Trágico desenlace durante la mudanza
La vivienda aún mostraba señales de mudanza a medio terminar; paredes aún sin pintar y muebles y cajas repartidos entre las dos ubicaciones. En los últimos días, Emiliano Ramón Moreira y Tamara Gildi Albarenque transitaban constantemente entre Parada Robles y Torres para completar el traslado. La noche del viernes, en medio de un fuerte temporal que golpeaba la provincia de Buenos Aires, emprendieron uno de esos habituales viajes en su Chevrolet Chevette sin imaginar que sería el último trayecto.
Ocho personas viajaban en el vehículo: Emiliano (34), Tamara (35), sus hijos Ludmila Fredes (22), Santiago Fredes (19), Milagros Moreira (16), Martina Moreira (11) y Josefina Moreira (10). El único que sobrevivió fue Ignacio Sobot, de 21 años, quien se encuentra en cuidados intensivos con un pronóstico reservado.
El accidente en ruta desata el dolor
El grupo retornaba desde Torres hacia Parada Robles, un trayecto de aproximadamente 7 kilómetros, cuando su automóvil fue embestido por un camión en la ruta provincial 192, en Luján, provincia de Buenos Aires.
“Emiliano era camionero, pero se encontraba de licencia. Tamara era emprendedora, vendía diversos productos por redes sociales”, relató una amiga de la pareja al medio Clarín. Explicó que decidieron mudarse a Torres y que los últimos días consistieron en transportar sus pertenencias de un hogar al otro. “La casa estaba a medio hacer la mudanza, comenzaron a pintar”, añadió.
Aquel viernes regresaban a su nuevo hogar y, al volver a Parada Robles, donde residía la mayoría de la familia, la fuerte lluvia complicaba la visibilidad en la carretera.
“Hacían viajes de ida y vuelta por la mudanza y, debido a la tormenta, tuvieron que apretarse en el auto”, señaló Maiben Feichtenslager, una vecina de Robles que el sábado ayudaba a los familiares a recuperar pertenencias esparcidas en el sitio del incidente.
“Comentamos al hermano de Tamara que podía irse tranquilo, que nosotros asistiríamos en recuperar lo que faltara. Preocupaban los teléfonos móviles de las chicas, pero ya se encontraron”, explicó mientras su esposo registraba el borde de la carretera en busca de objetos extraviados tras el choque.
Una celebración que no pudo ser
La tragedia arruinó también una festividad familiar. Almudena, prima de los jóvenes, reveló que estaban invitados a una fiesta de quinceañera ese fin de semana.
“Tenía buena amistad con Mili y Ludmi”, comparte. Con Milagros compartía no solo la edad sino círculos de amigos y sitios de encuentro. Ludmila, de 22 años, mantenía una relación con Ignacio Sobot, el único superviviente del siniestro.
En Parada Robles, Ignacio es una figura conocida. Trabaja en la panadería del mercado La Amistad y suele recorrer la zona en motocicleta. “Conocemos a Ignacio, pasa aquí frecuentemente a cargar combustible en su moto. Todos lo sabemos”, comenta Lucas, un trabajador de una estación de servicio Shell cerca de la casa del joven.
A Ludmila le encantaban las motocicletas. En sus redes sociales publicaba imágenes junto a su vehículo con una frase que sus allegados ahora recuerdan con tristeza: “Vive cada día como si fuera el último”. También era fanática de Boca y solía compartir frases motivacionales.
Desde el conocimiento del accidente, amigos y conocidos establecieron una cadena de oración por Ignacio. “Vamos, gordito, tú saldrás de esta”, escribió Nicolás, uno de sus amigos, junto a la imagen compartida en redes sociales por el grupo de Sobot.
Comunidad conmocionada
La noticia fluyó rápidamente a las poblaciones cercanas al lugar del accidente. “En esta zona todos supimos pronto. Estaba circulando por la ruta y mi madre me aconsejó evitar pasar por ahí porque acababa de ocurrir un accidente terrible”, relató Julieta Miranda, una residente de Exaltación de la Cruz que trabaja frente al Hospital Municipal San José de Exaltación de La Cruz, adonde llevaron a Ignacio.
Junto al sitio del accidente, un grupo de mujeres ciclistas se detuvo a comprar en la panadería donde Ignacio trabaja. “Pasamos justo por el lugar del accidente y vimos a los familiares buscando cosas. Muy impactante”, dijeron al diario.
El sábado completo, familiares, vecinos y amigos estuvieron presentes ayudando y acompañando a los seres queridos de las víctimas. La mudanza permanece incompleta. La casa nueva espera con paredes pintadas a medias y cajas sin abrir. En Parada Robles, un dolor colectivo se cierne sobre un pueblo que aún trata de asimilar cómo un viaje rutinario se transformó en una de las tragedias más devastadoras de la región.
AS
