“Sé gentil, pues cada individuo con el que te encuentras está enfrentando su propia difícil batalla”. Aunque esta frase es atribuida a Platón, parece que pertenece a Filón de Alejandría. Nos conecta con un concepto contemporáneo: la empatía. Es el acto de estar cerca emocionalmente de otro, de preocuparse por sus sentimientos y comprender que ciertos comportamientos complicados pueden ser el resultado de circunstancias difíciles que vive esa persona.
Reflexiones sobre el comportamiento ético
La enseñanza de Confucio: “No hagas a otros lo que no quisieras que te hicieran a ti, ni te hagas a ti mismo lo que no harías a los demás”, también sigue esta línea. La ética no es un asunto individual, sino que tiene un fuerte componente social y comunitario. Además, nos recuerda la importancia de la auto evaluación: no te trates mal, no eres el peor.
El impacto del odio en uno mismo
Otra frase que puede hacernos reflexionar, o cambiar si es necesario, es: “El odio no destruye al otro, sino a ti mismo”. Al gastar tu energía vital pensando en cómo vencer a ese enemigo, no percibes que en ese proceso se consume tu propia vida.
El dilema de la compasión hacia quienes nos dañan
El hecho de que estas enseñanzas sean antiguas no les resta importancia; las recuerdo a menudo en momentos difíciles. Sin embargo, admito enfrentar un dilema: ¿cómo actuar con aquellos (ya sean psicópatas o personas malas) que intentan deliberadamente perjudicarnos? Tanto en situaciones significativas como en circunstancias menores (a veces, la forma importa más que el contenido). ¿Cómo proceder? ¿Debemos limitar nuestras reacciones y sentir compasión porque, según filósofos griegos, “están enfrentando su difícil batalla”? ¿Hasta qué punto debo comprometer mi día a día por sus acciones?
En esas situaciones, pierdo el rumbo. No tolero que me traten mal o que busquen ponerme obstáculos esperando mi fracaso. Y me rebelo. A veces con más calma, otras no tanto. Trato de no perder el control. Resulta interesante porque aquí chocan dos ideas: tratar al otro con compasión pero, al mismo tiempo, no hacerte daño soportando lo que no es justo. Mi pequeña respuesta: si veo un error pero detecto buena intención, me calmo. Si percibo hostilidad, no me dejo intimidar. O eso intento hacer.
