Algunos jóvenes finalizan la educación secundaria a los 17 años, mientras que otros lo hacen a los 18, justo cuando alcanzan la mayoría de edad. Apenas comienzan, quizás, a conducir o, en teoría, a consumir alcohol, ya enfrentan la elección de una carrera. Para aquellos con una vocación clara, este proceso es sencillo, mientras que para otros, resulta un desafío. ¿Cómo decidir el rumbo de toda una vida a tan corta edad? A esto, se añade la presión de si perderán un año. Y sí, estoy probando, y eso no es perder, sino ganar y asegurarme.
Formación flexible y personalizada
Más allá de las percepciones actuales, ¿existe una manera de desarrollar nuestra vocación mientras estudiamos? ¿Podría ser más que una decisión única y definitiva? Una opción sería adoptar programas educativos modulares, como en muchos países desarrollados. Las titulaciones suelen ser más breves, de tres o cuatro años, pero alcanzar un nivel senior frecuentemente requiere un máster adicional. ¿La ventaja? Se crean trayectorias académicas a medida del estudiante. Por ejemplo, alguien puede comenzar con biología y luego especializarse en veterinaria, o estudiar economía para finalmente enfocarse en derecho empresarial. Incluso en los estudios de pregrado, cada estudiante puede diseñar una parte de su plan de estudios, aunque hay asignaturas que son obligatorias, para conseguir un título especializado en un área particular.
El valor de los conocimientos híbridos
¿Es más simple concluir una carrera sin tantos cambios? Sin duda, pero esto es menos seductor, no solo para el estudiante sino también para el mercado laboral. Las empresas demandan cada vez más conocimientos mixtos y valoran el “cómo” por encima del “qué”. Por ejemplo, conozco a un futuro ingeniero con un excelente expediente académico que fue invitado, junto a otros estudiantes, por una consultora internacional para conocer la empresa y sus objetivos. Cuando uno de los presentes inquirió sobre por qué buscaban ingenieros, la respuesta fue clara: “Porque saben analizar un problema y encontrar soluciones”.
En un mundo cada vez más flexible, démosnos el tiempo necesario para decidir, pero también concibamos una estructura educativa que no sea un corsé, sino más bien un traje a medida.
