Este domingo, desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, el cohete Falcon Heavy de SpaceX llevó a cabo un lanzamiento importante. A bordo se encontraba el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, la última apuesta de la NASA para investigar de qué está compuesto el universo. Tras más de una década de preparación y una inversión superior a los 4.000 millones de dólares, la agencia espacial de Estados Unidos ha iniciado lo que muchos ya llaman el “gran cartógrafo del cosmos”.
A diferencia del Hubble, que ha estado en órbita cerca de la Tierra por más de 30 años, Roman tiene un destino mucho más lejano: el punto de Lagrange L2, ubicado a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta en dirección contraria al Sol. Se espera que Roman tarde aproximadamente cien días en llegar allí. Una vez en posición, compartirá ese mismo rincón del cosmos con el telescopio James Webb, que ha estado operativo desde 2022. Allí, Roman podrá utilizar sus instrumentos en las gélidas temperaturas del espacio profundo.
Una perspectiva amplia del universo
Roman se diferencia significativamente en la forma en que explora el firmamento. Mientras que el Hubble y el James Webb funcionan como súper teleobjetivos que se enfocan en pequeños segmentos del cielo, Roman es capaz de observar un panorama mucho más amplio con igual claridad.
Su capacidad para lograr esto se debe, en gran parte, a su cámara de amplio rango, la cual cuenta con 18 detectores infrarrojos que le permiten tener un campo visual cien veces mayor al del Hubble. Aunque su espejo principal tiene el mismo tamaño que el del Hubble, Roman puede explorar el cielo a una velocidad mil veces superior a la de sus predecesores. Tan rápido es que en tan solo un mes podría mapear la Vía Láctea completa, identificando la mitad de sus estrellas, algo que al Hubble le tomaría un siglo.
Gracias a esta habilidad para escanear grandes porciones del cielo, algunos expertos han comenzado a denominar a Roman como un verdadero “atlas cósmico”. La analogía no es accidental: al igual que un atlas no detalla cada camino de una ciudad, sino que ofrece una visión comprensiva de continentes y regiones, Roman va a armar un mapa global del universo, delineando la ubicación y atributos de miles de millones de galaxias y objetos estelares.
Los telescopios Hubble y Webb son ideales para investigaciones detalladas de regiones específicas del espacio, pero ninguno puede crear una cartografía completa como Roman. Además, actualizará su mapa constantemente.
Se espera que Roman genere una colosal cantidad de información, ya que se estima que enviará cerca de 11 terabytes de datos diarios a la Tierra, lo que es comparable a la descarga de 350 filmes en calidad 4K por día.
La importancia de colaborar con Hubble y Webb
El propósito de Roman no es reemplazar al Hubble o al James Webb, sino colaborar con ellos. La idea es simple pero efectiva: Roman escudriñará vastas partes del cielo, identificando objetos celestes de particular interés para poder ser estudiados más a fondo.
Después de que Roman haya identificado estos “tesoros”, el telescopio James Webb podrá usar su alta precisión para examinar esos objetos con detalle minucioso, algo que Roman no puede hacer con su visión panorámica. Es similar a encontrar la aguja en el pajar con Roman para luego examinarla con lupa con el Webb.
Simultáneamente, el Hubble sigue activo y brindando imágenes detalladas desde su órbita cercana a la Tierra. Los tres telescopios coexistirán en el cosmos por varios años, cada uno contribuyendo con una pieza única del ingenioso rompecabezas cósmico.
Enigma que Roman aspira a desvelar
El reto científico más ambicioso de Roman es descubrir qué está acelerando la expansión del universo. Según los astrónomos, luego de nacer con el Big Bang hace unos 13.800 millones de años, el universo, que al principio perdió velocidad debido a la gravedad, comenzó a expandirse aceleradamente hace cerca de 5.000 millones de años.
Los científicos creen que esta expansión se debe a la energía oscura, una fuerza enigmática que podría constituir el 70% del cosmos. Sumada a la materia oscura, que se detecta por sus efectos gravitacionales aunque no se puede ver y que representaría otro 27%, nos deja con un asombroso descubrimiento: los planetas, estrellas y todo lo conocido no serían más que el 5% del universo total.
Para explorar lo invisible, Roman medirá la ubicación y distancia de más de 2.000 millones de galaxias y observará miles de supernovas con una precisión sin precedentes.
Se espera que Roman encuentre hasta 40 veces más exoplanetas de los que conocemos hoy en día. Será capaz de capturar imágenes directas de planetas gigantes, detectar mundos rocosos y similares a la Tierra, e incluso encontrar planetas errantes que no orbitan estrellas. Toda esta investigación arrojará luz sobre si nuestro sistema solar es común en la galaxia o una excepcionalidad.
MG
