Retrasos, pérdidas y mente hiperactiva: señales de un trastorno en adultos que tarda años en diagnosticarse

Tener la costumbre de llegar tarde, comenzar estudios y abandonarlos, olvidar compromisos, perder cosas frecuentemente, y sentir que la mente no descansa, son conductas que han sido vistas durante años como simples distracciones, falta de voluntad o problemas de organización personal.

Sin embargo, estas características pueden estar vinculadas al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), una afección neurológica que surge en la niñez y puede continuar a lo largo de la adolescencia y la fase adulta.

El gran desafío es que este trastorno no siempre es identificado de manera oportuna. “Hay personas a quienes se les podría diagnosticar hasta en la tercera edad”, comenta la doctora Andrea Abadi, experta en psiquiatría infantil y directora del Departamento Infantojuvenil de INECO.

Caracterización y variabilidad del TDAH

El TDAH se expresa principalmente mediante problemas para mantener la concentración, niveles de actividad elevados y acciones impulsivas. A pesar de esto, cada individuo puede experimentar estos síntomas de manera distinta en cuanto a su intensidad y características.

Este abanico de manifestaciones explica por qué algunos pasan años con dificultades académicas, laborales, o personales sin obtener respuestas claras.

Más allá del aula

Históricamente, el TDAH se ha vinculado con niños que no podían estar quietos en clase. Sin embargo, hoy entendemos que esta es solo una de las muchas formas en que puede manifestarse.

En adultos, la hiperactividad no necesariamente implica moverse constantemente, sino que se traduce en inquietud interna, dificultades para centrarse en una tarea o la necesidad de realizar varias actividades al mismo tiempo, como expone Abadi.

Los antecedentes genéticos también son un factor relevante. Según Abadi, investigaciones indican que la genética podría influir en el 74% de los casos de TDAH, aunque esto no implica que sea la única causa, pues existen otros factores influyentes.

A escala global, se estima que cerca del 6% de niños y adolescentes presentan TDAH, mientras que en adultos la cifra ronda el 4%. El trastorno continúa en aproximadamente un 75% o 80% de los casos en la adultez.

Diferencias de género en el TDAH

Detectar el TDAH en mujeres y niñas puede ser más complicado, ya que suelen mostrar menos comportamientos disruptivos que los niños.

En lugar de un niño hiperactivo, puede ser que una niña se mantenga en silencio, pero ausente mentalmente o necesite un esfuerzo extremo para mantenerse organizada. Abadi menciona que a menudo se les describe como “soñadoras”.

Los estudios subrayan que las mujeres tienden a tener más síntomas de inatención, mientras que en los varones las señales de hiperactividad son más pronunciadas. Esta diferencia puede retrasar el diagnóstico.

Las mujeres a menudo desarrollan métodos para ocultar o adaptarse a sus síntomas. “Muchas veces vemos a mujeres que parecen muy dedicadas a la crianza, pero que están saturadas”, comenta Abadi en una jornada para periodistas organizada por Adium en Mendoza.

Incluso, algunas veces el proceso de consulta comienza con el hijo, y al profundizar en la historia familiar, emergen señales del trastorno en la madre.

La coexistencia de ansiedad y depresión con el TDAH puede hacer que este último pase desapercibido.

Impacto del diagnóstico tardío

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No toda persona despistada necesariamente tiene TDAH, ni llegar tarde o tener una semana desorganizada implica siempre este trastorno.

La diferencia radica en si estos síntomas son constantes y afectan significativamente distintos aspectos de la vida.

Abadi subraya que el TDAH no tratado puede tener serias consecuencias profesionales, emocionales, y familiares. “Es sumamente limitante”, afirma.

En adultos, el trastorno interfiere en tareas diarias, relaciones sociales, e incluso hábitos relacionados con el sueño, la alimentación y la actividad física.

El TDAH y la ley

Abadi menciona un estudio sueco que encontró altas tasas de accidentes de tráfico entre individuos con TDAH, las cuales disminuían considerablemente cuando se medicaban.

Otra preocupación es el elevado ratio de TDAH en las poblaciones encarceladas; sin embargo, esto no implica una relación directa con el crimen, ya que existen otros factores implicados.

La calma después del diagnóstico

Los pacientes adultos tratados suelen describir la experiencia como “silenciar el caos mental”, comparte Abadi.

En niños, los mejores resultados se observan de maneras diferentes: con menos problemas de conducta, mayor concentración en clase, y reducción de la impulsividad.

El tratamiento no busca eliminar el TDAH, sino mejorar la calidad de vida mediante medicación, intervenciones psicológicas, y apoyo educativo y familiar.

Camino al diagnóstico

No hay una prueba específica que confirme el TDAH. El diagnóstico se basa en una evaluación exhaustiva por profesionales de salud mental capacitados.

Es importante reconstruir la historia del paciente para buscar signos del trastorno antes de los 12 años y descartar otras condiciones que puedan explicar los síntomas.

Persisten ideas equivocadas de que ciertas conductas son siempre fases pasajeras. Esto puede retrasar el diagnóstico adecuado.

Finalmente, alcanzar un diagnóstico puede ser el comienzo para cambiar la experiencia de quienes vivieron tiempo considerable preguntándose por el esfuerzo excesivo para lo que otros consideraban simple.

AS

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