Por qué ser madre ha perdido protagonismo en los planes de vida de las mujeres actuales

La relevancia de ser madre en los proyectos vitales de las mujeres ha disminuido en comparación con hace diez años. Esto no implica necesariamente que las mujeres hayan perdido el deseo de ser madres, sino que han cambiado sus expectativas, prioridades y las condiciones en las que deciden formar una familia.

Cambios en las prioridades familiares

Según un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, en 2015, el 77% de las personas consideraba fundamental tener y criar hijos para la calidad de vida familiar. Para 2025, este porcentaje descendió al 46%, evidenciando una disminución del 31% en una década. En el grupo de edades de 18 a 34 años, apenas el 34% considera la maternidad como importante.

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“Aunque el deseo de ser madre no desaparece, se posterga o puede no realizarse”, comenta Dolores Dimier de Vicente, decana del mencionado instituto e investigadora del Observatorio, en diálogo con Clarín. La discrepancia entre el deseo y la posibilidad de ser madre es crucial para entender las transformaciones actuales.

El rol de la familia en el bienestar

A pesar de que tener hijos no es tan central, la familia sigue siendo la mayor fuente de felicidad. El 43,2% la sitúa en primer lugar, superando a la carrera profesional (12,7%), el deporte (12,1%), los amigos (12%) y los viajes (9,9%).

Las razones para no querer hijos entre quienes no los tienen se relacionan con la falta de una pareja estable (38,2%), la preferencia por viajar o vivir nuevas experiencias (32,6%), y la prioridad hacia el desarrollo profesional (30,3%). La inestabilidad económica y el contexto global, ya sea por motivos ambientales, sociales o políticos, también juegan un papel, con un 22,5% de las respuestas.

Obstáculos laborales y la carga del cuidado

Las mujeres han expandido sus oportunidades de educación y empleo, pero la maternidad todavía las impacta de manera desigual, especialmente en el reparto de tareas domésticas y de cuidado. Más del 73,9% de los hogares monoparentales está encabezado por una mujer. Además, muchas mujeres sienten más presión por las demandas familiares, mostrando un alto grado de acuerdo con la afirmación “Mi familia me demanda mucha dedicación” (30,4%), frente al 22,2% de los varones.

Entre los principales cuidadores, el 60,6% del rol principal recae en las mujeres, comparado con el 44,4% de los hombres. Las tareas invisibles como planificar las comidas, coordinar horarios escolares y prever necesidades conforman lo que se conoce como “carga mental”.

Impacto en el desarrollo personal y profesional

Las disparidades en el cuidado afectan el descanso, el crecimiento profesional y la independencia. El 54% de las mujeres cuidadoras principales afirma que cuidar limita su descanso, un problema que afecta solo al 30% de los hombres. Además, el 44% alega que estas tareas obstaculizan sostener proyectos personales, proporción que disminuye al 10% entre los hombres.

La necesidad de interrumpir o reducir la jornada laboral afecta el ingreso presente y las oportunidades futuras. Esta desigualdad también se ve reflejada en la jubilación, pues siete de cada diez personas que cobran la mínima son mujeres.

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Políticas y cambios necesarios para un equilibrio

Factores laborales aparecen entre las principales preocupaciones de quienes evalúan formar una familia. Cerca del 62,9% ve esencial la flexibilidad horaria; el 48,3%, la posibilidad de trabajar desde casa. Licencias por paternidad más largas también son valoradas, así como la disponibilidad de guarderías en los lugares de trabajo.

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El reconocimiento social del cuidado y un mejor apoyo institucional son necesarios para que la responsabilidad no recaiga solo en las mujeres. Según la especialista, “El problema no es cuidar, sino cuidar en soledad”.

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