Adolescentes desarrollan robot canino para rescate en incendios y desastres

La pasión de estos jóvenes es imparable. Muestran con entusiasmo a su innovador robot canino, manejado a distancia, que promete ser de gran utilidad a futuro. En el Laboratorio de Inteligencia Artificial y Robótica de la Escuela ORT, un grupo de talentosos estudiantes de 17 años explica su proyecto, llamado Laika Rescue Dog: “Es un perro robot diseñado para asistir en el rescate de vidas y minimizar el riesgo humano durante emergencias”.

Una herramienta estratégica en emergencias

“Estamos convencidos de que tecnologías como Laika pueden ser un soporte clave para optimizar recursos”. “Buscamos acortar el tiempo de búsqueda y aumentar la eficacia en operaciones”. “Laika es un robot canino que genera mapas en tiempo real del entorno”. “Puede seguir a personas en movimiento, proporcionando datos inmediatos de áreas donde socorristas podrían correr peligro”.

Con entusiasmo, el grupo de estudiantes comparte la evolución de su proyecto mientras lo presentan a Clarín. Benyamin Sagranichne, Melina Keninsberg, Agustina Romano y Julieta Gric, quienes estudian TIC (Tecnología, Información y Comunicación), junto a Tadeo Dyjament de cuarto año en Gestión de las Organizaciones, se muestran impacientes por contar los avances.

Actual progreso del proyecto

“Nos encontramos en una etapa de desarrollo y esperamos concluir para noviembre”, comenta Benyamin, aclarando la ortografía de su nombre. “Nos estamos centrando en la inteligencia artificial, la movilidad del robot y las interacciones necesarias. Una aplicación especialmente diseñada permitirá a los bomberos dirigir a Laika de manera sencilla para explorar derrumbes o incendios”.

“Estamos muy emocionados porque creemos que nuestra creación puede salvar vidas”, expresan Benyamin, Melina, Julieta, Tadeo y Agustina. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Uso de Laika en situaciones de peligro

En situaciones de crisis, normalmente un rescatista evalúa el entorno primero -explica Melina-, aún ante amenazas de colapso, fuego e inestabilidad e información precaria”. Agrega Julieta: “La propuesta de Laika es usar tecnología antes que el factor humano, para decidir con más contexto y seguridad la intervención”.

La charla es dinámica, los estudiantes están sumergidos en sus ideas. Proponen un escenario de derrumbe, mencionando la crítica situación de Venezuela tras recientes terremotos. “Un bombero podría controlar a Laika desde una aplicación móvil, incluso desde una distancia segura. Mapeado el lugar en 3D, el robot operaría de forma autónoma, alertando al equipo de cualquier hallazgo relevante”, describe Tadeo. Agustina añade: “Laika enviará alertas cuando detecte personas o elementos importantes”.

“La meta no es reemplazar sino facilitar que los equipos lleguen con rapidez y mejor información”, resaltan los estudiantes de ORT. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Laika primero, el análisis después. Es el lema de un invento cuyo propósito principal es salvar vidas. “Buscamos un asistente robótico que explore áreas de alto riesgo antes de la entrada del personal humano, convirtiendo los datos en información útil”, se detalla en su portal web.

Innovación técnica y visión futura

“No intentamos reemplazar a nadie, sino acelerar la ayuda con información confiable”, afirman Benyamin y Melina. “Estamos incluyendo ahora una cámara térmica y una cámara de visión 360 grados”, indican Agustina y Julieta. “En emergencias, cada segundo es valioso y el personal muchas veces es insuficiente”.

El director de TIC, Darío Mischener, observa a sus estudiantes con orgullo y comparte su sentimiento: “Es uno de los proyectos más significativos desde que lidero esta área, hace tres décadas. Su relevancia radica en la combinación de robótica e inteligencia artificial para solucionar problemas reales”.

Laika, prototipo de tecnología asistencial que puede ser crucial en emergencias. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Benyamin subraya la importancia de su iniciativa: “Conversamos con personal de bomberos, quienes señalaron que en Argentina aún no existe un robot de búsqueda y rescate como este y que su implementación sería crítica en situaciones extremas para evitar que los rescatistas entren sin información”.

“Imaginemos un incendio en un edificio”, detalla Melina. “Un bombero entra a ciegas, sin saber la situación de cada lugar”. Continúa Tadeo: “Laika ofrecería información en vivo y en caso de peligro, el riesgo recaería en el robot, no en las personas”.

Impulsados por esta innovadora obra, los jóvenes están llenos de sueños. “Estamos avanzando, aunque queda mucho por hacer. La parte más exigente será lograr que el robot opere de manera autónoma mediante inteligencia artificial”, señala Agustina. Julieta agrega: “Esperamos la llegada de los componentes tecnológicos necesarios desde Estados Unidos, como las cámaras térmicas, que facilitarán detectar el origen del fuego rápidamente”.

La importancia del trabajo en equipo

El equipo se formó a principios del ciclo académico con el objetivo de aprobar la asignatura “Proyecto Final”, la más relevante del último año. “Con Benyamin discutimos en verano la posibilidad de crear algo impactante. Después de evaluar ideas con los docentes, dimos con este proyecto que busca ayudar a otros”, relata Melina.

“El robot ya existía en la escuela pero no se usaba”, menciona Tadeo. “Se dispone de varios robots, como uno humanoide; decidimos usarlos para este prometedor proyecto”. Tadeo, el más joven, se encarga de administrar interacciones con entidades para que el proyecto trascienda el ámbito escolar y tenga un impacto social.

Un equipo bien coordinado. “Cada miembro tiene un rol definido y trabajamos organizadamente”, expresan Agustina, Tadeo, Julieta, Benyamin y Melina. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

“Ellos desempeñan roles concretos y todos contribuyen a que el prototipo funcione”, comenta Mischener. “Agustina se centra en el diseño y la interfaz de la aplicación”. Añade: “Estoy trabajando en dotar al robot de la capacidad de transportar agua y equipos de primeros auxilios, lo que requiere un mecanismo adecuado”.

Melina gestiona el desarrollo completo del software, encargándose de las funciones y la apariencia de la aplicación. Benyamin se responsabiliza de la robótica, hardware y el servidor. Julieta se ocupa de la inteligencia artificial.

Riendo, los cinco cuentan la reacción de sus padres ante el proyecto. “Los míos están emocionados al vernos trabajando en algo altruista”, comenta Agustina. Para Julieta, es una doble alegría: “realizar este proyecto con amigos y saber que puede salvar vidas es grandioso”. Todos sintieron el apoyo familiar.

Laika puede realizar saludos, equilibrarse en dos patas, hacer trucos y hasta formar un corazón con sus patas. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Ansiosos, los estudiantes esperan el momento en que “Laika” comience a funcionar plenamente. “Si pudiéramos, dejaríamos todo para dedicarnos únicamente a esto; en cambio, aprovechamos al máximo el tiempo disponible”, dicen. “Incluso soñamos con el proyecto, es parte de nuestra vida diaria”, añaden Julieta y Agustina.

Dejan claro que están construyendo un prototipo, no un producto terminado. “Estamos demostrando que una solución tecnológica puede abordar problemas concretos. Una vez completado diremos: ‘Esto es posible, ahora desarrollemos un robot final con todos los requisitos necesarios’, detalla Melina.

Agustina y Julieta subrayan: “Con Laika, podríamos contar con dispositivos de rescate que salven vidas humanas y de rescatistas. En noviembre, aspiramos a lograr una prueba de concepto, no un producto comercial”.

Con expectativas altas, los estudiantes visualizan el éxito a futuro. Ante la pregunta del porqué del nombre Laika, responden entre risas: “Más que por la perrita rusa conocida, lo elegimos por contener las iniciales ‘AI’ de inteligencia artificial. A diferencia de ella, esta Laika sí regresará”. Tadeo bromea: “Iba a llamarse Humberto, pero no era atractivo comercialmente”. Los jóvenes regresan a clase con sonrisas, sueños y Laika realizando acrobacias a su lado.

AS

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