Triunfo en certamen francés impulsa creación de ONG para apoyar a tejedoras del norte en sus ventas

Un chaleco de lana de llama fabricado por una experta tejedora en un pequeño pueblo de la Puna ahora llega a cualquier parte del territorio nacional a un coste competitivo, permitiendo a su creadora obtener beneficios que antes parecían inalcanzables. Es una muestra tangible de comercio justo, adaptada al mundo virtual y liderada por mujeres. El proyecto ha sido galardonado, ya que la creadora fue reconocida por la Unesco y la famosa casa de moda francesa Dior.

Un reconocimiento internacional

Dream for Change es un destacado programa de liderazgo para jóvenes, promovido por la agencia educativa de las Naciones Unidas y la prestigiosa firma de moda, que cada año selecciona a 300 mujeres a nivel mundial. Este año, la distinción principal fue para Dreaming Hands, una iniciativa impulsada por la argentina Valentina Bruno, de 24 años, con el objetivo de “potenciar a las mujeres artesanas y preservar la tradición del tejido”.

Un puente entre artesanas y consumidores

La esencia de Dreaming Hands (Manos que sueñan, en inglés) se materializa a través de un sencillo sistema de comercio electrónico. A través de su perfil de Instagram @dreaminghands, es posible contactarse por WhatsApp y explorar el catálogo de prendas hechas a mano por las tejedoras del Norte, incluyendo precios y, lo más importante, la historia detrás de cada prenda y quién la confeccionó.

Las voces de las artesanas

Desde chales elaborados con lana de llama en hilo doble por Presentación Alancay, hasta ruanas largas creadas en bastidor por Guillermina, la variedad es extensa, incluyendo suéteres, bufandas, carteras, ponchos y piezas decorativas. Las artesanas son también protagonistas en la comunicación de Dreaming for Change. En Instagram, se muestran las propias creadoras presentando su obra y relatando sus vivencias. Guillermina, por ejemplo, comenta: “Aprendí a tejer mediante el arte aprendido de mi abuela, que cuidaba de su ganado. A mis 40 años, sigo dedicándome a esto”.

Un proyecto con historia

La génesis de esta iniciativa es tan singular como su desarrollo. Valentina es licenciada en Relaciones Internacionales y se trasladó a Francia en 2022 para cursar una doble titulación entre la Universidad Torcuato Di Tella y el Instituto de Estudios Políticos de París. Durante su estancia, completó pasantías en la Embajada Argentina en Francia, en Le Monde Diplomatique, y trabajó para las Naciones Unidas en Nueva York. Finalizó su máster y en 2025 regresó a Argentina para realizar su tesis.

En su trabajo para la ONU, se interesó especialmente por los minerales críticos, destacando la importancia de que Argentina participe en las negociaciones. Su investigación sobre la gobernanza del litio la llevó a viajar al norte y dialogar con comunidades y autoridades locales.

El contacto con los pueblos autóctonos de Jujuy en mayo de 2025, especialmente la comunidad de Barrancas, fue revelador. “Recuerdo las palabras de un residente refiriéndose a los visitantes como yo: ‘Solo vienen, toman notas y nunca regresan’. Esa afirmación me hizo reflexionar profundamente”, comenta.

Las mujeres de la comunidad le manifestaron su difícil situación: “No podemos vender directamente. Un intermediario adquiere nuestros productos a bajo precio y los revende en Purmamarca por cuatro veces lo que nos paga a nosotras”. Valentina prometió encontrar una solución y regresar.

Valentina, tras un arduo trabajo, alcanzó un prestigioso triunfo en el programa de Dior/Unesco, centrado en empoderar a mujeres y proteger tradiciones culturales. En un concurso que agrupó 300 jóvenes de todo el mundo, su propuesta sobresalió, culminando en la creación de Dreaming Hands.

Tras cumplir su promesa, junto a Guillermina y otras tejedoras de Barrancas, grabaron entrevistas y concretaron el proyecto, que actualmente únicamente opera en Argentina, aunque con el objetivo de expandirse internacionalmente. Próximamente, viajará a otras regiones para extender el proyecto y apoyar a más comunidades necesitadas.

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“El trabajo de tejer solo es realizado por mujeres en estos pueblos, aunque recientemente un hijo de una de las tejedoras ha comenzado a colaborar”, explica Valentina. La dedicación de estas mujeres “combina tradición cultural con habilidad”. Elaborar un suéter, por ejemplo, consume tres días de labor, comenzando desde el cuello hasta las mangas, sin generar costuras visibles, como describe Laureana, una habilidosa tejedora.

El proceso de producción inicia mucho antes, siendo las mujeres también responsables de esquilar a los animales, hilar la lana y teñir los hilos con colorantes naturales, como los obtenidos de cáscaras de cebolla. A veces, prestan o compran hilo entre ellas mismas, apunta Bruno.

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La repercusión de Dreaming Hands en la economía local es palpable. Solo en su primer mes de operaciones online, lograron recaudar el equivalente a tres salarios mínimos, además de poner en valor su labor. Los desafíos futuros del proyecto incluyen aumentar la visibilidad en línea y quizás abrir una tienda física en Buenos Aires, fortalecer capacidades para exportar y brindar formación profesional específica a las tejedoras, ampliando así el impacto de este innovador modelo de ayuda internacional.

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