Una multitud de no menos de 50 jóvenes se reúne a lo largo del borde de una acera. El calor es abrumador, pero permanecen firmes con sus camisetas rojas, blancas y azules que portan el escudo del Club Atlético Independiente de San Cristóbal al lado del corazón.
Están acompañados por sus familiares y docentes. Muchos muestran rostros abatidos, algunos no pueden controlar las lágrimas. Apenas un día atrás, perdieron a un amigo, a un compañero, ese chico que jugaba como lateral por ambas bandas en la división 2013.
El coche fúnebre que lleva los restos de Ian Cabrera Núñez aparece a lo lejos por la calle San Lorenzo. Los jóvenes se preparan, guiados por Andrés Giménez, presidente de la institución.
Ninguno desea dejar de rendir tributo a Ian. El coche avanza lentamente mientras los aplausos rompen el silencio. Todos recuerdan al que defendió los colores del “Rojo” desde su infancia.
Una conmovedora caravana en honor a Ian
Este martes al mediodía, una caravana de vecinos y amigos despidió los restos de un joven de 13 años que fue asesinado a tiros por otro adolescente de 15 en el patio de la escuela N° 40 Mariano Moreno en San Cristóbal, al norte de Santa Fe.
Velatorio entre el dolor y el silencio
El silencio reverente acompañó desde la noche del lunes a quienes acudieron a la sala velatoria ubicada en calle Sarmiento al 1100, en el corazón de la ciudad.
Resultó llamativo que durante la mañana del martes, solo familiares y compañeros de trabajo del padre, un empleado municipal de San Cristóbal, y de la madre, una maestra de infantil, estuvieran presentes.
Camino al último adiós
Minutos antes de las 10, llegó el vehículo destinado al traslado del cuerpo. En ese momento, la Policía cortó el tráfico en la calle, hasta que a las 10.30, los familiares más cercanos salieron de la sala.
En ese instante, se pudo ver a Mirian Gabriela Núñez (44) y Hugo Leandro Cabrera (40), los padres de Ian, quien era su único hijo.
La caravana, escoltada por policías motorizados, tuvo una primera parada en la Parroquia San Cristóbal, donde se llevó a cabo un breve y emotivo responso dirigido por el padre Daniel.
Luego, en la sede del Club Atlético Independiente de San Cristóbal, donde Ian jugó fútbol infantil, se realizó otro homenaje. Allí, numerosos chicos de todas las divisiones lo esperaban con anhelo.
Un último saludo en el césped
El reloj marcaba las 11 y el sol quemaba fuerte el césped donde Ian había jugado hasta el sábado pasado. Los aplausos que Ian solía recibir en el campo de juego se extendieron a casi un centenar de jóvenes que, con pancartas y camisetas del club, le dijeron adiós.
“Esta locura de amarte me impide ser normal” y “Los pibes del Rojo” fueron algunos de los mensajes decorando el paso pausado del coche fúnebre.
El momento culminante fue cuando se detuvo frente a sus compañeros de la categoría 2013, quienes también lo despidieron en llanto la noche del lunes, en una vigilia con velas frente a la escuela donde ocurrió la tragedia.
Dirigentes, profesores y jugadores se unieron a la caravana, caminando unos 500 metros hacia el cementerio local, donde muchos más, entre vecinos y jóvenes con la chomba blanca del Mariano Moreno, ya esperaban.
A las 11.19, el vehículo que transportaba a Ian ingresó. Una camioneta, con sus padres a bordo, iba detrás. Cerca, estaban sus compañeros de equipo y más vecinos.
Desgarrador adiós en el cementerio
El silencio se transformó en sollozos y lágrimas al enfrentar la triste realidad de la muerte de un niño de solo 13 años a manos de otro de 15.
El dolor inundó el ambiente cuando los familiares directos, incluidos los padres, fueron vistos por primera vez ante los nichos 20 y 21.
Con el brazo izquierdo de Hugo, tatuado con el nombre “Ian 02-01-2013”, sosteniendo una de las manijas doradas del ataúd, y su madre en el otro extremo, caminaron un trecho de 50 metros en medio de un silencio ensordecedor.
Todo el pueblo acompañó a esos padres en su duelo. Después de unos minutos, ambos se retiraron, todavía sin poder asimilar la tragedia que les arrebató a su hijo.
