En tiempos recientes, parece que el gin tonic ha conquistado todas las barras: no hay lugar que no lo ofrezca. Sin embargo, hoy nos enfocaremos en otros cócteles, igualmente tradicionales o incluso más, que sobreviven al paso del tiempo. Estos tragos invitan a saborear una amplia gama de matices, texturas y aromas.
La esencia de un cóctel clásico
¿Qué convierte a un cóctel en un clásico? “Su esencia radica en lograr un equilibrio impecable y una ejecución técnica perfecta entre intensidad, acidez y dulzura”, explica Mora Gallosi, fundadora del bar Punto Mona. “Aunque parezcan simples, son complejos en su preparación: pocos componentes, gran precisión y una identidad marcada”, coincide Seba García, creador de bares como Presidente, Nob3l y Tradition & Rebellion. “Son fundamentales para aprender sobre estructura, balance y técnica. Constituyen la base de todo”, añade Sofia Abbruzzese, líder de barra de Harrison.
Los cócteles como piezas de historia
Según Germán Lacanna, líder de la Cámara Argentina de Bares de Coctelería (CABARCO), estos cócteles tradicionales son, además, pequeños fragmentos líquidos de historia. “Hablan de comercio, migraciones, costumbres sociales y disponibilidad de ingredientes”, indica.
El regreso a lo auténtico
Gallosi observa un notable retorno a lo clásico en la actualidad. “Quienes consumen ahora prefieren tragos menos saturados, sin colores llamativos ni decoraciones exageradas, eligen propuestas más auténticas y sólidas”, asegura. García tiene una visión similar: “Muchos recuperan su relevancia porque las barras juegan un papel activo al explicar y reivindicar recetas que pudieron haber sido mal entendidas durante mucho tiempo”.
Ejemplos de cócteles atemporales
Una creación tradicional que debe probarse es el Negroni: “Es la ejemplificación del cóctel ideal: intenso, amargo, elegante y con presencia en cada sorbo”, menciona García sobre esta mezcla que combina ginebra, vermut rosso y un bitter (Campari en su forma original).
Otro ícono es el Old Fashioned (Bourbon, almíbar y bitter Angostura). “Conocerlo es regresar a los fundamentos, respetar el destilado, comprender el uso de los bitters y tener paciencia para elaborar un clásico”, remarca Gallosi.
Ambos expertos coinciden en que el Martini es la “prueba definitoria” de la coctelería, ya que su correcta elaboración, según Mona, “demuestra un completo dominio de la barra”. “En su aparente simpleza, revela todo”, añade Sebastián sobre este famoso cóctel hecho de ginebra y vermut seco.
Abbruzzese incluye el Daiquiri en su forma original, “no el congelado, sino servido en copa fría con jugo de lima. Es uno de los más finos”.
Nicolás Hernando, principal bartender de Osaka Buenos Aires, menciona un quinto cóctel en línea con la gastronomía nikkei en aumento: el Pisco Sour. “Ofrece una alternativa al gin tonic desde una perspectiva diferente: fresco, equilibrado y con personalidad”, sostiene.
Optar por un cóctel tradicional no se relaciona con la edad, sino con “un cliente que conoce sus preferencias y no busca sorpresas. Alguien que redescubre lo esencial”, comenta Matías Benítez, responsable de barra en Malasangre.
En este sentido, los bartenders proponen otros clásicos que merecen ser redescubiertos. “El Americano ha caído en el olvido y es una opción excelente para quienes desean algo con poca graduación alcohólica y sabor completo”, dice Sofía. Mona apela por devolver protagonismo al “Hanky Panky, creado a principios del siglo XX por Ada Coleman, una de las pocas mujeres líderes de barra de su tiempo. Conglomera ginebra, vermut dulce y un toque ligero de fernet”. Lacanna defiende el Sidecar: “Es perfecto en cuanto a estructura: destilado, licor y cítrico en armonía”.
