El bastón presidencial creado por el orfebre Juan Carlos Pallarols a Juan Domingo Perón en 1973, que luego tuvo que recomprar para recuperarlo, comparte espacio con pelotas y camisetas que le obsequió Diego Maradona durante su aparición en La Noche del 10. Un majestuoso retrato al óleo del general José de San Martín, pintado por su padre, domina la pared principal de su espacio en San Telmo, donde el oro y la plata embellecen cada rincón.
Al cruzar la puerta sobre la calle Defensa y subir las escaleras, el bullicio de la Plaza Dorrego queda atrás, dando paso a una atmósfera cargada de historias. En medio de luces tenues y un aroma metálico distintivo, hay cientos de objetos, cada uno con una narrativa única. Su propietario, quien acaba de celebrar 84 años con una gran fiesta, está dispuesto a compartir cada una de esas historias.
No es casual que viva en ese lugar: detrás de sus exhibiciones se encuentran su comedor, su baño, su dormitorio y su taller. Su vida cotidiana y las memorias de una nación coexisten bajo el mismo techo. Con este mismo espíritu, hoy abre sus puertas para presentar su nueva proeza: la confección de un cáliz fabricado con material bélico de la Guerra de Malvinas que entregará al papa León XIV en su visita a la Argentina.
Transformando la guerra en símbolo de paz
-¿Las balas son argentinas o inglesas?
-En combate, todas las balas son iguales.
Pallarols hace referencia tanto a los soldados argentinos como a los ingleses, y subraya que las guerras solo sirven como “un negocio despiadado”. Ha mantenido un vínculo estrecho con veteranos y sus familias, con quienes ha compartido numerosos encuentros en su hogar. “Fue un conflicto estúpido, pero resultó en una guerra, con casi 700 muertos, una tragedia irreparable”, reflexiona.
Sobre una de sus mesas, exhibe proyectiles de la Segunda Guerra Mundial, una tapa de caja de municiones calibre 7,62 de Israel con inscripciones en hebreo y partes de la fragata Santísima Trinidad, usada en Malvinas. Para el cáliz papal, utiliza 900 gramos de plata pura y 100 gramos de material bélico por cada kilo de aleación, convirtiendo así los rezagos de guerra en una oferta sagrada de paz y redención.
Un esfuerzo conjunto para un regalo significativo
El diseño del cáliz está inspirado en las tres virtudes teologales que León XIV predica: fe, esperanza y caridad. Pallarols coincide: “Si no tienes fe en un proyecto ni lo compartes con otros, carece de sentido. Intentamos contribuir a un mejor entendimiento”, explica.
La tradición artesanal que une generaciones
Pallarols quiso que miles de personas participaran activamente en la creación del cáliz. “El pueblo es el verdadero dueño de esto”, afirma. Durante un año, piezas del cáliz recorrieron más de 700 parroquias, escuelas y capillas para que las personas pudieran grabar en el metal sus dedicatorias. Un amigo en motocicleta ayudó a recorrer los pueblos y ciudades. Hoy, el libro que acompaña el cáliz guarda firmas y mensajes, incluidos los de Slash de Guns N’ Roses, quien visitó el taller, cinceló la pieza y le obsequió a Pallarols una guitarra.
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Un detalle curioso: cuando el Vaticano encargó formalmente la obra, Pallarols ya estaba en el proceso de creación. Experto en la heráldica papal, no necesitó instrucciones para saber qué símbolos emplear. “Ya sabía las pautas; lo tenía casi hecho cuando me contactaron”, comenta con una sonrisa, destacando que la experiencia previa lo ha sustenido bien.
En el corazón del taller, varios orfebres trabajan mientras una radio clásica suena de fondo. El cáliz para León XIV, aún incompleto, espera los toques finales. Pallarols, hablando bajo por respeto a sus colegas, planea finalizarlo y espera que el Papa lo use en alguna misa en Palermo o Luján.
Además del cáliz, ha preparado un opulento sillón de plata con el escudo papal, que ha pasado controles de seguridad rigurosos para garantizar su seguridad.
-¿El sillón fue solicitado por el Vaticano?
-No, pero sé lo que se necesita.
Legado en las manos de nuevos artesanos
La relación de los Pallarols con el Vaticano se remonta a finales del siglo XIX, cuando su tatarabuelo fabricaba cálices para León XIII. La tradición continuó sin interrupciones. Juan Carlos, desde joven, contribuyó en piezas para varios Papas como Pío XII y Pablo VI. Ahora, la herencia se mantiene con su nieta, que trabajó en el nuevo cáliz.
Para la visita de León XIV, se aprovechará un cáliz histórico creado por el padre y abuelo de Pallarols en 1934, decorado con topacios y diamantes para formar la palabra “Pax”, restaurado por Juan Carlos para esta ocasión única.
El recuerdo del Papa Francisco es especial para Pallarols, recordando sus charlas en el taller antes de convertirse en pontífice. El cáliz pedido para Francisco, con emblema jesuita, ahora se exhibe en su taller cedido temporalmente.
Una casa llena de historia argentina
Caminar por la residencia de Defensa 1094 es experimentar tanta historia que parece imposible de abarcar. Pallarols muestra con orgullo una pluma de plata de Maradona y fotos junto a Messi y Trump. Una vitrina guarda una de las rosas hechas para Lady Di, y se puede observar un nuevo proyecto sobre Juan Manuel Fangio.
Antes de finalizar la visita, un martillo hecho del sobrante de un parabrisas antibalas recuerda a Pallarols los días de septiembre de 1973, cuando intentó advertir a José Ignacio Rucci sobre un peligro inminente. Pese a sus esfuerzos por comunicarse, un comando terminó con la vida del dirigente ese mismo día.
-¿Cómo te sentiste?
-Muy mal, porque intenté advertirle y no le llegó el mensaje.
AS
