En un país donde las dificultades económicas y sociales son comunes, con elevados índices de informalidad laboral y pobreza entre jóvenes y jubilados, las divisiones en la sociedad son profundas y la política frecuentemente se ve comprometida por la corrupción o un lenguaje inapropiado. A pesar de estos problemas, hay un aspecto positivo en el que Argentina sobresale a nivel mundial: el enfoque hacia la familia.
Un informe del Global Mind Health 2025, elaborado por la organización estadounidense Sapiens Labs, ha revelado que, a pesar de las tensiones y desafíos que viven millones de argentinos, el país se posiciona entre los líderes mundiales en cuanto a la importancia de los lazos familiares, basándose en una encuesta realizada a nivel mundial en la que participaron más de 200,000 personas de entre 18 y 34 años de 80 diferentes naciones.
Puesto destacado para Argentina
Según el estudio, los argentinos ocupan el segundo lugar a nivel mundial en términos de cercanía familiar. Este resultado se derivó de preguntas que pedían a los encuestados categorizar su relación con familiares en una escala de proximidad. En un notable empate por este segundo puesto se encuentra Finlandia, con un 70% de respuestas positivas, mientras que República Dominicana obtuvo el liderazgo con un 72%.
El informe destaca que el mundo hispanohablante prevalece en los rankings globales en cuanto a vínculos familiares sólidos. América Latina, específicamente, es reconocida por su capacidad de mantener fuertes relaciones sociales y familiares, las cuales son vistas como un soporte ante los retos de salud mental.
Percepción y bienestar familiar
El informe también indica que las relaciones familiares débiles pueden correlacionarse con problemas de salud mental, insinuando que aquellos con vínculos familiares menos sólidos tienen más probabilidades de experimentar dificultades emocionales y sociales.
Adicionalmente, el estudio analizó personas mayores de 55 años. En Argentina, las respuestas de este grupo etario mostraron una mínima diferencia con las de los jóvenes en términos de conexión familiar. Sin embargo, el país ocupó el puesto 49, destacando una diferencia en cuanto a la intensidad de estos lazos en diferentes edades.
Contexto regional y los lazos familiares
Consultada sobre estos resultados, Verónica Giménez Béliveau, del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales del Conicet, relacionó los datos del informe con estudios sobre la cultura y religión en Argentina. Explicó cómo las dinámicas familiares se ven transformadas en contextos de crisis, destacando la importancia de la familia extendida como una característica de las sociedades latinoamericanas.
En su análisis, Béliveau subrayó que en América Latina el concepto familiar incluso se expande más allá de los lazos sanguíneos, incorporando el apoyo de personas no necesariamente de la familia directa pero que cumplen un rol similar debido a la cercanía y necesidad mutua.
Rituales familiares como soporte
La socióloga también abordó cómo los elementos espirituales y religiosos se entrelazan con los vínculos familiares, actuando como agentes de cohesión y transmitiendo tradiciones y valores. Esta transmisión familiar de espiritualidad se ve como un aspecto que contribuye al bienestar en la región.
La unión y el regreso al núcleo familiar para sobrellevar desafíos económicos es algo común en la región, a menudo no replicado en otras partes del mundo, donde los adultos jóvenes no suelen regresar a sus hogares de origen. Esto evidencia una diferencia cultural significativa.
El valor de la reunión familiar
Esteban Baigun, alguien que ejemplifica esta conexión familiar, habla sobre la importancia de las reuniones con sus seres queridos. Según él, los momentos más valiosos se encuentran rodeados de su familia, que traduce en reuniones regulares con los suyos, celebrando tanto lo cotidiano como lo especial, fortaleciendo el tejido que los une.
Así, a pesar de los retos cotidianos, la familia sigue siendo un pilar fundamental en la vida de muchos argentinos, representando no solo una fuente de apoyo, sino también una razón de felicidad y refugio.
Colaboró: Fernanda Godoy (Maestría Clarín – Udesa)
AS