A alturas de más de 400 metros: la experiencia de un argentino trabajando suspendido en edificios y alcanzando la cima de la antena del famoso rascacielos

Las personas se detienen y lo observan asombradas. En Balvanera, un padre fotografía mientras su hijo pequeño, de apenas 7 años, lo señala como si viera al Hombre Araña. Un oficio arriesgado pero esencial es el que desempeña Brian Barco (32) todas las semanas. Con el arnés bien colocado y un balde con materiales colgado a su lado izquierdo, desafía las alturas trepándose a edificios y torres. “Vértigo cero” no solo es el nombre de su empresa, sino una condición necesaria para su profesión.

Inició su aventura laboral siendo un adolescente de 15 años, sin imaginar que con el tiempo estaría en la punta del Empire State de Nueva York. Sus ojos verdes, que combinan con su equipo de trabajo, reflejan el entusiasmo al hablar de su profesión. Reconoce ser alguien que ama el peligro en dosis pequeñas, pero siempre prioriza la seguridad en sus proyectos en alturas.

Un comienzo impululante

Nacido en Mar del Plata, hace 17 años Barco dejó la escuela secundaria buscando alejarse de la rutina de una oficina convencional. Al ver a un grupo de trabajadores colgantes en acción por casualidad en la calle, pidió un trabajo y comenzó como asistente en tierra. Sin embargo, su curiosidad lo llevó rápidamente a las alturas, animándose un día a experimentar colgarse él mismo en lo más alto.

“Cuando me descubrieron colgado, estaban aterrorizados. Querían matarme cuando bajé, pero al mismo tiempo celebraron mi audacia”, recuerda.

Poco después, ya formaba parte del equipo en las alturas todos los días. Buscando nuevas oportunidades, Barco se trasladó a la Ciudad de Buenos Aires, donde participó en proyectos como la restauración de la Torre Alvear. La altura nunca fue un problema para él, un atributo muy valorado en su sector.

Su aventura siguiente lo llevó a Estados Unidos, donde con “algo de inglés” y algunos ahorros, decidió “probar suerte”. Durante su estadía de seis años y medio en Nueva Jersey y más tarde en Queens, Nueva York, superó la barrera del idioma y comenzó a trabajar para obtener certificaciones internacionales, algo fundamental para su carrera actual en Argentina.

Oportunidades en Nueva York

“Ingresé a Estados Unidos con visa buscando oportunidades. Es un gran país”, afirma. En Nueva York, Barco formó parte de equipos que se encargaban del mantenimiento e inspección de estructuras complejas. Uno de sus proyectos más destacados fue el trabajo en la antena del Empire State Building bajo estrictas condiciones invernales y durante las noches, debido a las emisiones de radiación de la propia antena situada a más de 440 metros de altura.

Participó en proyectos de algunas de las torres más emblemáticas de la ciudad. “Subíamos a las 10 de la noche y para las 5 de la mañana teníamos que bajar, ya que era crucial que la antena estuviera apagada para minimizar los riesgos”, describe. Brian recuerda el intenso frío mientras rememora esos días, frotándose las manos.

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Además del Empire State, Barco trabajó en la World Diamond Tower en el Distrito de los Diamantes de Manhattan. “La fachada está decorada con gárgolas que supuestamente protegen el edificio de los malos espíritus”, comenta Barco mientras describe los trabajos de restauración que dieron una extraña sensación energética al lugar.

Retorno a Argentina y nuevos proyectos

Barco, con su certificación internacional SPRAT Nivel 3, se especializa en inspección y restauración de fachadas; hidrolavado, limpieza y pintura de edificaciones; instalación de aires acondicionados y tuberías de gas, así como la colocación de redes para palomas, entre otros servicios. El nombre “Vértigo cero” surgió como respuesta a la constante pregunta sobre el miedo a las alturas: “No tengo vértigo, cero vértigo”.

Regresó a Buenos Aires en octubre del año pasado y sus anécdotas internacionales siempre traen una sonrisa a su rostro. Aunque recibe ofertas para regresar o trabajar en otros países, en Argentina encuentra un invaluable sentido al compartir la cultura y el tiempo con su familia: “Es indescriptible, no siento que no pertenezca aquí”. Un proyecto que le generó gran satisfacción fue el montaje de cartelería en los estadios de River y Boca.

–¿Qué piensas mientras estás suspendido?

–La seguridad es lo primordial, asegurarme de que todo salga bien. Uno desconoce completamente el edificio y su estructura, ignora qué pasará al bajar, así que cualquier incidente potencial debe minimizarse siguiendo protocolos antes, durante y después de los trabajos.

–¿Qué precauciones adoptas?

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–Las esquinas de los edificios pueden dañar la cuerda. Los estándares varían según país o ciudad. En Buenos Aires, el frío y el viento son factores críticos, pues hay materiales que no se pueden usar bajo ciertas condiciones climáticas.

Previamente hay que revisar todo con cuidado, pero si conoces tus capacidades y herramientas, el riesgo es mínimo.

–¿Qué sucede si llueve?

–La lluvia cancela todo al 100%, y el viento es un factor determinante dependiendo de la altura. Los trabajos se posponen para otro día o semana. En Estados Unidos, la nieve es más problemática ya que congela todo, y las temperaturas bajo cero también pueden cancelar trabajos. Por eso, durante el invierno las oportunidades laborales disminuyen y la gente busca trabajos alternativos.

–¿Hay algo que siempre haces antes de iniciar un trabajo o algo que no repetirías?

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–Siempre aseguro las puertas de la terraza. A veces la gente puede dañar las cuerdas por malicia o simple curiosidad. Tomo precauciones para evitar accidentes o que alguien suba. Aunque tuve éxito, no volvería a correr tantos riesgos como en Nueva York. Ahora preferiría ir con un contrato o algo más seguro. Al principio no hablaba bien inglés, lo que me complicó durante un par de años al querer establecer contactos.

Para Barco, mantener la concentración es crucial al ponerse el arnés y afrontar la altitud. Con cierta tristeza, recuerda que en Nueva York, un colega perdió a su padre, y ese día le aconsejó no trabajar porque su mente estaba dispersa. Situaciones personales pueden representar un riesgo para el individuo y su equipo.

Actualmente residente en San Telmo, Barco elogia la destreza técnica de los trabajadores colgantes argentinos, a pesar del alto costo de las capacitaciones, que superan los mil dólares, y de las dificultades económicas del país.

“Considero que en Argentina también somos potentes en el uso de cuerdas, podemos seguir avanzando y no tenemos nada que envidiarles a otros países en cuanto a estructura laboral”, afirma con convicción.

Por Milena Busto, Stefanía Fossa Olandini, Matías González (Alumnos de la Maestría Clarín – Universidad de San Andrés)

MG

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