Repercusiones inmediatas
Una niña de ocho años despierta a su hermano mayor de 21 años con un mensaje estremecedor: “Papá le hizo daño a mamá”. Lo que acaba de suceder en la casa familiar de Villa Devoto es un femicidio. La violencia que ya existía en el hogar no se termina con el asesinato; enfrentarán la pérdida, el miedo y la realidad de que el autor del crimen es su propio padre.
Estadísticas alarmantes
Desde el movimiento “Ni Una Menos” en 2015, al menos han quedado 3.840 hijos sin madre debido a la violencia de género, informa el Observatorio de Femicidios de La Casa del Encuentro. Este año, en sus primeros meses, esa cifra ya ascendía a 155, y un 72% de estas víctimas son menores de edad.
Testimonios expertos
Los niños son víctimas directas de la violencia de género, señala Sonia Almada, psicóloga y autora de “Huérfanos atravesados por el femicidio”. Estos menores comparten el mismo ambiente violento y son testigos de agresiones hacia sus madres, quienes sufren en silencio. Los chicos frecuentemente están presentes durante estas situaciones porque los autores no se detienen a considerar sus presencias.
Procesos emocionales complejos
Enrique Stola, psicólogo, refleja sobre la complejidad del duelo que enfrentan los hijos: no solo pierden a su madre, sino también a un padre a quien solían querer. Este proceso se torna doblemente doloroso al entender que el padre fue quien cometió el acto violento. La contención emocional y la terapia son vitales para permitir a estos jóvenes afrontar la realidad y lidiar con el sufrimiento que los acompañará siempre.
Consecuencias a largo plazo
El hecho de haber presenciado un femicidio impacta en muchos aspectos de la vida de un niño. Pueden desarrollar miedos intensos, problemas de sueño y desafíos del comportamiento. Estos efectos se agravan sin el soporte adecuado y podrían perpetuar ciclos de violencia. Los menores necesitan atención inmediata y continua para tratar sus heridas emocionales y evitar que estos patrones se repitan en sus vidas futuras.
Intervenciones necesarias
Ada Rico, de La Casa del Encuentro, subraya la importancia de proveer un acompañamiento psicológico especializado, además de protección y estabilidad emocional. Es crucial implementar medidas antes de que ocurra un femicidio. Fernanda Tarica de Shalom Bait aporta que la prevención es clave, y evaluar el riesgo en situaciones de violencia debe efectuarse con urgencia para salvaguardar a posibles víctimas.
La incertidumbre del futuro
Tras el crimen, la vida de estos niños cambia radicalmente. Pueden necesitar alejarse de su entorno y enfrentan una alteración completa de sus rutinas diarias, perdiendo además el sentido de seguridad. Estas repercusiones pueden alterar sus infancias, dejando marcas indelebles en su desarrollo y afectando sus futuras vivencias.