erkkila, se evidencia también en los indicadores de salud.

En su presentación, Erkkila vinculó el decrecimiento del tabaquismo masculino con las reducciones en las tasas de cáncer pulmonar y enfermedades cardiacas. “Esto realmente está dando resultado. Esto es reducción de daños. Es un avance hacia un entorno libre de humo con un beneficio positivo en salud pública”, afirmó.

En entrevista con Clarín, Erkkila explicó que los que dejaron el cigarrillo convencional y optaron por productos sin combustión mostraron menores tasas de enfermedades serias como cáncer de pulmón y problemas cardíacos.

La razón científica tiene que ver con la combustión: al quemarse, el tabaco libera sustancias tóxicas y cancerígenas que inhalan los fumadores. Los productos que evitan la combustión reducen significativamente estas emisiones, aunque no están completamente exentos de riesgos.

La nicotina permanece como una sustancia adictiva y la evidencia sobre los efectos a largo plazo varía según el tipo de producto. Además, las políticas de prevención, las restricciones al tabaquismo y otros cambios sociales podrían también influir en el desarrollo de las enfermedades en Suecia.

En cuanto a los resultados en materia de salud, Erkkila destaca que no es necesario esperar décadas para observar ciertos beneficios.

“El mejor momento para dejar de fumar o cambiar a alternativas sin humo es ahora mismo”, afirmó en la entrevista. Explicó que algunas mejoras individuales pueden evidenciarse en corto plazo, aun cuando la reducción de enfermedades como el cáncer requiere un análisis más prolongado.

Argentina enfrenta un escenario diferente respecto a Suecia. Aunque se ha reducido el uso de tabaco en las últimas décadas, sigue siendo un problema significativo de salud pública.

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La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestra que el porcentaje de adultos que fumaba disminuyó del 29,7% en 2005 al 22,2% en 2018.

En este contexto, acelerar el reemplazo de cigarrillos tradicionales por productos sin combustión aparece como una de las estrategias de la industria tabacalera. Un cambio importante ocurrió en mayo cuando el gobierno argentino reguló y legalizó los dispositivos como vapeadores, bolsas de nicotina y productos de tabaco calentado.

Consultado por Clarín sobre el posible desarrollo de Argentina en los siguientes veinte años si se avanza en la transición hacia productos sin combustión de nicotina, Erkkila sugirió que podría haber una reducción significativa del tabaquismo basada en experiencias de otros países.

“El cambio puede ser gradual pero impactante. En naciones como Japón, Suecia y Suiza se han observado reducciones del tabaquismo de hasta el 50%”, comentó.

Erkkila mencionó la desinformación como un obstáculo central que obstruye la adopción de estrategias de reducción de daños, llevando a situaciones donde se permite la venta de cigarrillos pero no la de productos de tabaco calentado.

“El mayor impedimento es la desinformación”, afirmó. Explicó que muchos fumadores confunden la nicotina con el principal agente cancerígeno, cuando en realidad los compuestos tóxicos del humo del tabaco son los que incrementan el riesgo de cáncer.

Para Erkkila, la respuesta debe incluir una campaña educativa que trascienda a los consumidores. “No es solo acerca de informar al consumidor o al fumador adulto, sino de involucrar a todo el ecosistema”, señaló, refiriéndose a médicos, profesionales de la salud y reguladores.

Mencionó el esfuerzo de organismos como la FDA de Estados Unidos que analizan las características químicas, toxicológicas y de salud de los productos antes de autorizar su venta.

El reemplazo de los cigarrillos tradicionales también está transformando el panorama comercial de la industria tabacalera. Philip Morris International dio a conocer que desde 2008 ha invertido más de 16.000 millones de dólares en la investigación, desarrollo y comercialización de productos sin humo.

Actualmente, según la empresa, alrededor de 43,5 millones de personas usan estos productos en todo el mundo, y ya representan el 43% de sus ingresos netos, según el primer trimestre de 2026.

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La empresa proyecta que para 2030 cerca de dos tercios de sus ingresos netos provendrán de alternativas al cigarrillo tradicional.

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