Girar en la cama de un lado a otro, una y otra vez. Abrir la ventana en busca de alivio, levantarse a beber agua, rogarle al ventilador por un poco de frescura. Cuando el calor impide dormir, las noches se sienten interminables y el descanso nocturno se transforma en un martirio.
No es solamente una percepción: un reciente estudio de Climate Central ha demostrado que anualmente perdemos muchas horas de sueño debido a las altas temperaturas, atribuyendo una parte de este fenómeno al cambio climático en curso.
Pérdida de sueño en América Latina
Según esta investigación, las personas en América Latina pierden hasta 93 horas de sueño cada año a causa de las altas temperaturas, y hasta seis horas son directamente atribuibles al cambio climático. Este estudio analizó datos de más de un millar de ciudades de diversas partes del mundo a lo largo de cinco años.
A pesar de que en Argentina el impacto no es el más grave, el cambio climático afecta también a las horas de descanso en el país, lo cual repercute en uno de los aspectos esenciales para la calidad de vida.
Entre los lugares más afectados se encuentran Barranquilla (Colombia) y Acapulco (México), donde personas promedio perdieron alrededor de 93 horas de sueño anual debido a altas temperaturas nocturnas, seis de estas atribuidas al calentamiento global.
Además, se mencionan a Cartagena y Cancún en México, con 91 horas perdidas al año (de cinco a seis horas debidas al cambio climático cada una), seguidas por Belém en Brasil con 84 horas (seis relacionadas con el cambio climático), Caracas con 67 horas (siete debido al cambio climático), y Cali en Colombia con 61 horas (siete por el cambio climático).
Impacto en Buenos Aires
El estudio advierte que incluso en ciudades con climas más moderados se observan efectos significativos. Buenos Aires se incluye en esta lista, donde los habitantes pierden en promedio 44 horas de sueño al año.
¿Cuánto de este tiempo perdido en la ciudad se debe al cambio climático? De acuerdo con el estudio, son aproximadamente cuatro horas anuales.
Entre las ciudades argentinas evaluadas, Buenos Aires tuvo el registro más alto de horas de sueño perdidas. En contraste, Rosario pierde 38 horas anuales, Córdoba 34, San Miguel de Tucumán 39 y Salta tiene una pérdida menor de 27 horas.
“Dormir es vital tanto para nuestra salud física como mental, pero es uno de los primeros aspectos que se ven afectados durante los periodos de calor extremo, especialmente si las temperaturas permanecen elevadas durante la noche”, comentó Rita Issa, investigadora del Tyndall Center.
Los resultados enlazan la relación entre las temperaturas y el sueño con herramientas de atribución climática que permiten estimar cómo serían las temperaturas sin el calentamiento global.
Encuesta mundial
Este estudio, que involucra 1.338 ciudades a nivel mundial, concluye que entre 2020 y 2025, una persona promedio perdió cerca de 56 horas anuales de sueño debido a las temperaturas nocturnas elevadas.
De estas horas, más de seis -que constituyen algo más del 10%- fueron causadas directamente por el cambio climático, resultado de las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.
El estudio también señala que los efectos del cambio climático en la pérdida de sueño se duplicaron desde los años 1970 en la mayoría de las ciudades analizadas.
En respuesta a estos hallazgos, Courtney Howard, presidenta de la Alianza de Clima y Salud, afirmó que las alteraciones del sueño deben ser percibidas como un creciente asunto de salud pública y productividad humana.
“En nuestra práctica clínica, observamos cómo la falta de sueño puede empeorar la salud mental, acrecentar el estrés y la fatiga, interferir con la concentración y agravar otras condiciones de salud”, agregó Issa.
Variabilidad en el impacto
El impacto no se distribuye uniformemente entre la población: los adultos mayores, mujeres, niños pequeños, mujeres embarazadas y las personas con ingresos más bajos son los más vulnerables.
Esta problemática se intensifica en las ciudades que experimentan el “efecto de isla de calor urbano”, donde las temperaturas nocturnas son más altas que en las zonas rurales.
El informe también señala que el acceso al aire acondicionado es desigual entre países y grupos sociales, lo que lleva a que personas con menos recursos puedan estar perdiendo incluso más horas de sueño de las estimadas.
“Estos resultados subrayan la urgencia de implementar medidas de adaptación que contemplen las desigualdades y reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero para proteger la salud y el bienestar,” concluyó Howard.
Con información de EFE
