De médico en Lanús a aspirar a ser la primera argentina en el cosmos: un sueño espacial con rumbo a la NASA

En la NASA, el destino de un aspirante a astronauta se comienza a trazar desde el primer instante en que llega a la estación estadounidense. El consejo de un profesor o mentor puede determinar el futuro de quienes aspiran a viajar al espacio.

“Al finalizar las rotaciones, los mentores redactan un informe que indica si nos recomiendan o no, y este documento permanece archivado en la NASA de manera indefinida”, comenta Lorna Evans, una doctora argentina que, tras años de perseverancia, estudio, comunicaciones por correo y tocar puertas, logró llegar a la estación espacial más relevante del planeta.

“Cuando abrí el correo, no podía creerlo. Casi me da un infarto. Lo imprimí enseguida. Tenía todos los sellos, y mi nombre, fue un momento increíble”, relata sobre el instante en que fue aceptada por la NASA para realizar una práctica. Era su cuarto intento de inscripción.

En la actualidad, esta mujer de 37 años colabora con la agencia. Sueña con ser astronauta y avanza cada día más hacia ese anhelo.

El camino hacia este presente comenzó en un lugar alejado de Texas, en el sur del conurbano bonaerense. Lorna nació en Lanús y creció en Avellaneda. Su padre es médico intensivista y su madre trabajó como bibliotecaria hasta su retiro.

Su vida familiar transcurría entre la escuela en Barracas, el club de Regatas de Avellaneda y los veranos en Capilla del Monte. Desde pequeña manifestaba una curiosidad científica, explorando y haciendo preguntas sobre todo.

“Siempre fui curiosa, preguntaba sobre todo. Miraba ‘El laboratorio de Dexter’ y pensaba: ‘Quiero ser como Dexter, científica, hacer experimentos'”, recuerda. Su padre fomentó su pasión por la ciencia y su madre por los libros.

“Siempre me motivó su dedicación con los pacientes. Decía: ‘Doy todo en la terapia, porque ya no hay más que hacer’. Esas palabras siempre quedaron en mi mente”, cuenta Lorna, quien tras terminar la escuela ingresó a la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

No estaba completamente decidida. Consideró estudiar para ser piloto o ingeniería aeronáutica o nuclear antes de optar por Medicina. Durante sus estudios, no abandonó sus otras inquietudes.

Mientras cursaba, estudió idiomas, jugó al tenis y comenzó a volar. En 2017, se graduó como médica y piloto privado. “Siempre tuve una gran pasión por volar”, admite. Este interés por el vuelo sería crucial años después.

Evans pasó un par de meses haciendo investigación en la NASA.

Al graduarse, Lorna buscó la manera de unir la medicina con su amor por el espacio. En Argentina, no logró hallar muchas opciones, por lo que optó por viajar a Estados Unidos para intentar suerte.

Se instaló en Birmingham, Alabama, con una visa de turista y los ahorros que juntó trabajando en su país. La adaptación fue difícil, extrañaba su entorno y la vida en Buenos Aires.

Pero en medio de todo conoció el amor y se casó con su esposo estadounidense. Dos años después, consiguió la ciudadanía, un requisito esencial para ser candidata a astronauta de la NASA.

El sendero hacia la medicina aeroespacial

No todo fue sencillo. A Lorna le resultó difícil encontrar trabajo en EE. UU. Para practicar medicina, tuvo que validar su título extranjero y superar varios exámenes. Enviaba correos electrónicos a hospitales y universidades por meses.

“Era una argentina con residencia permanente y un título extranjero. Enviaba unos 200 correos por día. Obtener trabajo en investigación como médica argentina tampoco era fácil”, recuerda.

Realizó múltiples observerships, una forma de pasantía donde los estudiantes o médicos extranjeros se convierten en sombras de un profesional para aprender prácticas clínicas, observando y aprendiendo sin intervenir.

La oportunidad llegó gracias a otro argentino. Por medio de un contacto, le escribió a un cirujano de la clínica Mayo en Jacksonville, Florida, y colaboró con él un mes en cirugía robótica.

El médico, impresionado por su trabajo, la invitó a continuar investigando. Así comenzó su relación con la renombrada Mayo Clinic.

Allí conoció a una especialista en medicina aeroespacial, que luego se convirtió en su mentora. “Me indicó qué cursos debía hacer. Ella no pudo entrar pero me aconsejó, diciéndome que eran clave para mi carrera”, rememora Lorna.

Evans intentó ingresar tres veces a los programas de formación de la NASA y fue rechazada. “Tras la tercera vez me frustré tanto que quise rendirme. Los cursos se abren dos veces al año: en abril y septiembre”, rememora.

Un profesor, conocido en un evento aeronáutico, la motivó a seguir intentándolo. “Me dijo: ‘No te rindas. Me rechazaron siete veces. Si te apasiona, alguna oportunidad se abrirá’”. Lo intentó una vez más, y al cuarto intento, llegó la esperada aceptación.

El programa inicial duró un mes, trabajando en un proyecto sobre comunicaciones láser para misiones espaciales y sus posibles efectos en astronautas. Este trabajo fue presentado en la NASA y fue base para recomendaciones operativas.

Luego aplicó a la Aerospace Medicine Clerkship en la NASA y en el primer intento fue aceptada. Evans estudió temas como microgravedad, fisiología espacial y salud de astronautas por un mes. “Ser aceptada por segunda vez fue increíble, no podía creerlo”, narra.

En uno de sus estudios, analizó una década de datos sobre niveles de dióxido de carbono en la estación espacial internacional, y sus efectos en la tripulación. El estudio se presentó en el congreso ASMA. Dos especialistas de la NASA le proporcionaron cartas de recomendación, valiosas para su currículum.

“El ambiente aeroespacial es pequeño y difícil. Los principales investigadores son la NASA o pilotos militares. Actualmente, hemos presentado un trabajo para el congreso ASMA, uno de los más importantes de EE. UU.”, explica.

Paralelamente, fundó, junto a colegas, la Asociación Latinoamericana de Medicina Aeroespacial, Ingeniería y Biotecnología (AIMA). “Queremos iniciar un curso de medicina aeroespacial en la UBA para proporcionar acceso a los argentinos. En noviembre, haremos un congreso para formar a los jóvenes”.

El Congreso Latinoamericano de Medicina Aeroespacial ofrece un espacio para profesionales interesados en el sector aeroespacial.

“Vengo de una clase media baja, todo me costó. Gracias a la universidad pública, pero muchos no tienen acceso ni siquiera a eso. Queremos ofrecer pasantías y que haya argentinos especializados en aeroespacial”, dice.

“Siempre soñé con el espacio”

Actualmente, Lorna sigue investigando para la NASA, con un currículum cada vez más sólido.

Su próximo paso es obtener una residencia de cuatro años en medicina aeroespacial en la Universidad de Texas Medical Branch, aunque “sólo hay una vacante en todo EE. UU. y la competencia es feroz”, comenta.

La argentina aspira a formar parte de la misión Artemis III.

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“Ya me conocen. Saben que estoy siempre presente. Tengo buenas recomendaciones, lo más difícil son las cartas en medicina aeroespacial, aunque ya estuve dos veces en la NASA. Les propuse unos trabajos y aceptaron”, expresa Lorna.

Su mayor ambición es convertirse en astronauta: “Siempre lo quise desde joven”.

Sabe que el camino es largo, competido por miles. Para algunas misiones de la NASA, hubo más de 15.000 postulantes. Sueña con ser seleccionada para la misión Artemis III, destinada a llevar al hombre de regreso a la Luna.

“El primer requisito es ser ciudadano estadounidense y tener un título universitario”, dice. Lorna sabe que cada paso, desde la investigación hasta las recomendaciones, la acerca a su sueño. “Si no llego a ser astronauta, está bien. Al menos lo intenté todo”, confiesa.

Recientemente, Lorna se postuló como astronauta análoga para el programa Hera de la NASA. “No implica ir al espacio pero es similar. Se vive la experiencia, durante 45 días, encerrado, sin salir”, detalla.

De los 15.000 postulantes, se escogen 20 y de ahí, cuatro para la misión. “Van a la estepa rusa, Antártida, hacen aislamiento y simulaciones. Es riguroso: 12 meses”, cuenta Lorna.

En una charla en Colorado, Lorna conoció a Jessica Watkins, astronauta de la NASA que voló al espacio en 2022, y tomaron una foto juntas. Luego coincidieron en la base espacial.

“Dije: ‘Jessica, estoy aquí, ¿recuerdas?’ y le mostré la foto. Ella respondió: ‘Es increíble. Te felicito por tu esfuerzo, lo lograste’. Como buena argentina, hay que intentarlo hasta el final”, concluye Lorna Evans.

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