Apoyo fervoroso en San Expedito durante un día especial por la final de fútbol entre Argentina y España

A pesar del viento frío y la constante llovizna, las llamas resisten. Las velas verdes y rojas se agrupan frente a la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera, bajo la protección de San Expedito, el santo patrono de las causas justas y apremiantes.

Las manos se multiplican para avivar el fuego, y entre lágrimas y sonrisas, lo que prevalece en esta esquina de Bartolomé Mitre y Azcuénaga es la unión. Como cada día 19 de mes, pero de manera especial el 19 de abril, acuden para pedir y dar gracias al mártir católico, quien fue un soldado romano del siglo IV que se convirtió al cristianismo y fue ejecutado por su fe.

Un 19 de abril único

Este 19, sin embargo, es diferente, y se nota en los colores celeste y blanco que visten los devotos que se suman a la fila que serpentea por Azcuénaga.

Los entrevistados por Clarín lo dejan claro: vienen, como siempre, a expresar su gratitud por la familia, el amor y la salud. Pero hoy, también por la Selección Argentina, que disputará la final de la Copa del Mundo contra España.

Belén Punte conoció a San Expedito el día que nació su hija. La pequeña vino al mundo con un problema cardíaco y necesitaba cirugía.

“Un hombre extraño me dijo que pidiera ayuda a San Expedito. Me ofreció sus palabras aquel día, y desde entonces es mi protector. Siempre está conmigo”, comparte Belén mientras sostiene las velas que ofrecerá al santo.

Una promesa por cumplir

Entre risas, ella dice ser el amuleto de su familia para esta tarde. Todos lo creen, incluso su hermano Matías, quien no es devoto del santo pero la acompaña. Han venido desde San Andrés de Giles, una localidad al norte de Buenos Aires, para cumplir la promesa de Belén, que viene cada 19.

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“Prometí que iría el día de la final, que coincide el 19, el día de San Expedito. Dije a mi familia que lo lograría, en colectivo o como fuera”, agrega Belén, quien también vino con sus hijos y pareja hasta la iglesia.

Confía en que Argentina ganará, pero siente la necesidad de cumplir su promesa. Relata que en los partidos más difíciles, encendió velas frente al altar de su casa pidiendo que llegaran los goles.

“Tenía que venir a agradecer y pedir por hoy todos juntos”, dice Belén, quien lleva la camiseta albiceleste.

La cola de fieles se extiende unos 200 metros. Ni el frío ni el viento detienen la devoción. Algunos entran a la parroquia de rodillas, en actitud de recogimiento y oración.

Julieta Mazzei, tras su encuentro con San Expedito, comenta que se hizo devota durante la pandemia, cuando quedó varada.

Sus amigas, presentes en aquella ocasión, la acompañan. Todas hallaron en el santo una forma de mantenerse unidas.

“Desde entonces vamos cada vez que podemos. Este año, la final cae el 19 y una amiga me dijo ‘es el día de San Expedito’, así que lo prometímos cuando jugamos con Inglaterra. Además, el 19 tiene un significado especial en la numerología argentina”, explica Julieta, quien lleva la bandera atada como capa.

Su fe en el santo también alcanza a su familia. “Siempre nos cumple y lo agradecemos difundiéndolo, como él pide en su oración. Es sorprendente ver la fe de la gente alrededor del sacerdote”, concluye.

Un grupo de amigas de Gregorio de Laferrere, con banderas pintadas en las mejillas, se ayudan a encender velas a pesar del viento. Están aquí por una promesa de Jésica.

“Prometí venir con ellas el 19 si vencíamos a Cabo Verde. Al terminar el partido les conté ‘lo prometí y hay que hacerlo'”, cuenta Jésica Rodríguez.

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Jésica agrega que durante el partido contra Cabo Verde, encendió una vela por la mitad, en la parte roja. En los otros partidos, solía encenderlas completas, pero esta vez, cuando la parte verde se agotaba, llegaban los goles.

“Estamos pensando en encenderla solo cuando esté roja”, bromea una amiga. Planean ver el partido juntas, con guiso de lentejas, sabiendo que si ganan, volverán el próximo 19.

“¡Glorioso San Expedito! Que intercedes por las causas justas y urgentes. Asiste en este momento de angustia. Intercede ante nuestro Señor Jesucristo. Tú, fiel y valiente Santo, escucha mi súplica”, reza el sacerdote.

Algunos fieles levantan llaves, mascotas enfermas o banderas argentinas. Todos con sus deseos, luchas, sueños y agradecimientos personales.

“¡Vamos Selección! ¡Vamos!”, grita una mujer junto a su compañera. Se abrazan y apoyan la cabeza en el cartel con la imagen de San Expedito, en su corazón guardan peticiones secretas.

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