De azafato a rescatista
Christian Luccisano, de 41 años, lleva dos décadas trabajando como tripulante de cabina para Aerolíneas Argentinas. A pesar de tener la opción de estar disfrutando de lugares como Madrid o Roma, decidió ir a Venezuela a ayudar en tareas de rescate, dejando atrás a su pequeño hijo Salvatore de un año y medio.
En medio del desastre
“Ya no sé cuántos días han pasado, todo parece un único día interminable. Ha sido agotador físicamente y hemos tratado de estar al lado de las familias esperando a sus seres queridos bajo los escombros”, comparte Christian con Clarín sobre su tiempo en La Guaira, la zona más afectada por los terremotos del 24 de junio.
Un llamado a la acción
Un día posterior a los sismos, Christian participó en un programa de televisión donde conoció a Esteban Chalá del Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA). Después del programa, Chalá le comentó sobre el viaje a Venezuela, y Christian no dudó en ofrecer su ayuda, siendo el último de los sesenta rescatistas en embarcarse en el avión humanitario.
Sin ser un rescatista experimentado, Christian confiesa que la experiencia fue diferente a su entrenamiento en Aerolíneas, donde se preparó para emergencias como accidentes y fuegos. “En nueve días aprendí cosas que nunca antes había imaginado”, comenta.
El paisaje desolador y las familias esperando alguna noticia eran constantes. Christian reconoce el impacto emocional de encontrar a una madre abrazando a su bebé bajo los escombros.
Christian cuenta con una conexión especial con Venezuela: conoció a su esposa Josmar en un vuelo a Caracas en 2016. Formaron una familia y, a pesar de la tragedia, decidió estar presente para apoyar.
La familia de su esposa, residente en La Guaira, se encuentra a salvo, aunque enfrentaron pérdidas materiales significativas. Christian pasó sus noches en un campamento local mientras ayudaba en las labores de rescate durante largas jornadas de hasta doce horas diarias.
Aunque la actividad era extenuante, “la fuerza que nos daban los familiares, junto con el apoyo a la distancia de mi familia, fue crucial”. Christian remarca que devolverle el cuerpo de un ser querido a una familia les otorgaba un preciado momento de paz.
El grupo de rescatistas CEPA, al cual se unió, trabajó de manera organizada y estratégica. A pesar de estar extenuado, el apoyo y la profesionalidad le impulsaban a seguir.
Durante sus últimas jornadas en Venezuela, encontraron múltiples cuerpos, lo que resultaba emocionalmente desafiante. Christian compartió que sus compañeros de CEPA se apoyaban mutuamente para sobrellevar el estrés y poder descansar al terminar cada día.
Para Christian, esta experiencia es una lección de vida que lo marcó profundamente. Aunque no hay preparación suficiente para enfrentar tragedias de semejante magnitud, entiende que dar paz a las familias es invaluable.
En cuanto a su licencia en Aerolíneas Argentinas, menciona que la tomó para ayudar a su “querido pueblo”, con el plan de reincorporarse pronto a su trabajo, donde ya lo espera un vuelo hacia Roma.
Reflexiona sobre el Mundial, señalando que para él, “ganar mi Mundial fue rescatar a víctimas, incluso encontrar cuerpos fue titánico”. Su viaje a Venezuela fue una demostración sincera de amor hacia el país de su esposa.
