Tragedia impulsa demanda de regulación tras muerte de su hijo por caída de arco

“Nunca imaginé que un arco podría causar la muerte”, confiesa Serena Campos Lobos, al borde del llanto. En enero de este año, su hijo menor, de 12 años, murió aplastado por un arco de fútbol sin anclar durante un campamento. Por ello, comenzó una intensa campaña para promover la “Ley Joaquín”, en memoria de su hijo. Aunque la norma se aprobó en la provincia de Buenos Aires, aún no se ha reglamentado. “¿Cuántas tragedias más tienen que suceder para que se tome conciencia?”, pregunta en una entrevista con Clarín, apenas un par de días después de que otra estructura cayera sobre un niño de la misma edad en el Club Lanús.

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Como muchos padres, Serena nunca pensó que una estructura deportiva pudiera ser letal para un niño. Ahora, nueve meses después, su clamor se traduce en la Ley Joaquín. La urgencia es palpable: que sea reglamentada y aplicada antes de que ocurra otra desgracia.

Joaquín, de Ramos Mejía, había viajado a Junín de los Andes, en Neuquén, el 3 de enero para un campamento de ocho días con los Exploradores del Don Bosco, un grupo scout. Era su segundo año con ellos. Al día siguiente, mientras los chicos jugaban al fútbol en una cancha cercana, uno de los arcos de aproximadamente 160 kilos se desplomó sobre su pecho.

Quedó inconsciente en el acto. Lo llevaron al hospital de Junín de los Andes, pero sufrió un paro cardiorrespiratorio de 20 minutos. Lo reanimaron y lo trasladaron en ambulancia al hospital de San Martín de los Andes, que sí contaba con cuidados intensivos. Su estado era crítico.

Serena estaba a punto de comenzar su jornada laboral cuando recibió la llamada que ninguna madre espera. Le notificaron del accidente y que un arco le había caído encima a su hijo. Sin poder dimensionar la tragedia, volvió a su hogar, recogió a su esposo, Adrián Gatto, y empacaron con la esperanza de regresar ese mismo día junto a Joaquín.

Joaquín tenía tan solo 12 años cuando perdió la vida al ser aplastado por un arco durante un campamento.

“Hace solo 24 horas dejé a un niño sonriente, sano y feliz de irse de campamento con sus amigos”, rememora entre lágrimas Serena, el dolor aún está presente y ella no sabe cuándo va a cesar. En la unidad de cuidados intensivos, vio a su hijo conectado, con los ojos cubiertos.

El impacto le generó múltiples fracturas: cuatro costillas se le incrustaron en el corazón y otra en el pulmón. A pesar de la operación que le practicaron los médicos para detener la hemorragia, su estado no mejoró. Al día siguiente, Serena y Adrián recibieron la devastadora noticia de que Joaquín había sufrido muerte cerebral.

Decidieron donar sus órganos. Joaquín falleció el 5 de enero y la donación se realizó el día 6. “Soñaba con ser youtuber, con hacerse famoso. Ahora lo es, no por ser youtuber, sino por algo aún más grandioso: está salvando vidas”, afirma Serena.

Transformando el dolor en acción legislativa

En medio del dolor, el impulso por establecer una regulación surgió. Serena cuenta que, al informar a sus hermanas sobre la muerte de Joaquín, expresó su intención de crear una ley para prevenir situaciones similares.

De regreso en Buenos Aires, Adrián empezó a investigar si ya existía una legislación que regulara la seguridad de las estructuras deportivas. Al no encontrar ninguna, usó herramientas de inteligencia artificial para redactar un primer documento. La propuesta se viralizó y atrajo la atención del diputado bonaerense Facundo Tignanelli, de Unión por la Patria, quien contactó a la familia.

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La propuesta avanzó y la “Ley Joaquín” fue aprobada en Buenos Aires el 16 de julio, publicándose el 3 de agosto en el Boletín Oficial. La normativa contempla medidas de seguridad para instalaciones deportivas y recreativas, como el anclaje de arcos de fútbol y handball, la colocación de contrapesos en aros de básquet y controles periódicos de estructuras. Además, permite sancionar a entidades incumplidoras.

Joaquín despidiéndose de su hermana antes de partir a Neuquén. No regresó del viaje.

No obstante, la ley aún no ha sido reglamentada. Según explica Serena, el plazo establecido fue de 30 días desde su aprobación. Este periodo culminó el 3 de octubre. Tres días después, Augusta Consiansi Toledo (8) murió al caer un arco mientras practicaba patinaje en un club de General Villegas. Una semana más tarde, el 13 de octubre, Bautista Arnaiz sufrió un accidente similar en Lanús, resultando en su hospitalización en terapia intensiva.

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“Ya hemos superado esos 30 días”, indica Serena. Las recientes tragedias, coincidentemente posteriores a la fecha límite, han intensificado su preocupación. Para ella, aprobar una ley no es suficiente si no se implementan las acciones preventivas necesarias para evitar tragedias.

El caso de Bautista: un llamado urgente a la acción

Desde la muerte de Joaquín, Serena empezó a documentar otros incidentes y a conectar con familias que han pasado por experiencias similares. Entre ellas está la de Bautista, el joven que sigue hospitalizado luego de que un arco lo golpeara en el Club Atlético Lanús.

Serena mantiene contacto con la tía de Bautista y sigue atentamente su progreso. La familia reporta algunas mejoras, aunque el estado de Bautista sigue siendo delicado, y aún es pronto para determinar si habrá secuelas neurológicas.

“Los padres están completamente dedicados a él”, comenta Serena. Comprende que hoy la familia está inmersa en la recuperación de Bautista, aunque también transmiten un mensaje claro: “Por favor, que no vuelva a suceder”.

La situación la toca profundamente, identificándose con la experiencia de esa familia. “No puedes aceptar que tu hijo se ha ido. Esperas que regrese en cualquier momento”, reflexiona sobre el duelo que todavía atraviesa.

Joaquín junto a su madre, Serena.

En su seguimiento de casos, menciona el de Angelina Espinosa, de 15 años, fallecida el 15 de mayo en Jesús María, Córdoba, tras ser golpeada por un arco en el abdomen. También rememora a un joven de Jujuy hospitalizado por un incidente similar, quien afortunadamente se recuperó.

“Hay muchos casos y ni qué decir de aquellos que no se hacen públicos”, afirma. “¿Qué más debe suceder para que se tome conciencia?”, reitera su pregunta. “Es inconcebible que perdamos a nuestros hijos por negligencia”. Y formula una pregunta que resume todo su reclamo: “¿Hace falta una ley para que un niño no muera?”

Serena exhorta a los padres a exigir condiciones seguras antes de dejar a sus hijos en instituciones. No porque crea que deben reemplazar a quienes deben supervisar, sino porque considera que todos deben comprometerse con la prevención.

“Que reglamenten la ley. Por favor, que la reglamenten, y que directivos de clubes, comisiones deportivas y escuelas entiendan que son responsables de vidas y que los niños tienen derecho a jugar en sitios seguros”, concluye.

AS

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