Por más que por sus 85 primaveras, a Juan Carlos Guimaraes le cuesta controlar el temblor mientras muestra una imagen antigua en la que aparecen tres jóvenes sobre la parte delantera de una locomotora. “Ese soy yo”, señala al que está a la derecha: “Tenía 19 años y llevaba cinco días de foguista. Es increíble”.
Guimaraes asistió junto a su hijo y amigos para observar a la locomotora Vulcan Foundry Nº 3925, conocida como “La Grande 39”, que fue su puesto laboral por un tiempo. Este sábado por la mañana, la máquina hizo su entrada, a ritmo de silbato y envuelta en humo, a la antigua estación Sud de Mar del Plata para celebrar dos hitos: sus 100 años en funciones y los 140 años del primer tren en llegar a la ciudad.
Desde el andén, inmóvil, y con gran emoción, observó cómo el tren avanzaba, creando una escena propia de una película antigua, donde el entorno carece de edificios modernos que rompan la imagen.
Richard Campbell, responsable de la restauración de la locomotora, ve la foto y se sorprende: es un testimonio vivo e inusual de la misma máquina que acaba de hacer su entrada memorable a la estación, y es especial para él porque uno de los conductores es su hijo, Martín.
La imagen proporcionada por Guimaraes representa completamente el lema del Ferroclub Remedios de Escalada, la entidad que restauró la locomotora de forma voluntaria. “Queremos mostrar a nuestros nietos las obras de nuestros abuelos. No debemos perder nada de esa historia”, explica Richard, ex presidente del club.
Una escena de contrastes
El contraste era notorio en la plataforma. Por un lado, los trenes diésel chinos que diariamente unen Mar del Plata con Plaza Constitución; al otro, una enorme locomotora a vapor, con su farol brillante, adornada con banderas, rindiendo homenaje a la historia del tren.
A diferencia del funcionamiento actual de los trenes, mover “La Grande 39” supuso un desafío logístico detallado. Los restauradores indican que la locomotora es del tipo 11B y necesita miles de litros de agua para operar su caldera a la presión adecuada.
Debido a su enorme sed de vapor, el trayecto incluyó paradas técnicas en diversas estaciones de la provincia de Buenos Aires, como Brandsen, Lezama, Castelli, Dolores, Maipú y Vivoratá.
Un viaje lleno de pasión
“Sentimientos encontrados, pero también mucho cansancio”, relata el maquinista Campbell a Clarín. La preparación del viaje les implicó “casi dos días sin dormir” debido a las pruebas y ajustes necesarios. Satisfecho, comenta que para lograr semejante hazaña, desde la restauración hasta el viaje, la pasión se sustenta en dos pilares: “Inconsciencia continuada”.
La llegada de esta máquina recuerda el 26 de septiembre de 1886, cuando el primer tren impulsado por vapor, bajo la dirección del gobernador Dardo Rocha, al extender las vías desde Maipú, conectó a Mar del Plata por primera vez. Ese ramal inicial cambió el desarrollo de la ciudad, al incluir servicios para viajes largos, con camarotes y un vagón comedor con vajilla de primera para el almuerzo que se ofrecía a la altura de Chascomús.
“La Grande 39” volvió a recorrer las vías gracias al esfuerzo de restauración realizado por los voluntarios del Ferroclub Argentino en el taller de Remedios de Escalada. Fue restaurada tras quedar fuera de uso en los años 70, a través de la reconstrucción de su caldera, el tender y los sistemas de frenado.
El tren y su impacto en lo local
Detrás de la locomotora llegaba un convoy de nueve coches conservados por el Ferroclub Argentino y el Tren Museo Itinerante del Museo Nacional Ferroviario, que contenía piezas dignas de mención. Entre ellas, el Coche Oficial Werkspoor O.F. 1, que llamó la atención de la audiencia esperando en la estación marplatense.
Este vagón, producido en los Países Bajos durante los años 50′, está acondicionado como una suite ambulante con oficina, sala de reuniones y dormitorios, y tiene un trasfondo histórico: fue usado por el Papa Juan Pablo II en junio de 1982 para viajar desde Plaza Constitución al Santuario de Luján durante su visita a Argentina en el contexto de la Guerra de Malvinas.
Además, dentro de la formación, el público pudo explorar el Coche Cine Hitachi P.A.C. 606. Este vagón de origen japonés fue introducido por Ferrocarriles Argentinos a finales de los años 60′ y está equipado con una sala de cine real, con pantalla y 60 butacas reclinables, donde se proyectaban películas en formatos de 16 y 35 milímetros durante los largos viajes.
En aquel tiempo, los pasajeros también podían elegir visitar el coche Bar B.A. 400, con su barra de madera y taburetes fijos. Con la formación también llegaron coches Pullman y Semi Pullman con asientos individuales reclinables; el Vagón Postal Werkspoor, históricamente usado para la clasificación manual de correspondencia en tránsito; y el furgón Materfer de manufactura nacional.
La historia ferroviaria local también rememora esos servicios especiales que, en tiempos de actividad hípica, trasladaban caballos en vagones establo hacia el antiguo hipódromo de Mar del Plata, o el servicio de lujo del tren “El Marplatense”, distinguido por sus coches de acero inoxidable.
La presencia de esta antigua formación no solo celebró un logro técnico ni una fecha del calendario, sino que conmemoró el fundamento sobre el cual creció Mar del Plata. Fundada apenas doce años antes de que se colocara el primer riel, en 1874 por Patricio Peralta Ramos, la incipiente villa dependía de interminables carretas y caminos de tierra que la aislaban del resto del país.
Fue la llegada del ferrocarril la que redujo las distancias, modernizó la logística del puerto, facilitó el transporte de materiales y la afluencia de veraneantes, que luego se volvió masiva, transformando al pequeño pueblo costero en la gran capital del turismo argentino.
Mar del Plata. Corresponsal.
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