El impacto de la harina de pescado en la acuicultura mundial y sus efectos en la contaminación y sobreexplotación de áreas costeras

En diciembre de 2025, el gobierno de Tierra del Fuego en Argentina, una región situada en el extremo más austral de América del Sur, decidió levantar la prohibición de cuatro años que impedía la cría de salmones. La derogación de la ley se aprobó por escaso margen: ocho votos a favor y siete en contra. Mientras los críticos advertían sobre los peligros ambientales de la acuicultura en jaulas marinas, los defensores aseguraban que las instalaciones serían sostenibles y traerían empleo e inversión a la región.

Una nueva legislación para una nueva era acuícola

Según anunció el gobierno provincial en un comunicado de prensa, esta nueva ley tiene como objetivo posicionar a Tierra del Fuego como un centro acuícola competitivo, priorizando la producción para abastecer al mercado interno y reforzar la soberanía alimentaria local. La industria del mar celebró esta decisión; Lucas Maglio, gerente de la empresa procesadora Idris Patagonia, consideró que esto marcaba un paso estratégico hacia el futuro de la provincia, según expresó en un artículo de opinión.

Críticas desde el ámbito académico

No obstante, había voces críticas. Daniel Pauly, director del proyecto Sea Around Us de la Universidad de Columbia Británica, destacó que el salmón, la especie marina más cultivada en Chile, se alimenta de los mismos peces silvestres que la acuicultura dice proteger, lo cual acelera el agotamiento de los océanos en vez de prevenirlo.

En el ámbito global, dos tercios de la acuicultura se dedican al cultivo de especies que requieren alimentación a base de harina y aceite de pescado. Estos insumos se obtienen al procesar especies capturadas en la naturaleza, las cuales se cocinan y muelen para producir el ingrediente. En algunas granjas, un salmón puede consumir seis veces su peso en pescado proveniente del medio natural antes de ser vendido.

Estos impactos han sido revelados gracias a una investigación de dos años realizada por The Outlaw Ocean Project en Washington D.C. El estudio expuso factores como la pérdida de trabajos en pesca artesanal, exposición a químicos, fallecimientos laborales prevenibles, protestas violentas debido al olor insoportable de las plantas procesadoras y crecientes tensiones geopolíticas motivadas por la competencia por proteínas escasas.

El costo ambiental y social

Las externalidades, como denominan los economistas a estos impactos sociales y ambientales, representan un costo significativo en las naciones empobrecidas, donde estos insumos se extraen y procesan, lejos de donde se consumen los productos del mar.

En Argentina, el impacto más fuerte de esta industria recae sobre los residentes cercanos a las plantas procesadoras. El hedor resultante de estas operaciones afecta negativamente la economía local, alejando a turistas y clientes de restaurantes. En Mar del Plata, los olores eran tan fuertes que los visitantes debían salir a vomitar en ocasiones. Este mal olor no es solo molesto, sino que indica la presencia de gases tóxicos como amoníaco y sulfuro de hidrógeno, que se asocian a graves problemas de salud, incluidas náuseas y la muerte.

La principal fuente del desagradable olor es el gas trimetilamina (TMA), altamente tóxico y cancerígeno según la Sociedad de la Industria Química en 2021. En Argentina, más de 48.000 personas viven a menos de 1.5 kilómetros de fábricas de harina de pescado.

Con el propósito de ofrecer un análisis exhaustivo, los investigadores cartografiaron la industria global de la harina de pescado, rastreando las cadenas de suministro desde sus inicios hasta el consumidor. Más de 1.400 plantas en 64 países fueron estudiadas. Periodistas visitaron fábricas, barcos y establecimientos alrededor del mundo para evidenciar las externalidades invisibles de este insumo raras veces reflejado en los informes de las empresas de productos del mar.

Otras investigaciones descubrieron costos ocultos en diversas regiones del mundo, desde inseguridad alimentaria en Gambia y Mauritania, donde peces cruciales son desviados a estas fábricas, hasta trabajo forzado en Rusia y China. En Senegal, la producción de harina ha dejado sin trabajo a pescadores locales, muchos de los cuales arriesgan su vida para emigrar a Europa, utilizando peligrosas rutas hacia las Islas Canarias. En 2025, estas travesías cobraron más de 3.000 vidas.

La harina de pescado también incrementa las tensiones geopolíticas. En 2021, buques turcos ilegales intentaron embestir un barco de investigación griego, mientras que en 2018, disturbios en Senegal resultaron en la muerte de un pescador por guardacostas mauritanos.

Desde los años 70, Marruecos pesca en aguas del Sáhara Occidental y convierte su captura ilegal en harina de pescado, vendiéndola globalmente como producto marroquí. Conflictos relacionados causaron enfrentamientos violentos, desestabilizando acuerdos de paz.

Los océanos soportan una carga considerable de la industria de harina de pescado: más de una quinta parte del pescado capturado es utilizado en raciones para peces. La investigación analizó más de 2.400 buques asociados con la producción de harina, operando en aguas de 30 países, revelando la falta de transparencia en la flota pesquera internacional.

Menos del 30% de los barcos cumplía con estándares de transparencia, haciendo difícil asegurar el cumplimiento normativo. Al menos la mitad de las especies capturadas son consideradas “sobreexplotadas”, un problema agravado por subsidios gubernamentales. Estas prácticas contribuyen a la pesca insostenible y ponen presión en los ya saturados recursos marinos.

Es crucial comenzar las evaluaciones sobre el impacto real de la acuicultura desde la alimentación animal, argumenta Daniel Pauly, quien observa una perspectiva distinta a la que pinta la industria.

Nuevos caminos hacia una alimentación global

La humanidad históricamente consumía lo que los ecosistemas ofrecían naturalmente y usaba a los animales como convertidores de restos no aprovechables. Hoy, se alimentan animales con recursos que podrían ser destinados a los humanos, aumentando la competencia por nutrientes esenciales. Esta práctica industrial ha transformado las cadenas tróficas del planeta.

Muchas calorías de origen humano son ahora destinadas a ganadería y acuicultura; insumos como soja y harina de pescado se han vuelto cruciales. Un porcentaje significativo del pescado utilizado para harina es apto para el consumo humano, pero aún así se usa entero en esta producción.

El avance de la ciencia en la producción de raciones ha sido significativo, comenzando hace unos 12,000 años. Innovaciones en riego y domesticación del ganado permitieron el asentamiento humano y el desarrollo de ciudades. A lo largo del tiempo, hemos visto una transformación hacia sistemas alimentarios industriales desde las prácticas tradicionales de cría de ganado.

La investigación científica sigue buscando alternativas a la harina de pescado, como algas y proteínas de insectos, pero aún es caro implementarlas a gran escala. La dependencia de las economías acuícolas en insumos importados refleja una lucha por el dominio en nutrientes esenciales.

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Eventos globales como la guerra en Ucrania y la gripe aviar han afectado los precios de la carne, subrayando las interconexiones y vulnerabilidades del mercado global de alimentos. Esta batalla por recursos continúa tanto en tierra como en los océanos, aunque con menos atención mediática.

Desafíos sostenibles en la cría de peces

A nivel mundial, la acuicultura ofrece proteínas asequibles a una gran cantidad de personas, proporcionando empleo en regiones como India. Bivalvos como las ostras son una forma sostenible de acuicultura que no requiere alimentación externa. Sin embargo, el crecimiento de la acuicultura incrementa la demanda de harina de pescado, un sector cuestionado por su sostenibilidad.

La IFFO subraya que las empresas de productos marítimos deben abastecer la demanda del mercado, pero existen molestias sobre la sostenibilidad de la industria. A pesar de los avances en técnicas de ración, ninguna alternativa ha logrado sustituir completamente el papel de la harina de pescado.

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Estudios han mostrado los impactos ocultos que emergen de prácticas industriales en la acuicultura, al tiempo que las protestas en Chile y Rusia reflejan tensiones en la gestión de recursos, llamando la atención sobre los desafíos enfrentados al depender de esta industria.

Evaluación y sostenibilidad en la industria pesquera

Las certificaciones de sostenibilidad, aunque bien intencionadas, a menudo permiten una fachada sin abordar los problemas sistémicos en las etapas más tempranas de la cadena de suministro. Existe un creciente riesgo legal para las empresas que hacen afirmaciones sin base sólida sobre la sostenibilidad de sus productos, como se evidencia en varias demandas legales por publicidad engañosa en Estados Unidos.

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La industria pesquera, a menudo comparada con sectores que enfrentan escrutinio por malas prácticas como el textil o agrícola, se encuentra en una posición donde los consumidores y gobiernos podrían pronto ejercer una presión significativa para mejorar la transparencia y prácticas empleadas.

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