Cada jornada, Alexis recorre a pie 25 kilómetros hasta llegar a su colegio en El Trapiche, San Luis. Durante los fines de semana, su abuelo le enseña las habilidades de tratar, recortar y coser cuero. Por otro lado, su amiga Camila cubre 45 kilómetros cada día de regreso a casa, donde participa en las labores de pastoreo y esquilado de ovejas. Ambos asisten a las clases de geografía dictadas por Elina Leonhart en el Centro Educativo N° 5 Senador Alfredo Bertín. Así como ellos, la mayoría de sus compañeros provienen de áreas remotas donde predominan la minería y las tareas agrarias.
Premio Docentes que Inspiran 2026
En ese escenario, muchos estudiantes piensan que la tecnología y las innovaciones están fuera de su alcance y que el progreso profesional no llega a su entorno. Ante esto, Elina quiere mostrarles que su origen y su sabiduría local pueden transformar esos desafíos en oportunidades. “Aunque muchas veces el mundo les incita a dejar su hogar, quiero ser el vínculo que une sus tradiciones con el siglo XXI”, comenta.
Un enfoque innovador
Para conseguirlo, Leonhart ha reformulado el aprendizaje enfocado en proyectos tecnológicos. La iniciativa se centra en crear propuestas basadas en la economía circular, buscando que los estudiantes reconozcan el valor de sus habilidades y recursos locales, convirtiéndolos en el cimiento de negocios sostenibles.
La evaluación sigue un esquema distintivo: “Todos los estudiantes comienzan con la máxima calificación”, menciona Elina. A lo largo del año, el objetivo es mantenerla mediante la solución de problemas, en un ambiente donde cometer errores es parte natural del proceso de aprendizaje. Las evaluaciones tradicionales se reemplazan con presentaciones de proyectos, que toman en cuenta tanto las habilidades personales como el conocimiento adquirido por cada estudiante.
Potenciando el conocimiento del entorno
“Yo no quiero”, expresó Alexis al fondo del salón cuando Elina describía el plan de trabajo para los meses venideros. Al escuchar eso, algunos de sus compañeros dijeron: “Profe, él no participa”. Entonces, Leonhart se acercó a su escritorio y le preguntó sobre su rutina diaria. Sorprendido, Alexis comenzó a relatar sobre su recorrido diario, sus fines de semana aprendiendo con su abuelo, y su afición por los caballos. Sus compañeros escucharon con atención. Al terminar, otros también compartieron sus vivencias. Había quienes trabajaban con ovejas, equinos, y otros que gustaban del dibujo.
Esa discusión se convirtió en la base para lanzar un negocio de economía circular. Disponían de vellón de sus ovejas, recortes de cuero y telas recicladas para crear productos de diseño con valor de mercado. Pero, más importante aún, poseían el conocimiento necesario.
Así nació Raíces 2030, un proyecto en el que cada alumno encontró su lugar gracias a sus capacidades individuales. Para Alexis, el oficio aprendido de su abuelo se trasladó al aula, donde elaboró pasapañuelos y otros artículos de cuero. Compartió esta habilidad con sus compañeros además de practicarla. “Alexis se convirtió en el alma del proyecto, llegando incluso a presentar en un evento académico de nivel superior”, rememora Elina.
La estructura es participativa: cada integrante aporta su experto, y Elina participa como un miembro más del equipo. “Trabajo a su mismo nivel; aquí aprendemos y erramos juntos”, afirma. Cuando se requiere adquirir nuevo conocimiento, acuden a la comunidad. Para dominar técnicas de corte, costura y tratamiento del cuero, integraron a Don Lucio, un experimentado artesano que se convirtió en su guía.
Resultados tangibles
Los beneficios no se hicieron esperar. Inspirados por el proyecto, los estudiantes demostraron mayor participación en clase, y el aula se transformó en un lugar de pertenencia. En consecuencia, la asistencia aumentó un 90%. Además, el 99% de los estudiantes aprobó la materia, y ninguno dejó el curso.
El aprendizaje va más allá de las aulas. Los proyectos se exhiben en certámenes nacionales e internacionales, donde los alumnos presentan sus piezas y defienden sus esfuerzos. En 2025, Raíces 2030 fue reconocido en el certamen Youth Innovation de UNESCO China, una distinción que les demostró su capacidad para competir globalmente.
Por encima de los reconocimientos y estadísticas, para Elina el mayor logro reside en sus estudiantes. Ahora ellos perciben sus raíces y entorno no como límites, sino como fortalezas. Algunos incluso ya están emprendiendo sus propios proyectos. Elina resume su misión así: “Mi mayor recompensa es ver a un estudiante descubrir que sus manos crean aquello que el mundo valora”.
El legado de una educadora
Como educadora de educadores, Elina comparte su método para que otros puedan replicar la experiencia. Su enfoque busca demostrar que las raíces y tradiciones no son obstáculos, sino herramientas para innovar y conectar con el mundo. Por su trabajo, figura entre los seis finalistas del Premio Docentes que Inspiran, que en este año reparte $32.000.000 en premios.
Reconocimiento a educadores
Desde su inauguración en 2021, este reconocimiento de Clarín y Zurich que destaca a los maestros que impactan positivamente en sus estudiantes, ha aplaudido el esfuerzo de 36 docentes provenientes de 12 provincias y ha recibido más de 14.000 postulaciones.
Para estar al tanto de las novedades del premio, se puede seguir visitando www.docentesqueinspiran.com.ar o las cuentas de Instagram y Facebook @docentesqueinspiran.
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