Dos familias afectadas: la perspectiva del círculo cercano del joven de 15 años implicado en el trágico incidente con un chico de 13 en una escuela de Santa Fe

En la intersección de Caseros y Alberdi se encuentra la tienda de mascotas “Gretter”, conocida por ofrecer alimentos para perros, gatos y otros animales. Este establecimiento es uno de los más veteranos de San Cristóbal, con una trayectoria de más de dos décadas en la zona.

Este es el negocio de la familia de G.C., el joven de 15 años que, el lunes pasado, le quitó la vida a Ian Cabrera Núñez, de 13 años, disparando una escopeta en el recreo de la escuela N° 40 “Mariano Moreno”.

Ellos también poseen una distribuidora de gas ubicada justo enfrente. Los residentes del área los conocen desde hace mucho tiempo, ya que siempre han vivido en el mismo entorno.

La madre y su entorno

Aparte de gestionar el comercio, la madre del adolescente es educadora en jardines infantiles, aunque desde hace dos años se encuentra con licencia médica. Curiosamente, la madre de Ian también trabaja con niños en educación inicial.

La madre, separada del padre de sus hijos, tiene una hija estudiando en la capital de Santa Fe y ha estado en una relación con un policía retirado desde aproximadamente un año atrás.

La víctima vestía la camiseta del Independiente de San Cristóbal.

Personas cercanas a la familia expresaron a Clarín que, una vez que el dolor se calme, la madre hablará al respecto. Afirmaron que “aquí hay dos familias que son víctimas” y que ella “sufre más por la familia del fallecido que por su propio hijo”.

Protección y apoyo al joven

El joven permanece junto a su madre en una ubicación mantenida en secreto y conocida solo por ella y las autoridades judiciales. Ella actúa como su referente afectiva y asume la responsabilidad legal según el Código Procesal Penal para menores, que protege al acusado debido a su edad.

Una persona allegada a la familia describió a G.C. como un “chico reservado” al que había visto varias veces en la tienda. “Es un joven sano que no suele conversar con la gente. Le interesaba cazar, pero no lo hacía frecuentemente. No sé si lo hacía con su padre en algún momento”, comentó.

Referente a la relación con su padre biológico, solo mencionó que “es completamente ausente”, y que era la madre quien se encargaba de todo en la vida del adolescente.

“La madre no solo proveía para sus hijos, sino que también gestionaba dos negocios. Tuvo que renunciar a uno debido a las largas jornadas de trabajo, de más de 13 horas al día, lo cual le afectó. Hacía todo por sus hijos”, subrayó.

Un hogar y vecinos sorprendidos

Vigilia con velas tras la tragedia de Ian. Foto por Marcelo Carroll/Enviado especial.

Néstor Oroño, abogado de la familia del adolescente, señaló que el padre reside en San Jaime de la Frontera, ubicada en Entre Ríos, a una distancia de 516 kilómetros.

Al preguntar quién enseñó al menor a usar la escopeta, los detalles proporcionados por el portero que logró detener al tirador indican que “era bastante ágil para operar, recargar rápido y disparar, parecía tener experiencia”. Oroño respondió: “No lo sabemos. Realmente no tenemos esa información”.

Los vecinos los describen como una familia educada y tranquila. Aún no pueden asimilar que el adolescente haya sido el autor de un suceso que quedará en la memoria de San Cristóbal.

Proceso judicial y medidas inmediatas

Pese a la no imputabilidad de G.C. debido a su edad, se realizará este viernes a las 9 de la mañana la audiencia en los tribunales de San Cristóbal para atribuirle el suceso, tras lo cual se espera una rueda de prensa de los fiscales del Ministerio Público de la Acusación (MPA) de Santa Fe, detallando el progreso de las investigaciones.

Además, el jueves pasado, la Policía Federal Argentina (PFA) llevó a cabo varios allanamientos en San Cristóbal, incluyendo los realizados en la casa y el negocio de la familia del menor.

Un joven distinguido y sus logros académicos

Cerca del final del año escolar pasado, en el patio de la institución educativa donde G.C. era alumno, con más de 300 estudiantes, maestros y familiares presentes, el joven fue honrado con un diploma por ser notablemente distinguido como el mejor compañero del segundo año.

Nadie podía imaginar que, apenas cinco meses después, en el mismo escenario de reconocimiento, el joven protagonizaría un suceso tan desdichado.

“Estaba feliz al recibir el diploma”, mencionó una maestra del colegio, mientras que otra docente agregó que el joven “era un estudiante sobresaliente, atento y con buen ojo para los detalles”.

Un desenlace desafortunado

Justo a las 7 de la mañana del lunes, antes de izar la bandera, G.C. usó una escopeta para disparar: asesinó a Ian y dejó heridos a otros ocho estudiantes. El portero de la escuela, Fabio Barreto, fue quien lo inmovilizó y evitó que la catástrofe fuera peor.

Despedida de los restos de Ian. Foto por Marcelo Carroll/Enviado especial.

“No lo pensé, simplemente actué y logré reducir al chico”, relató Barreto, quien añadió: “La primera imagen fue la de él apuntando a los estudiantes con la escopeta. Vi a Ian ya en el suelo. Cuando volvió a disparar, corrí hacia él. Se asustó al verme y cuando intentó disparar nuevamente, el arma no funcionó.”

El pueblo de San Cristóbal aún no se recupera del shock provocado por el trágico incidente, y el temor resurgió el miércoles pasado después de que se distribuyera por WhatsApp un mensaje que advertía de un posible nuevo ataque, generando alarma entre los padres y estudiantes de escuelas primarias y secundarias en esta localidad del norte de Santa Fe.

El mensaje decía: “Hola chicos, ¿cómo están? Para algunos de la Nacional, Agrotécnica o Comercio, si alguien está en Comercio, necesito su atención: hay rumores de otro tiroteo en la escuela Nacional, quizás. Supuestamente, como el Plan A, del ‘chino’ (sic) fracasó, implementarán un Plan B para atacar en grupos. Podrían ser tres o cuatro chicos fuertemente armados, quizás portando armas de distintos calibres. Se rumorea mucho y tengo un audio que lo explica casi todo, supuestamente, todo ya está organizado”.

La escopeta 12/70 y el cinturón de cartuchos usados en el ataque.

Frente a esta situación, en una de las escuelas principales de la localidad, cercana a la Iglesia San Cristóbal, una madre decidió recoger a sus hijos, expresando: “Me los llevo a casa, es más seguro”.

Entre las 14 y las 16 horas, unos 40 estudiantes fueron retirados por sus padres, representando más del 13,5% del alumnado escolar.

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