La llegada del papa León XIV a la Argentina ha generado un debate entre las autoridades de Buenos Aires y los encargados del Desfile del Orgullo LGBTQ+. El conflicto surgió cuando el gobierno porteño solicitó un cambio de fecha para la celebración anual debido a la visita del pontífice, propuesta a la que los organizadores se han opuesto. Señalan que muchos asistentes ya han reservado transporte y alojamiento con anticipación. Además, creen que el Estado tiene la capacidad de gestionar ambos eventos.
Un Evento que Coincide con la Llegada Papal
El desfile se celebra el primer sábado de noviembre, según lo dispuesto por una ley que permite a organizaciones de derechos LGBTQ+ fijar la fecha. Este año, la marcha tendrá lugar el día antes de la llegada de León XIV, quien arribará un domingo a Buenos Aires. Aunque el Vaticano no ha publicado un itinerario oficial, se espera que el papa se desplace por el centro, cerca del área del desfile, y visite la Casa Rosada para encontrarse con el presidente.
Propuesta del Gobierno y Respuesta de la Comunidad
El Gobierno de Buenos Aires anunció mediante el Boletín Oficial que ninguna otra actividad será autorizada en espacios públicos durante la estancia del papa, salvo las ceremonias relacionadas con su visita, justificando esta decisión por la logística y seguridad necesarias entre el 8 y el 11 de noviembre. Propusieron trasladar el desfile al 21 de noviembre para asegurar los recursos necesarios para un evento seguro y festivo, como cada año, incluyendo escenarios, baños químicos y ambulancias.
Los organizadores del evento respondieron al Gobierno porteño con una carta pública dirigida a Jorge Macri, en la que expresan su comprensión por la importancia institucional de un jefe de Estado como el papa, así como la complejidad que implica su seguridad.
Impacto en la Organización del Desfile
No obstante, cuestionan por qué se presenta este hecho como motivo suficiente para cancelar un evento público de gran relevancia para la ciudad, especialmente considerando que el papa llegará al día siguiente. Reprogramar el desfile no es una opción viable, ya que requiere planificación a nivel nacional, reuniendo a millones de participantes y múltiples organizaciones.
Insisten en que el cambio no es simplemente ajustar una fecha, sino alterar un compromiso federal asumido por miles. Subrayan que muchos ya tienen sus viajes organizados, con pasajes y reservas de alojamiento hechas, mientras que las organizaciones de las provincias han planificado sus delegaciones para esa fecha. Artistas comprometidos en el evento también tienen sus agendas ocupadas, sin posibilidad de reubicar actuaciones.
Además, enfatizan que hasta la fecha, ningún representante del Gobierno Nacional se ha comunicado para solicitar un aplazamiento, y contactos en el Vaticano aseguran que tampoco hay solicitudes en ese sentido. Se muestran sorprendidos de que una ciudad acostumbrada a eventos de gran magnitud manifieste la imposibilidad de manejar múltiples eventos en días consecutivos.
Desde la organización, creen que la solución debería ser mejorar la coordinación entre las distintas jurisdicciones y reforzar la logística y seguridad, en lugar de crear inconvenientes a multitud de asistentes y entidades involucradas desde meses atrás. Destacan su inquietud ante la advertencia de que, de mantener la fecha original, la Ciudad de Buenos Aires podría no apoyar logísticamente el desfile.
Si se presentan condiciones excepcionales durante ese fin de semana, proponen que se refuercen los recursos y la coordinación necesarios para garantizar el desarrollo adecuado de ambos eventos.
