Marcos y Estefanía sonríen con cariño frente a la cámara, rodeados por el amor de una familia que los arropa. Desde que los seis hermanitos regresaron a casa en Buenos Aires, están rodeados de afecto. Anteriormente, los niños vivieron en un hogar de la provincia de Misiones, Argentina.
Desde que conocieron la historia de estos pequeños a principios de año y su deseo de no separarse, Marcos y Estefanía no dudaron en querer adoptar a los hermanos y ofrecerles la vida que siempre habían soñado juntos.
Han pasado más de dos meses desde que por fin llegaron a casa. Este Día del Niño será muy especial para toda la familia.
La convocatoria que lo cambió todo
“Nos enteramos de una convocatoria pública. Ya habíamos decidido adoptar. Revisamos el Registro Nacional y fuimos mirando las oportunidades según la provincia. Cuando vimos la convocatoria de los seis hermanos, decidimos enviar un correo”, relata Marcos en una conversación con Clarín.
El Juzgado de Familia N°3 de Misiones llevaba nueve meses tratando que estos seis niños, que llevaban dos años en el hogar, fueran adoptados juntos mediante convocatorias públicas.
Un incansable proceso de amor
Lo que parecía un sueño inalcanzable se hizo posible cuando Marcos Gallastegui y Estefanía Bello aparecieron. En marzo de este año, la pareja inició el proceso de adopción en Buenos Aires, pero enfrentaron obstáculos burocráticos. Al haber una segunda convocatoria, contactaron directamente con el juzgado.
La jueza Elizabeth Kiczka se aseguró de que los pequeños no fueran separados y reconoció enseguida que Marcos y Estefanía eran los candidatos ideales, sintiendo ya a los niños como sus propios hijos.
El primer contacto entre los pequeños y la pareja fue a través de videollamadas, seguido por un encuentro presencial en el hogar de Misiones. Desde el primer instante, todo fluyó naturalmente.
Nueva vida en familia
A mediados de junio, los seis hermanos encontraron el final feliz que merecían al estar todos juntos en su nuevo hogar con dos padres llenos de amor. La hermana mayor, de 12 años, fue un soporte crucial para que este sueño se concretara y sigue ayudando a sus padres con las necesidades de los más pequeños. El menor tiene solo dos años y medio.
Los doce hermanos, al enterarse de que serían adoptados juntos, no podían creer lo que escuchaban. Sus noches de plegarias tuvieron recompensa, como capturó un emotivo video que guarda la familia.
“Estos dos meses han sido una avalancha de emociones y experiencias. Sentimos que los conocemos de siempre”, dice Estefanía. La vida familiar cambió, estableciendo rutinas como el desayuno en conjunto y disfrutando de su nuevo hogar en un ambiente natural y amplio.
“Como son de distintas edades, nos toca atender diferentes situaciones. La mayor nos ha ayudado mucho con sus hermanos, guiándonos sobre cosas que desconocíamos. Siempre ha sido nuestra cómplice, lo cual hace todo más armónico”, añade Marcos, quien la describe como una “luchadora”.
La gran hija ha facilitado mucho con sus consejos. “Nos ha contado detalles que nos ayudan a entender sus comportamientos y necesidades, lo que mejora mucho nuestra convivencia”, destaca Marcos.
“Se han adaptado bien, son muy afectuosos. Claro que hay cosas que mejorar, pero en general, el vínculo es maravilloso”, comparte Stefi. Los vecinos han contribuido con ropa, zapatos y otros artículos. Temporalmente, usan una camioneta prestada pero planean comprar una propia.
Marcos explica que, de momento, tienen solo la guarda de los niños y que la sentencia oficial de adopción se efectuará a fin de año. Esto implica dificultades para incluirlos en un plan social, buscando así asesoría para resolverlo.
La historia de los seis hermanos que lograron encontrar una nueva familia tras luchar por permanecer unidos se convierte en un verdadero testimonio de amor y perseverancia.
Para la pareja, este primer Día del Niño es un hito con sus nuevos hijos y, para los niños, supone la primera celebración especial con una familia unida.
Marcos recuerda que para los pequeños la adopción parecía una realidad distante, y cada vez que un compinche del hogar era adoptado por otra familia, sentían un profundo dolor al ver que no les tocaba a ellos. Ahora toda esa tristeza se ha transformado en felicidad.
“Estamos todos juntos bajo un mismo techo. No podemos imaginarnos la vida sin ellos”, concluye emocionado Marcos.
AS
