Testimonios de los amigos del estudiante que protagonizó un tiroteo en una escuela de Santa Fe: “parecía en trance

Los estudiantes que compartían clases con G.C. aún no salen del asombro. Se reunieron en silencio, observándose sin palabras en una esquina frente a la Escuela N° 40 Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe. El lugar donde, unas horas antes, el joven de 15 años entró con una escopeta 12/70, disparando y acabando con la vida de Ian Cabrera Núñez, de 13 años.

Durante la noche del lunes, se organizó una concentración masiva frente al colegio. Presentes, sus compañeros de clase parecían aún incrédulos. Evitaron mencionar su nombre, usando simplemente “el chico” para referirse a G.C.

Impacto del suceso: testimonios en primera persona

Un joven, vestido con una camiseta de los Chicago Bulls con el emblemático número 23 de Michael Jordan, mantenía la mirada lejana. Al ser abordado por Clarín sobre cómo se sentía, respondió sin dudar: “Estoy conmocionado por todo esto”.

“Lo de esta mañana fue un verdadero desastre, una situación desesperante, chicos corriendo al escuchar los disparos”, expresó, visiblemente afectado.

Este adolescente fue testigo directo de la tragedia. Otro amigo narró lo que ocurrió minutos antes de las 7:15 de la mañana de ese lunes, cuando el drama y el caos irrumpieron en una tranquila comunidad de alrededor de 15 mil habitantes, al norte de Santa Fe.

Momentos previos al incidente

Como cada jornada, los estudiantes del colegio secundario Mariano Moreno ingresaban por la entrada principal en la calle Bullo, número 1400. Otros utilizaban una entrada lateral en bicicleta que conecta con el patio del colegio.

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G.C. arribó en su motocicleta, como de costumbre. Un testigo aseguró que ingresó por una entrada lateral hacia el patio techado donde se encuentran las aulas. Varios estudiantes también estaban allí, acostumbrados a dejar sus mochilas en la puerta del aula antes de dirigirse al otro patio donde se iza la bandera.

Reacciones ante el horror

“Dejó la moto y entró por detrás hacia la cancha de fútbol. Llevaba la mochila en una mano y con un suéter cubría el arma. La portaba sin resguardo desde su casa”, explicó uno de los estudiantes, cuya identidad se reserva por ser menor.

“¿Dónde queda el baño?”, preguntó. Esto desorientó a su amigo, ya que G.C. conocía bien las instalaciones del colegio donde había pasado años.

Un saludo de un joven que se quedó mirando su teléfono, sin sospechar que unos segundos después, un evento traumático cambiaría la vida de todos los presentes.

El caos y la desesperación

Se escuchó un estallido que paralizó a todos, recordó. Esto fue seguido por un segundo disparo. Lo que siguió fue el caos: gritos, carreras y pánico entre cientos de adolescentes de entre 13 y 17 años.

Desafortunadamente, Ian Cabrera Núñez estaba en medio del caos. Su destino fue trágico, siendo el hijo único de un matrimonio compuesto por una maestra jardinera y un empleado municipal.

“Corrimos en todas direcciones. El portero intervino, le quitó el arma y le preguntó qué hacía. Sin comprender lo sucedido, solo respondió que había ido a cazar el fin de semana”, recordó el testigo clave.

Se mencionó que G.C. actuaba “como en trance” momentos antes de la tragedia.

Los alumnos coincidieron en que el ataque no fue premeditado. Aseguraron que, de haber esperado cinco minutos más y acercarse al patio donde se izaría la bandera, la tragedia podría haber sido mayor, ya que más de cien estudiantes se reunirían allí.

Muchas de las bicicletas de los estudiantes aún se encuentran dentro del colegio el martes siguiente, ya que no retornaron a recogerlas después de escapar para salvarse.

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Perfil del joven involucrado

Los compañeros de curso describieron a G.C. como una persona “negativa, aislada y sin interacciones externas”, pero mencionaron que en el último verano “mejoró” al comenzar a socializar más.

“Siempre se mantuvo discreto”, comentó otro estudiante. Coincidieron en que enfrentaba “muchos problemas familiares” y dificultades externas de las que nunca hablaba.

No aceptaba ayuda fácilmente, relataron sus amigos. Le gustaba frecuentar el gimnasio y jugar al básquet en las canchas del club Racing de San Cristóbal, aunque dejó de hacerlo de un día para otro pese a la insistencia de sus amigos.

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En cuanto al arma utilizada en el trágico suceso, mencionaron que nunca hizo alusión a ella, pero que tenía conocimiento de que su abuelo lo llevaba de caza. Otros señalaron que también salía con el padrastro, la pareja actual de su madre.

“Nunca esperé algo así de él. Aunque retraído, era un chico apreciado”, afirmó uno de los estudiantes, aún impactado.

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