Maestra aprende guaraní para enseñar y preservar la cultura en comunidad indígena Ysyry sin buscar cambios

“Fue entonces cuando me di cuenta que no estaba ahí para cambiar nada”, rememora Roxana Acosta sobre sus primeras experiencias en la Escuela N° 956 SAT 01. Había llegado a la comunidad indígena Ysyry, en Colonia Delicia, Misiones, para desempeñarse como docente de primaria. Al escuchar a los niños comunicarse en guaraní, se dio cuenta de que su tarea debía ir más allá de enseñar español y seguir con las otras materias. Si quería que los estudiantes realmente aprendieran y se apropiaran de los contenidos, debía ajustarse a su entorno e introducir su idioma y conocimientos en el aula. Pero para eso, primero tenía que aprender ella. Así, recurrió a sus pupilos. “Ellos me enseñaron el idioma y con el paso del tiempo empecé a conocer su riqueza cultural”, dice.

Implementación en el aula

Para lograr una verdadera integración dentro del aula, Acosta trabaja de la mano de un Auxiliar Docente Indígena (ADI) nombrado por el Consejo General de Educación. Juntos, como pareja educativa, coordinan sus clases: ella comparte los contenidos de las diversas disciplinas en español, mientras que el ADI se encarga de incluir la lengua materna de los alumnos. De esta manera, cuando Roxana enseña la letra A en español, el ADI hace lo propio con la misma letra en guaraní, cuya fonética es distinta. Además, él es quien trasmite el conocimiento y las costumbres de la cultura mbya guaraní, desde cómo elaborar una cesta hasta cómo hacer un collar.

La enseñanza más allá del aula

Combinar la lengua con el soporte del ADI le permite a la docente relacionar los contenidos escolares con la vida diaria de la comunidad. Uno de sus proyectos consistió en crear un herbario escolar que abarca ciencias, lengua y conocimientos ancestrales. También usa teléfonos móviles para fomentar la alfabetización bilingüe: los estudiantes graban historias en guaraní y luego las desarrollan en castellano.

Un refugio educativo

En un entorno marcado por la marginalidad, los niños llegan a clase con escasa estimulación temprana y dificultades en la comprensión de lectura. “Llegan sin zapatos, con una camiseta y el estómago vacío”, comenta Roxana. Ante necesidades que trascienden lo educativo, su labor también sobrepasa la enseñanza convencional: ella recibe a los estudiantes, prepara su merienda y realiza la limpieza. “Es como si fuera un hogar. Y en un hogar se da cariño, se enseña y se cuida”, asegura.

Esa percepción de la enseñanza afecta también su labor dentro del aula. “En las escuelas interculturales hacemos esto porque solo dar contenidos no es suficiente; enseñamos para la vida y para que ellos puedan avanzar por sí mismos”, señala Roxana.

Retos y logros

Uno de los principales problemas es la deserción escolar en jóvenes de once a trece años, una etapa en la que las enfermedades y los embarazos tempranos dificultan su permanencia en la escuela. Para enfrentar estos desafíos, Roxana apuesta por una relación cercana y personalizada con los alumnos.

Recuerda a una alumna que estaba a punto de dejar la escuela. Habló con ella, propuso materiales ligados a su realidad diaria, flexibilizó sus fechas de entrega y contactó a su familia. De esta forma, la estudiante pudo continuar sus estudios. Para un estudiante con problemas de lectura, utilizó estrategias como lecturas compartidas y grabaciones en guaraní para trabajarlas en español, lo que le ayudó a ganar confianza y participar en clase. “Cuando sienten que no pueden más, yo no les dejo caer. Estoy para escuchar, apoyar y comenzar de nuevo las veces necesarias”, resumió.

Roxana, junto a un equipo de siete comunidades, está creando un glosario para salvaguardar el idioma guaraní. Para ello, acuden a los ancianos, quienes conservan palabras, pronunciaciones y usos que han pasado de generación en generación. “Estamos viendo cómo se dicen los días de la semana, los meses, cómo se cuenta, los números”, comenta. El siguiente paso es crear un diccionario institucional que pueda digitalizarse o convertirse en una aplicación móvil.

Los logros se evidencian en la sala de clases. El porcentaje de alumnos con el nivel esperado de comprensión lectora subió del 40% al 85%, y la asistencia constante aumentó del 60% al 90%. Además, todos los estudiantes pudieron continuar su escolaridad. Los cambios también se notan en su involucramiento: alumnos que antes no participaban ahora leen, comparten y colaboran en grupo. Para Roxana, el mayor logro es que los estudiantes comiencen a creer en sus capacidades y a planear un futuro lleno de posibilidades.

Algunos graduados continuaron la escuela secundaria sin interrupciones, y dos de ellos planifican seguir estudios superiores, algo poco habitual en su comunidad.

Si piensa en cómo le gustaría que la recordaran, Roxana vuelve a la idea que marcó su llegada a la comunidad: “una maestra que vino sin pretender cambiar nada”. Una docente inspiradora

Su enfoque educativo, basado en el respeto por la cultura mbya guaraní y el acompañamiento humano a sus estudiantes, la llevó a figurar entre los seis finalistas del Premio Docentes que Inspiran, que este año otorga $32.000.000 en premios.

Desde su primera edición en 2021, la iniciativa de Clarín y Zurich que destaca a los docentes que generan un impacto positivo dentro y fuera del aula ya ha reconocido a 36 educadores de 12 provincias, acumulando más de 14.000 postulaciones.

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