Insatisfacción en jóvenes y optimismo en adultos: análisis del bienestar en Argentina

La juventud en Argentina demuestra insatisfacción, mientras que los adultos mayores son optimistas. Así lo revela un estudio reciente que viene evaluando desde marzo las sensaciones de los argentinos. Aunque la percepción general del bienestar en el país permanece estable, existen notables diferencias si se analiza por grupos de edad, estatus socioeconómico y la región del país donde se reside.

Disparidades en la percepción del bienestar

Como era de esperarse, la situación económica personal es el aspecto menos apreciado en el ámbito del bienestar. Sin embargo, las relaciones familiares y amistades se destacan como importantes pilares de satisfacción en el presente.

Estos son algunos hallazgos del Índice de Bienestar UdeSA-OSDE, desarrollado por el Laboratorio Observatorio de Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. El indicador se ubicó en 3,34 puntos en una escala de 1 a 5 en septiembre, solo 0,02 puntos menos que en agosto. Desde marzo, se mueve en un margen de 3,29 a 3,38 puntos sin grandes variaciones.

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La investigación se llevó a cabo entre el 3 y el 9 de septiembre, con la participación de 1,000 personas mayores de 18 años que tuvieron acceso a internet. La muestra fue estratificada por región, género, edad y nivel socioeconómico.

El índice intenta evaluar la calidad de vida percibida a través de diez dimensiones: economía, empleo, relaciones sociales, convivencia familiar, salud física, salud mental, tiempo libre, vivienda, educación y propósito de vida. Cada dimensión es evaluada en una escala de 1 a 5, donde 1 es “muy insatisfecho” y 5 “muy satisfecho”.

Qué indica el índice

Diego Reynoso, director del Laboratorio Observatorio de Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, comenta sobre la dificultad de medir la felicidad, pues depende de cómo las personas perciben su grado de satisfacción. Hay múltiples dimensiones que afectan el bienestar personal. Asimismo, el impacto de hábitos como hacer ejercicio, dormir bien, alimentarse adecuadamente o acudir a terapia sobre el bienestar es considerable.

Factores generacionales y socioeconómicos

El mensaje general sugiere estabilidad, pero al ir más allá del promedio aparecen las brechas. La disparidad más relevante se observa según el nivel socioeconómico: el grupo ABC1 logra 3,74 puntos, en tanto el segmento de menores ingresos suma 3,20. Los valores intermedios están en 3,58 y 3,48, respectivamente.

También existen diferencias generacionales. Los boomers o personas de mayor edad registran 3,66 puntos, en tanto los millennials alcanzan el menor puntaje, con 3,15. La Generación X se ubica en 3,48 y la Generación Z en 3,34.

Reynoso aclara que estas diferencias no deben atribuirse a una sola característica. “Es algo multidimensional. Quizá no se deba únicamente al hecho de ser boomers”, menciona Reynoso durante la presentación de los resultados.

En cuanto a por qué los jóvenes son más pesimistas, Reynoso plantea que “los boomers están empezando a jubilarse, lo que cambiará la percepción. Pero me parece que los jóvenes son más exigentes con sus expectativas. Los adultos mayores tal vez valoran reunirse dos veces por semana, mientras que los jóvenes pueden juntarse todos los días y aun así sentirse insatisfechos”. Además, señala que “los jóvenes enfrentan más incertidumbre acerca del futuro. Para los boomers, para bien o para mal, esa etapa ya fue superada”.

El informe indica que en septiembre los boomers declinaron respecto a agosto, mientras la Generación Z logró su mejor puntaje del período en términos de bienestar.

Influencia de la economía y las relaciones

De las diez dimensiones evaluadas, la situación económica personal es la peor calificada, con 2,48 puntos sobre 5. La situación laboral o actividad principal alcanza 2,85 puntos.

En contraste, los vínculos personales tienen un valor alto. Las relaciones familiares obtienen 3,93 puntos, y las amistades 3,72.

También presentan puntajes elevados aspectos como la educación y el aprendizaje continuo, con 3,59 puntos; la vivienda, con 3,49; y la salud mental y el equilibrio emocional, con 3,37.

Reynoso comenta que “los vínculos familiares y de amistad son el principal motor del índice hacia valores altos”, destacando que, comparado con el bienestar en otros países, “es algo muy característico de los argentinos”.

La economía sigue siendo una gran prioridad al preguntarse cuáles son las áreas más relevantes para el bienestar personal, seguido de la salud física y la salud mental.

En la visión general de la vida actual, también se presenta una dualidad: el 40% se declara satisfecho con sus circunstancias, mientras que el 39% se siente insatisfecho. Reynoso describe esto como “un empate”.

Encuentros y soledad

El relevamiento indica una clara diferencia entre aquellos que se ven regularmente con amigos o familiares y quienes no lo hacen. “Las personas que se reúnen con amigos varias veces a la semana experimentan bienestar. Las que se sienten solas muestran los niveles más bajos de satisfacción. Las relaciones familiares y sociales son clave para niveles positivos de bienestar”, comenta Reynoso.

Quienes se encuentran varias veces semanalmente tienen un índice de bienestar de 3,66, en contraste con 2,95 de quienes no se reúnen nunca.

La diferencia se refleja también en las emociones: quienes se sintieron solos un día antes de responder el cuestionario tienen un bienestar de 2,98, frente a 3,53 de quienes se sintieron tratados con respeto. Del mismo modo, la tristeza impacta: 2,90 entre quienes la experimentaron frente a 3,61 entre quienes reportaron haber sentido alegría o disfrute.

Alimentación y hábitos

Entre los hábitos analizados, la alimentación proyecta la mayor diferencia. Quienes consideran su dieta muy saludable logran un bienestar de 3,80 puntos, mientras quienes la califican como nada saludable alcanzan 2,62. La diferencia, de 1,18 puntos, destaca la importancia de una buena alimentación.

“Una dieta saludable eleva el bienestar a 3,80. Comer mal está asociado a un bajo índice de satisfacción. Alimentarse bien puede ser un buen consejo para mejorar el bienestar”, añade Reynoso.

Movimiento y el descanso

El sueño reparador está vinculado al bienestar superior. Quienes duermen menos de seis horas tienen un índice de 2,97, mientras que aquellos que descansan ocho horas logran 3,40 y más de ocho horas alcanzan 3,43. Durante el fin de semana, quienes duermen menos de seis horas reportan un índice de 2,77 en comparación con 3,42 de quienes duermen más de ocho horas.

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De manera similar, la actividad física influye: ejercitar tres o cuatro días por semana lleva el índice a 3,65 puntos, mientras que la falta de actividad física se asocia con 2,95 puntos.

El contacto con la naturaleza también hace una diferencia significativa: quienes pasan tiempo al aire libre a diario tienen un índice de 3,69, en contraste con 2,92 de quienes casi no lo hacen.

“El contacto con la naturaleza y la interacción social son factores asociados a mayores niveles de bienestar”, concluye Reynoso.

Tecnología e impacto en el bienestar

El estudio también aborda el uso de la tecnología. El consumo de pantallas por menos de seis horas al día mantiene niveles saludables de bienestar, pero un uso excesivo reduce el índice a 3,07.

Otros hábitos analizados incluyen el tabaquismo, consumo de alcohol, terapia, meditación, visitas al médico y relaciones íntimas. Existen diferencias entre grupos. Por ejemplo, quienes nunca fumaron tienen un índice de bienestar de 3,37, mientras que los fumadores diarios llegan a 3,20.

En cuanto a la terapia, quienes asisten ocasionalmente tienen 3,17 puntos, mientras que quienes nunca fueron alcanzan 3,39. Estos datos muestran la relación entre hábitos y bienestar, sin establecer causalidades directas entre ellos, algo que se destaca constantemente en el informe.

Diferencias por género

En promedio, no existe una diferencia significativa entre hombres y mujeres: los hombres tienen un índice de 3,38 y las mujeres 3,36, una diferencia mínima de 0,02 puntos en términos de bienestar. Sin embargo, respecto a mediciones anteriores, se observan movimientos contrarios. En septiembre, el índice de los hombres cayó 0,12 puntos, mientras que el de las mujeres aumentó en igual proporción, alcanzando su máximo del periodo.

En el ámbito emocional, las diferencias son más claras: el 52% de las mujeres reportó estrés, en comparación con el 42% de los hombres. Otras emociones como el dolor físico, el enojo y la tristeza también presentan diferencias.

Reynoso ofrece una explicación: “Las mujeres reportan una mayor presencia de emociones negativas que los hombres”, comenta. “Queremos investigar qué causa las diferencias en el bienestar entre géneros”, añade.

Mirando hacia el futuro

La encuesta indagó también acerca de cómo las personas evalúan sus vidas en comparación con diez años atrás y sus expectativas para la próxima década. El 46% cree que su vida mejorará dentro de diez años, frente al 18% que piensa seguirá igual y el 12% que sugiere empeorará. Notablemente, un 21% no supo responder.

Al comparar con el pasado, el 33% considera que está mejor que hace diez años, el 35% que está peor y el 21% que se mantiene igual. El informe concluye que las expectativas están ligadas al bienestar: “Las personas que son optimistas hacia el futuro experimentan mayor bienestar que aquellas que se muestran pesimistas”, explica Reynoso.

Descifrando el bienestar oculto

El resultado de septiembre refleja esa estabilidad del bienestar en Argentina: un modesto 3,34 sobre 5, consistentemente mantenido en los meses previos.

A menor ingreso, los niveles de bienestar se reducen comparados con los estratos de mayores ingresos; los boomers tienen mejor bienestar que las generaciones emergentes. Las regiones también difieren: el Sur se sitúa en 3,65, el noreste argentino 3,61, el noroeste en 3,44, mientras la Ciudad de Buenos Aires alcanza 2,93 y el Gran Buenos Aires 3,32. En esas variaciones residen las diferencias.

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