Aumentan los diagnósticos de un síndrome común en personas talentosas y surge el debate sobre su relación con el autismo

El comienzo del siglo XXI ha traído consigo un incremento notable de problemáticas de salud mental. Este aspecto de la vida humana, que se encuentra en tensión con el auge de la digitalización, se enfrenta a un equilibrio precario. No obstante, la correlación entre las tecnologías emergentes y la salud psicológica no puede ser el único factor detrás de estos problemas. Aunque el ascenso de la depresión, la ansiedad y las tasas de suicidio adolescente a menudo se asocian con el mundo de las redes sociales, el mismo enfoque no aplica al autismo, que se ha convertido en una preocupación destacada en la actualidad.

Al parecer, de manera repentina, prácticamente todos conocen a alguien con TEA, Trastorno del Espectro Autista, una condición que abarca una amplia gama de manifestaciones del autismo, con distintos niveles de intensidad. Surge entonces la pregunta: ¿realmente están aumentando los casos?

En Argentina, más de 100.000 individuos cuentan con el Certificado Único de Discapacidad debido al autismo, que abarca un rango variado de manifestaciones. Desde 2013, un trastorno que anteriormente se trataba por separado, ahora se incluye dentro de este espectro globalmente. Sin embargo, en Argentina se sigue utilizando el término Asperger, a pesar de estar en desuso en otras partes del mundo.

Distinciones clave entre Asperger y autismo

Con motivo del Día Nacional del Asperger, dos expertos examinan cómo se relacionan y difieren el Asperger y el autismo. También investigan si, como algunos afirman, el deterioro del estilo de vida está vinculado con el incremento de diagnósticos y si el estadístico de la OMS, que indica un caso de autismo cada 100 a 120 personas, se puede prevenir de alguna manera.

El término “Asperger” se ha vuelto complejo y controvertido desde 2016. La historiadora Edith Sheffer, en su libro sobre los vínculos de Hans Asperger con el régimen nazi, mostró cómo este psiquiatra estuvo involucrado en políticas de eutanasia infantil, mientras que la psiquiatra británica Lorna Wing redefinió este trastorno en los años ’80 como Síndrome de Asperger.

Incluso antes del descubrimiento histórico de Sheffer, en 2013, la Asociación Americana de Psiquiatría había comenzado un proceso para integrar el Asperger dentro de los Trastornos del Espectro Autista en su quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5). ¿Están realmente relacionados o es una categorización incorrecta?

¿Es posible la prevención del autismo?

Angel Elgier, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, explicó que, aunque el Asperger históricamente se ha asociado a personas sin discapacidad intelectual y con desarrollo lingüístico normal, comparte con el autismo dificultades sociales y comportamientos restringidos. Sin embargo, el espectro autista incluye a personas que requieren apoyo variable.

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Consultado respecto a la prevención del autismo y de sus múltiples manifestaciones, Elgier enfatizó la inexistencia de un vínculo entre vacunas y autismo, un mito originado por un estudio fraudulento de 1998. Asimismo, recordó que el autismo no es resultado de un estilo de crianza específico, sino que tiene profundas raíces biológicas, con posibles influencias genéticas y prenatales.

Finalmente, aunque actualmente se diagnostican más casos de autismo, esto no significa un aumento de prevalencia biológica, sino un mayor reconocimiento de señales tempranas por parte de profesionales y familias.

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El enfoque debe girar en torno a derechos, neurodiversidad e inclusión, asegurando apoyos adecuados, basados en evidencia, para promover la integración.

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