Comunicación desde el Corazón
Desde que mis hijos, Julián y Cata, eran pequeños, acostumbraba a sostenerlos en mis brazos y hablarles mucho. Les narraba nuestro amor, los juegos que disfrutaríamos cuando crecieran un poco más y la alegría que sentía de ser su padre. Obviamente, no comprendían todas las palabras, pero absorbían el tono: cercanía, cariño, protección y cuidado. Estoy convencido de que esta atmósfera emocional les brindó la seguridad de no sentirse solos en el mundo.
Aprendiendo a Compartir
Durante el tiempo que estudié un posgrado fuera del país, viví dos años en una residencia para estudiantes. Al principio, pensé que sería temporal hasta encontrar un pequeño apartamento. Finalmente, jamás busqué otro lugar porque las largas y profundas conversaciones con mis compañeros crearon un vínculo que superaba la amistad. Nos convertimos en una especie de familia. Podíamos compartir miedos e ilusiones, sintiéndonos más comprendidos y menos juzgados. Esto fomentó una empatía genuina cuando la palabra aún no era común.
Rompiendo Barreras Emocionales
Al discutir sobre nuevas masculinidades, reflexionamos sobre cómo, tradicionalmente, los hombres hemos sido educados para no expresar sentimientos íntimos. Se habla de fútbol, política o temas laborales, mientras que nuestros proyectos personales o dolores emocionales quedan relegados. Agradezco poder expresarlos, aunque solo sean dudas que llevamos con nosotros. Sacarlas a la luz nos libera del peso del pudor.
Es importante “conversar” tanto con los bebés como con quienes han crecido. Cuando los temas se silencia, se agrandan, convirtiéndose en una especie de pequeño temblor que puede transformarse en un desastre similar a un tsunami. Enseñar a prevenir esta situación es algo que encuentro esencial.
