Lección aprendida tras error: Agostina Páez regresa a Argentina tras dos meses detenida en Brasil por racismo

“Hola Argentina” fueron las primeras palabras de Agostina Páez al descender del avión a las 19:10 de este miércoles en el Aeroparque Jorge Newbery. Tras días de alta tensión y muchas emociones, la abogada de Santiago del Estero, quien estuvo 75 días arrestada en Río de Janeiro por comportamientos racistas en un bar, regresó a su patria.

Su llegada al país

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Viajando en el vuelo 1903 de Aerolíneas Argentinas junto a su padre Mariano y sus abogados, Sebastián Robles y Carla Junqueira, Agostina expresó su agradecimiento al equipo legal y al vicecónsul Maximiliano Alaniz por el apoyo en los momentos difíciles. Antes de despegar, publicó una foto con su abogada y un mensaje de alivio: “Misión de rescate cumplida”.

Llevando una camiseta negra, jeans oscuros y zapatillas blancas, Agostina llegó a Buenos Aires, donde planifica pasar la noche antes de continuar su viaje a Santiago del Estero el jueves.

Sentimientos a su llegada

A pesar del visible cansancio, Páez se mostró cordial con la multitud de periodistas que la esperaban luego de su vuelo. Expresó su felicidad y alivio al poder estar nuevamente en Argentina tras dos meses y medio detenida. En compañía de su padre y la abogada Carla Junqueira, habló con el diario Clarín: “Es una mezcla de emociones. Estaba con miedo hasta el último momento, cada paso que daba en el aeropuerto, en Migraciones, rogaba que nada saliera mal. Cuando el avión despegó de Río de Janeiro, sentí una gran liberación. Llegar a Buenos Aires fue como volver a respirar”.

El reencuentro de Agostina con su padre en el Aeroparque.
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Sonríe ligeramente, deseando descansar, pero mantiene su cortesía al responder a la prensa. “Siento que hubo un trato excesivo hacia mí, quizás por ser argentina o por quién soy. Admito mi error, lo he reconocido y lo reitero, pero parece que querían usar mi caso como ejemplo. Mi reacción no fue apropiada, pero hubo antecedentes que nadie consideró importantes”.

Agostina reflexiona sobre su experiencia: “Lo que viví cambia mi vida para siempre. Aunque fue duro y tuve un miedo indescriptible, aprendí una lección. Mi error me enseñó algo y, aunque con dolor, esto me convertirá en una persona mejor, más reflexiva y menos impulsiva”.

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Regreso a su hogar

Con ansias de reunirse con su familia en Santiago del Estero, Agostina menciona: “Quiero ver a mi hermanita, estar con mi familia y mis amigas que fueron a Río conmigo y me apoyaron. Todas estaban muy mal, preocupadas, pero siempre firmes. Necesito volver a mi rutina por mi salud mental, trabajar, generar ingresos tras tantas pérdidas. Espero retomar todo la próxima semana”.

Después de pagar una fianza de 18.500 dólares, la Justicia de Río de Janeiro permitió que le retiraran la tobillera electrónica, permitiéndole salir de Brasil, acompañada por su padre desde el momento del juicio el 24 de marzo. Agostina fue acusada de un solo episodio de injuria racial, realizando trabajos comunitarios en Argentina y compensando económicamente a las víctimas.

La joven abogada regresó tras 75 días detenida por gestos racistas.

Originalmente, Agostina enfrentó tres acusaciones de injuria racial, cada una con potenciales 15 años de cárcel según la ley brasileña, pero la fiscalía finalmente se centró en un único evento afectando a tres personas conjuntamente.

Desde el 14 de enero, cuando ocurrieron los hechos en Barzin Bar de Ipanema, la joven estuvo en Río. Fue filmada haciendo gestos racistas saliendo del local, después contactada por la policía, le retuvieron el pasaporte desde entonces y fue puesta en arresto domiciliario.

“El peor episodio de mi vida”, dijo Agostina después del juicio donde pidió disculpas al juez y las víctimas, las cuales aceptaron sus disculpas.

Antes de la audiencia, nerviosa, dijo una frase impactante: “Si voy a la cárcel me mato, literalmente”.

Estancia en Buenos Aires antes de su regreso a Santiago del Estero.

Durante más de dos meses, denunció amenazas de diverso tipo sufriendo miedo constante, calificándolo como “un calvario”. Vivió en un alojamiento alquilado, monitoreada, y temía salir a las calles. Aunque el regreso parecía seguro tras la audiencia, hubo dilaciones porque se filtró la compensación económica de 150 mil dólares a las tres víctimas. Su defensa presentó un hábeas corpus, finalmente aceptado para su retorno.

MG

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