Un Café Histórico y su Nueva Clientela
“No sé qué pasa, estoy sorprendido por esta invasión”, dice, entre risas y algo confundido, Corcho, un cliente habitual del Café Tabac. Este jueves, como de costumbre, fue a disfrutar de su aperitivo nocturno y descubrió que no había espacio disponible.
“El lugar estaba lleno, una locura sin explicación”, sonríe Corcho. “Con Pipín Sinverbauen, mi perro salchicha, nos quedamos sin nuestra parada indispensable de todas las noches”, relata el importador, quien frecuenta el café desde los años ochenta.
Una Esquina Emblemática
Situado en la distinguida esquina de Coronel Díaz y Libertador, Tabac ha sido un lugar habitual para políticos, empresarios y celebridades del espectáculo. “Aquí vienen a socializar sin preocuparse por ser reconocidos. Este ha sido el caso durante años; políticos, ministros, jueces pasan por aquí. Venir significa ser visto”, comenta Mariano Giménez, gerente desde hace diez años.
Giménez, confiado cuando habla, se muestra inseguro al abordar el tema del inesperado influjo de jóvenes que ha estado llenando Tabac desde octubre, una tendencia que se intensificó entre diciembre y febrero. “Esta no era nuestra expectativa, pero hemos aceptado la situación. Es crucial mantener el orden y el respeto para evitar problemas. Todo está bajo control por ahora”.
El Impacto de las Redes Sociales
Según Giménez, las publicaciones virales en redes sociales sobre el café transformaron a Tabac en un atractivo para un público diferente, ajeno a su tradición. Era un espacio frecuentado por una clientela mayor, y ahora los jóvenes son comunes. “Además de las redes, temas sobre el café han aparecido en programas de televisión”. Se refiere a “Intrusos”, donde el conductor Rodrigo Lussich menciona “la esquina tradicionalmente de veteranos que ahora está repleta de jóvenes”.
El gerente admite que este tipo de comentarios no son bienvenidos. “Tampoco nos ayudan los influencers o los tiktokers. Queremos evitar complicaciones y, lo más importante, proteger a nuestra clientela leal, que no aprueba mucho lo que está sucediendo. Es una colisión generacional”.
La clientela joven ha tomado las noches del Café Tabac, conocido históricamente por atender a personas mayores. Corcho, un habitual, se expresa sobre la situación. “A los dueños, que están al tanto, tampoco les agrada mucho… No necesitamos más publicidad, pues la situación se está saliendo de control”, concluye Giménez.
Un periodista de Clarín llegó al bar pasadas las 23 horas de un miércoles reciente, encontrando el lugar lleno de jóvenes entre 20 y 30 años. Con el salón semi lleno, no había espacio en las mesas de afuera. “Pensamos que era algo temporal, pero desde octubre hemos visto este interés inusual. Para los camareros, esto es positivo; nos mantiene ocupados”, cuenta uno de ellos.
Hugo, camarero desde hace siete años, es un referente en la noche. Él, junto a Marcelo, Carlos y Roger, mantienen una buena relación con los clientes jóvenes; muchos los saludan con un beso. “Conozco a bastante porque vienen a menudo y se comportan. Aunque también hay rostros nuevos cada día”, comenta Hugo. Algunas chicas incluso le preguntaron si el lugar funciona como un espacio para conocer personas.
En un momento de calma, Hugo llama a Marcelo para responder algunas preguntas. “A veces los jóvenes vienen a hacer la previa antes del boliche, considerando que estamos cerca de lugares como Tequila, Africa y Caramelo. Prefieren los precios de aquí; un Aperol o un Negroni cuesta menos que en los clubes nocturnos”.
Hugo acompaña una cuenta a una pareja y llama la atención del cronista. “Ven aquí para ver mejor,” sugiere, mostrando la vista desde las mesas al aire libre donde se confirma la concurrencia. Aun cerca de medianoche, hay vehículos en doble fila esperando un lugar.
Carlos, uno de los más nuevos en el equipo, comenta sobre la experiencia. “Estoy desde hace tres meses y para mí, esto es lo normal. Mis compañeros me dijeron que antes era más tranquilo. Me agrada esta nueva dinámica,” dice. “Hoy, un joven me pidió entregar su Instagram a una chica en otra mesa; es común ahora”.
Más de 150 personas ocupan las mesas al aire libre, y un rasgo curioso: los grupos están separados por género. “Aquí, lo que sucede, queda aquí”, bromea Jero, de 26 años. “Venimos varias veces a la semana; es un hallazgo descubrir este lugar. Lo conocimos a través de las redes sociales”.
A poca distancia, tres chicas solicitan otra mesa y preguntan sobre una silla vacía, lo cual inicia una pequeña conversación. “Mi abuelo me habló de este café, no sabía mucho al respecto, pero ahora lo visito con frecuencia”, menciona Tamara, estudiante de arquitectura. “Soy la única del grupo que trabaja, así que me retiro antes”, dice Micaela. “¿Si sucede algo especial? A veces nos invitan unos tragos, pero no pasa mucho más. Aquí se puede conversar, al menos”.
A pesar de la multitud, el ambiente se mantiene respetuoso. “Pedimos a veces que moderen su comportamiento, pero suelen comportarse bien”, indica Hugo. Les recuerdan a los jóvenes el valor histórico de Tabac y la importancia del respeto.
En el interior, Norberto, cliente de toda la vida, comenta: “Me alegra ver el bar activo, siempre que sea respetuoso. Pero, personalmente, prefiero el antiguo ambiente de buena atención”.
En la esquina, bajan cuatro jóvenes de una Hilux y ocupan una mesa rápidamente, seguidos por más clientes bien vestidos. Las mesas se llenan casi al instante. “A veces se quedan un rato más tarde del horario de cierre”, añade Hugo.
Dos chicos de una mesa giran sus sillas y son recibidos por dos chicas, comenzando una conversación. Hugo, ahora un cómplice de la noche, observa y sonríe. “Esto ocurre seguido; hay coincidencias afortunadas”, ríe. Las chicas en la mesa contigua capturan el momento con una foto, reconociendo a los mismos chicos del día anterior.