Decidieron traer un hijo al mundo tras el diagnóstico terminal de Juan, aunque él no pudo conocerlo

El peor de los temores se hizo realidad con los resultados de la tomografía. El 2 de septiembre de 2012, en la Clínica Olivos, un urólogo le pidió a Karina que llamara al llegar a su casa. Karina esperó el momento de estar sola para utilizar el teléfono. “Ese día me comunicaron que Juan iba a morir”, relata a Clarín.

Karina Jiménez, de 44 años, se emociona al hablar de Juan Cruz Andrés, con lágrimas en sus ojos. En su hogar en José C. Paz, rodeada de memorias compartidas, su voz se quiebra. Mantiene una urna roja donde guarda las cenizas del hombre al que amó profundamente. Juan sigue presente en Bautista Andrés, el hijo que decidieron traer al mundo, aún con la certeza de que él no estaría para presenciar su crecimiento. “Siempre le cuento a Bauti que su papá lo quiso con todo su ser”, explica.

Un Amor Truncado por la Enfermedad

“La pérdida de Juan es un dolor eterno”, admite ella. Su historia comenzó cuando ambos trabajaban en una tienda de Frávega. Fue amor al primer encuentro. En 2011, iniciaron su relación y en pocos meses se mudaron juntos a San Fernando. “Teníamos tantos planes, él contaba 27 años y yo 29”, comenta.

Estaban a punto de cumplir un año de relación cuando comenzaron los síntomas para Juan. “Su orina tenía un tono oscuro, como un refresco de cola. Pensábamos, erróneamente, que se debía al consumo de bebidas alcohólicas”, confiesa.

Los problemas digestivos también aparecieron, junto a la pérdida de peso. Karina, preocupada, le insistió en ir al médico, recordando como su padre falleció tres meses después de un diagnóstico de cáncer.

Intentó asustarlo para que acudiera al médico. Tras acudir a una consulta, le diagnosticaron un tumor en el riñón izquierdo. “Escuchamos al doctor sin entender bien la magnitud. Al salir, le pedí a Juan que regresáramos para escuchar la palabra cáncer de manera clara”, revela.

Fueron remitidos a la Clínica Olivos para que un urólogo lo examinara. Aún creían que una operación resolvería el problema. Karina obtuvo una cita para el 2 de septiembre de 2012, una fecha impregnada en su memoria. Ese día, Juan se sometió a una serie de pruebas exhaustivas, reflejo de lo crítico de su situación.

Fue entonces cuando el médico le indicó en secreto a Karina que lo llamara después. Juan, sin embargo, percibió el gesto. Esa llamada confirmó lo que temían: el cáncer de Juan era incurable debido a su gran avance. La metástasis había hecho estragos, y un oncólogo era necesario para mejorar su calidad de vida. Juan solo conocía hasta entonces que tenía cáncer.

Planear un Futuro Sin Garantías

Karina encontraba el dolor insoportable y le quemaba la injusticia. Se preguntaba por qué la enfermedad no la había alcanzado a ella. Juan siempre le recordaba su fortaleza. Temió que la abandonara, pero ella jamás pensó en dejarlo. En 2013 decidieron casarse.

Juan fue intervenido quirúrgicamente y probó múltiples tratamientos que le otorgaron más tiempo y mejor calidad de vida. En medio de estos desafíos, él confiaba en Karina. “Era su talismán; cualquier cosa que le dijera, él la hacía. A veces proponía locuras como untarlo de miel o visitar una curandera. Luchaba por su bienestar, incluso discutiendo con la obra social para obtener los medicamentos necesarios”, comparte.

El 20 de agosto de 2014, el médico indicó a Karina que había llegado el final. Los tratamientos eran ya inútiles. “Habían pasado casi tres años desde el diagnóstico, sin embargo, ese día nos dijo que nada más podía hacerse”, rememora.

Toda decisión de la pareja, incluyendo convertirse en padres, estuvo influenciada por la enfermedad. “Decidimos juntos intentar tener a Bauti. Quería conservar algo de Juan para siempre, sabiendo también que nuestro hijo me salvaría”, confiesa.

La vida anterior de Karina estaba llena de sombras y complicaciones. Juan era su refugio, su hogar. Sin él, se sentía sola. Al principio, no lograba quedar embarazada. Consultó al oncólogo, quien le explicó que la medicación no interfería en el proceso, aunque no podía garantizar que Juan llegara a conocer al bebé.

El 31 de diciembre de 2014 confirmó su embarazo. “Estábamos por seguir un tratamiento, pero cuando Juan dejó la medicación para iniciar la radioterapia, sucedió”, recuerda.

Quizás también te interese:  Fallecimiento de la madre del militar cuyo caso llevó al fin de la conscripción en Argentina

A pesar de la buena noticia, Juan se debilitaba con el tiempo. Estaba agotado de luchar. Karina a menudo se enfadaba cuando otros lo llamaban pobrecito. Ella le recordaba que no lo era, pues tenía amor y compañía. “No me traten de pobrecito, yo soy afortunado, mi amor”, solía responder él.

Los últimos días de junio de 2015 fueron los más duros. Karina, con casi siete meses de embarazo, pasó su tiempo en el hospital. Estaba lista para dejar al bebé con su familia si era necesario para estar con Juan. Sus corazones aún planeaban detalles sobre el cuarto de Bautista, a quien ya habían nombrado.

Quizás también te interese:  Estudiantes de Santa Fe ganan concurso con innovador proyecto de energía hidroeléctrica

Lamentablemente, Juan no llegó a conocer a su hijo. El 29 de junio de 2015, los dolores fueron insoportables, y el médico lo sedó por última vez. Falleció al día siguiente, después de una prolongada lucha.

Karina recuerda las palabras de una enfermera durante los últimos momentos de su padre: las lágrimas al lado de un paciente los retienen. “Puse su mano en mi vientre y le susurré que partiera tranquilo. Fue entonces cuando dejó este mundo”, explica entre lágrimas. Bautista Andrés nació el 19 de agosto, poco después de la partida de Juan.

“Un Héroe para su Hijo”

Quizás también te interese:  Subasta récord en Santa Fe: Venta de bienes incautados del narcotráfico, desde auto chocado hasta cinturón de oro

Karina continúa honrando la memoria de Juan, asegurándose de que Bautista sepa cuánto lo amaban. “Siempre le cuento cómo su papá lo amó y lo deseó. Le muestro videos donde él habla con la panza”, narra emocionada.

Aunque muchos le dicen que cumple ambos roles, ella no está de acuerdo. “Llevo las responsabilidades, pero el lugar de padre sigue siendo de Juan. Para nuestro hijo, su papá es un héroe”, asegura.

Karina encontró fuerza para continuar, enfocándose en su propio negocio, llamado Tratate Bien (@tratate.bien.9 en Instagram), como una declaración de amor propio. Su creatividad la catapultó con objetos como manteles con diseños de la Selección Argentina, muy populares durante el Mundial.

Tras perder a Juan, descubrió mensajes que él había enviado a su familia, pidiendo que la cuidaran. “El amor de Juan fue único, pensó y cuidó de mí como nadie”, confiesa.

Hoy, Karina imagina a Juan en paz, iluminado y sereno, y se asegura de mantener viva su memoria. “Siempre estará presente. No quiero que lo olviden”, concluye.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad