El trágico descubrimiento de una joven perdida
El jueves, Emilia Pucheta (24) recibió un alarmante aviso de su amiga, quien encontró a su pequeño hermano de cinco años llorando y completamente agitado en la calle. Sin comprender del todo la situación, Emilia se acercó al menor para intentar calmarlo.
“Cariño, ¿qué ha sucedido?”, le preguntó Emilia. La respuesta que escuchó la dejó perpleja: “Mis papás estaban discutiendo. Entré al cuarto de Luana y la encontré muerta. Mamá está angustiada porque teme que la lleven presa por asesinato”.
La impactante realidad detrás de una rutina cotidiana
Con estas palabras, Emilia comprendió que Luana Cabral, su hermana menor de quince años que padecía parálisis cerebral desde los cuatro meses, había fallecido. Con el tiempo, descubriría el horror oculto que sufría su familia: Luana había estado muerta en su habitación durante un mes entero. Sus padres se encuentran ahora en prisión preventiva.
En el barrio 58 Viviendas de Federación, Entre Ríos, nadie sospechaba lo que ocurría en la vivienda situada en la esquina de Las Rosas y Tita Bonutti. Vecinos que conversaron con Clarín relatan que, en el último mes, Noelia Moretti (40), la madre de Luana, continuaba llevando una vida “normal”. Se le veía relajada, tomando mate en el patio. Raúl Cabral (42), el padre de Luana, trabajaba sin cambios en un comedor.
La prohibición que ocultó la tragedia
En una charla con Clarín, Emilia recuerda el instante en que su hermano le reveló que convivían con el cuerpo sin vida de Luana.
“Cuando me explicó lo que había visto, le pregunté: ‘¿No sabías, mi amor? ¿No entrabas en su habitación?’ Él respondió: ‘No, mi mamá me decía que tenía algo contagioso’. También mencionó que hacía mucho que su madre no le daba de comer a su hermana, solo a él”, relata Emilia.
Esa misma tarde, Emilia llevó a su hermano de cinco años a vivir con ella, su pareja y sus dos hijos. Regresó luego al barrio buscando a su madre. Al llegar, la policía ya estaba en lugar. Le concedieron un minuto para hablar con Noelia.
“Solo dijo: ‘Luana murió hace una semana y no dije nada porque era mi responsabilidad’. Esas fueron sus palabras. Me pidieron que saliera y no supe más”, cuenta Emilia. No sabía todavía que su hermana llevaba mucho más tiempo fallecida.
El trasfondo de violencia y abandono
Los vecinos del barrio veían una familia dedicada, tratando de mejorar la salud de Luana, quien sufrió parálisis cerebral tras una meningitis. Se realizaron colectas solidarias para que médicos especializados pudieran atenderla. Sin embargo, la realidad era muy distinta para Emilia.
A sus quince años, dejó su hogar al sufrir violencia de su padrastro, Raúl Cabral. Regresó a los 18 años con su pareja e hijo, pero otro incidente de violencia sobre su hijo la llevó a denunciar a Cabral. Su madre, Noelia, también lo denunció.
Se impuso una restricción de acercamiento a Raúl. Emilia cuenta que surgieron más problemas con su madre, lo que la llevó a mudarse definitivamente hace dos años. Su contacto con Luana disminuyó, aunque no fue por elección propia.
“En los últimos seis meses, Noelia se volvió adicta al juego. Yo asumí muchas responsabilidades. Intentó quitarse la vida tres veces; dos veces la llevé al hospital y la tercera vez, llamamos a la ambulancia porque estaba inconsciente. Esto sucedió a fines de noviembre de 2025”, narra Emilia.
Durante la internación de su madre, Emilia cuidó a Luana por una semana y detectó que su estado de salud era precario. “Comuniqué a su kinesióloga que Luana estaba desnutrida. Al revisar su medicamento, el frasco contenía agua, significando que no recibía la medicación adecuada. Prometieron que tomarían medidas”, recuerda.
“Cuando dieron alta a mi mamá, no fue con un diagnóstico claro. Decían que eran ataques de pánico, pero no hubo seguimiento. Ella fue a la psiquiatra dos veces, me dijeron que no continuó el tratamiento. Mamá afirmaba estar mejor, volvió a trabajar y parecía recuperada”, relata Emilia.
Una deteriorada relación familiar
Emilia intentaba monitorear la situación de su madre, pero el regreso de Raúl Cabral alteró todo. En ausencia de Raúl en Federación, no proporcionaba sustento ni tenía contacto. Volvió hace tres meses y, al principio, todo fue normal. Sin embargo, su reaparición trajo conflictos. En las últimas semanas, Raúl regresó a vivir con Noelia y Emilia, sufriendo su violencia, dejó de visitar con frecuencia la casa.
“En las últimas semanas intenté ver a Luana, pero siempre recibía excusas de mamá: ‘Luana se alteraba si se le acercaban niños pequeños’, decía. Por lo tanto, evitábamos alterarla y nuestra madre nos atendía afuera”, expresa Emilia.
Ahora conecta los eventos con lo que sucedía al interior de la vivienda. En una reciente visita, observó a su madre limpiando meticulosamente.
“En los últimos días estaba fumigando. Me dijo que había muchas cucarachas y preguntó ‘¿Qué aroma percibes?’. Le respondí que olía extraño, por los productos utilizados. Luego me pidió que me fuera porque usaba productos tóxicos, yo tenía a mi bebé. Pensé que estaba mejorando”, cuenta.
Raúl no vivía permanentemente en el hogar donde Luana fue encontrada sin vida. Sin embargo, fue él quien, al parecer, al descubrir la situación de su hija, avisó a la policía en la comisaría 3°.
Los agentes encontraron el cuerpo de Luana cubierto con una manta, rodeado de cucarachas y moscas.
Según fuentes de la investigación, los restos de Luana “no mostraban lesiones”. La muerte ocurrió aproximadamente hace un mes. Se trasladaron sus restos a Paraná para un análisis minucioso.
La investigación, liderada por la fiscal Josefina Penón, está caratulada como “abandono de persona seguido de muerte”, con una posible condena de prisión efectiva. Raúl Cabral y Noelia Moretti, los padres de Luana, están bajo prisión preventiva. El juez extendió esta medida por 30 días el domingo.
Moretti sigue detenida en un hospital dado su estado de salud, sin haber podido declarar. Cabral, en cambio, testificó el domingo por la noche afirmando que vivía en la casa solo 15 días.
“Cometí el error de confiar en que estaban ayudando a Luana con medicación. Me aseguraron que la visitaron, que todo iba bien. Pero ahora tengo muchas cosas pendientes respecto al cuidado de mi hermano”, concluye Emilia.
El niño de cinco años, el segundo hijo de Raúl y Noelia, permanece al cuidado de Emilia, quien ya declaró ante la fiscalía. Aún espera que le entreguen el cuerpo de Luana para realizar el funeral, para el cual ha tenido que recaudar fondos. Determinada, busca justicia para su hermana.
MG
