En la corte correccional N° 2 de Dolores, Eduardo Owen Cavanagh, de 48 años, habló brevemente. Con la voz quebrada por el llanto, su discurso no logró conmover a los familiares de las cinco personas fallecidas el domingo 20 de febrero de 2022 en la ruta provincial 29, en General Belgrano. La tragedia ocurrió cuando la camioneta 4×4 del agricultor invadió el carril contrario y chocó de frente con un Renault Clio.
El impacto emocional del accidente
“Fue un evento catastrófico, una auténtica desgracia. Estamos realmente destrozados. Rezo diariamente, pido a Dios y tengo presentes a todas las familias, por cada individuo, y también por la mía”, expresó Cavanagh. Añadió: “Esto será una carga de por vida. Nos devastó a todos. No quiero seguir viviendo”.
La sentencia se dictará este viernes 25 de septiembre, al mediodía. Este juicio presenta una peculiaridad: dos fiscales que anteriormente colaboraron en el caso del homicidio de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, en el que fueron condenados ocho jugadores de rugby, vuelven a encontrarse en el juzgado.
Acciones legales y opiniones encontradas
La exigencia de justicia por parte de los familiares de las cinco víctimas del choque en la ruta provincial 29, en General Belgrano.
Juan Manuel Dávila, adoptando un papel acusador, demandó una condena de cinco años de prisión efectiva. Esta solicitud es un año menos que la del abogado querellante Juan Tiberio, del bufete de Fernando Burlando, quien además pidió 10 años de inhabilitación para conducir.
A Cavanagh se le acusó de “homicidio culposo agravado por manejo irresponsable de un vehículo automotor y por el número de víctimas”. El Código Penal contempla para este delito una pena de 3 a 6 años de cárcel y una prohibición para conducir durante 5 a 10 años.
Gustavo García, anteriormente fiscal en el juicio de Báez Sosa, ahora ejerce como abogado defensor de Cavanagh, junto a Facundo Nimer Echave y Federico Larruy.
La defensa solicitó la exoneración de cargos de su cliente o la aplicación del principio de duda en beneficio del acusado, argumentando que la ruta 29 estaba en mal estado y las lluvias intensas hicieron que la Toyota SW4 de Cavanagh sufriera aquaplaning, lo que le hizo perder el control y colisionar con el Clio.
El juicio abarcó dos sesiones (miércoles 16 y jueves 17 de septiembre). A pesar del temor del acusado a ser confrontado, los familiares de las víctimas nunca le dirigieron la palabra.
Una de las discrepancias fue la velocidad a la que transitaba la 4×4, en la que también viajaban los dos hijos menores del acusado, puesto que los expertos de ambas partes no lograron establecer una cifra precisa.
Los familiares de los fallecidos, que se dirigían en caravana a un cumpleaños en Ayacucho, estimaron una velocidad de entre 140 y 180 kilómetros por hora para la camioneta involucrada.
El impacto desplazó el Renault Clio entre 20 y 30 metros. Las cinco personas que ocupaban el vehículo, incluidos dos menores de 4 y 2 años, fallecieron al instante a causa de traumas severos en la cabeza.
La camioneta 4×4, que pasó literalmente sobre el auto, se detuvo finalmente a cerca de cien metros del lugar del choque. Un aspecto notable es que nunca se acercó a verificar el estado de las víctimas.
En el maldito kilómetro 103 de la ruta 29, perdieron la vida Guillermo Sebastián Martínez (36 años); su compañera, Ruth de los Ángeles Figueroa (29); su hijo, Felipe Giuliano Martínez (2), la hija de Figueroa, Agustina Lucila Meza (4) y Cristian Adrián Onieva (46).
“Yo solo miré a la pared, no me interesa lo que diga él, porque no creo en su supuesto dolor. Esa fue la reacción del resto de las familias: enojo y dolor. Yo tengo un profundo resentimiento y no me importa nada de lo que él sienta o padezca”, declaró un allegado a las víctimas presente en la audiencia donde el acusado lloró y pidió disculpas.
En el momento del accidente, Cavanagh regresaba de Ayacucho. Su defensa se basó en un informe que mencionaba el aquaplaning debido a la acumulación de agua en la calzada y las deformidades de la ruta.
Se indicó que el carril por donde viajaba Cavanagh tenía huellas de hasta 11 o 12 centímetros de profundidad causadas por el tránsito constante de vehículos pesados, mientras que el carril opuesto mostraba apenas una deformación de tres centímetros.
García afirmó: “Las pruebas no demuestran una conducta negligente o descuidada, ni una falta al deber de cuidado. Lo sucedido fue un caso fortuito o de fuerza mayor que provocó la pérdida de control del vehículo de Cavanagh”.
“Cavanagh se encontró ante una situación inesperada, lamentable, formidablemente desafortunada”, resumió.
En contraposición, Tiberio insistió: “Nuestra posición es que no fue el clima quien los mató, sino la imprudencia del conductor”.
Resaltó que “la velocidad de la camioneta y el historial de infracciones de Cavanagh, que incluyen 14 multas por exceso de velocidad y otros motivos, demuestran su conducta temeraria”.
EMJ
