De la caída soviética a la competencia china: cómo evoluciona el escenario global hacia la conquista lunar

La marca de Eugene Cernan, el último hombre que pisó el suelo lunar en diciembre de 1972, permaneció por más de cinco décadas como un recordatorio de nuestra presencia en otro mundo. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿por qué la humanidad tardó tanto en regresar a la Luna, más que lo que tardó en llegar inicialmente? Ahora, con el lanzamiento planificado de la misión Artemis II, ese prolongado silencio lunar llega a su fin con un nuevo enfoque. La nueva meta no es la rapidez, sino establecer una base para utilizar la Luna como plataforma intermedia para futuras misiones hacia Marte.

Geopolítica de la era Apolo

El proyecto Apolo nació no de una pasión científica, sino de las tensiones geopolíticas de la Guerra Fría. Al llegar a la Luna con Armstrong, se logró el verdadero propósito del proyecto y ya no había necesidad de continuar. Tanto el divulgador Daniel Marín como el astrofísico Neil deGrasse Tyson coinciden en que el impulso no fue la curiosidad, sino la rivalidad política. Tyson argumenta que, tras superar a los rusos, la motivación política desapareció, y sin interés militar, el financiamiento a la NASA cayó drásticamente. En los años 60, la NASA recibió cerca del 5% del gasto federal, que se ha reducido a un 0.5% actual.

Después del éxito de Apolo 11, el fervor por la exploración espacial era tal que se veía la llegada a Marte como un objetivo claro y no como un sueño fantástico.

Obstáculos a Marte

Wernher von Braun, el ingeniero detrás del cohete Saturno V, presentó al presidente Richard Nixon un plan detallado para una misión a Marte en 1982. No obstante, los desafíos económicos y políticos de la época, incluidos los gastos de la Guerra de Vietnam, llevaron a Nixon a rechazar el financiamiento, poniendo fin al sueño de la exploración interplanetaria.

Imagen capturada con una cámara de 70 mm de la huella de Buzz Aldrin en la Luna.

Lo que se soñaba en los años 80 se desvaneció en un “paréntesis” prolongado durante el cual la NASA enfocó sus esfuerzos en el programa de transbordadores, lo cual limitó la exploración humana a la órbita baja de la Tierra, postergando las ambiciones marcianas durante cerca de 50 años.

La ausencia rusa en la Luna

A pesar de liderar en varios hitos espaciales, la Unión Soviética fracasó en su ambición lunar debido a una serie de desastres técnicos y pérdida de liderazgo. Su gran reto fue el cohete N1, diseñado para rivalizar con el Saturno V, pero que explotó en todas sus pruebas, ilustrando una complejidad que no pudo ser superada. Con la muerte de Sergei Korolev en 1966, el programa se fragmentó y enfrentó recortes de presupuesto, redirigiendo su enfoque a estaciones espaciales como la Mir, abandonando el sueño lunar.

Nixon saludando a los astronautas en las primeras misiones espaciales.

Lecciones del desastre del Challenger

Con la cancelación del plan para Marte, la NASA invirtió en el Transbordador Espacial, confinado a la órbita terrestre y abandonando misiones de largo alcance. La tragedia del Challenger en 1986 reveló la negligencia frente a advertencias sobre las temperatura. Richard Feynman, en la Comisión Rogers, demostró que los anillos de goma perdían efectividad al congelarse. Este accidente simbolizó una burocracia prevalente sobre la ciencia. La jubilación del Transbordador en 2011 dejó a Estados Unidos sin transportes propios al espacio, dependiendo de Rusia, hasta que SpaceX, liderado por Elon Musk, devolvió la autarquía espacial a EE. UU. en 2020.

El accidente del Challenger forzó un cambio en la NASA hacia una postura más conservadora, elevando los costos operativos del Transbordador a niveles insostenibles hasta su retiro en 2011, dejando a EE.UU. sin capacidad de vuelo espacial autónoma la década posterior.

Durante este tiempo, Estados Unidos recurrió a Rusia para enviar astronautas a la Estación Espacial Internacional, pagando costosos precios por asiento en las cápsulas Soyuz, hasta el resurgimiento de SpaceX, que revolucionó el sector con tecnología reutilizable.

La tragedia del Challenger cobró la vida de múltiples astronautas, entre ellos una maestra, marcando el fin de los programas de cohetes espaciales de EE.UU.

China y el renacimiento lunar

La nueva carrera lunar está impulsada por China, que en 2019 logró amartizar en la cara oculta de la Luna y planea su primer alunizaje tripulado para 2030. Bill Nelson, jefe de la NASA, destacó la urgencia de liderar esta competencia para prevenir que China monopolice recursos estratégicos en el Polo Sur lunar, especialmente agua en forma de hielo, vital para la producción de combustible.

China ha desplegado un rover en el lado oculto de la Luna.

La participación de Elon Musk en la exploración moderna

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Con SpaceX, liderada por Musk, EE.UU. puso fin a su dependencia de los cohetes Soyuz rusos tras el retiro de los transbordadores en 2011. La empresa introdujo el Falcon 9, primer cohete orbital reutilizable, y desarrolló la Starship, el módulo de descenso de Artemis, reduciendo costos de lanzamiento y promoviendo la eficiencia logística.

Neil deGrasse Tyson destaca que la colaboración publico-privada permite al Estado asumir riesgos científicos mientras el sector privado garantiza la logística, asegurando que esta vez la Luna sea un punto de apoyo hacia Marte, más allá de un símbolo.

Las naves de SpaceX transportan pasajeros a la Estación Espacial Internacional.

La cápsula Orión, aunque parte crucial del programa Artemis, es fruto de la NASA y Lockheed Martin, con la cooperación de la Agencia Espacial Europea. Diseñada para resistencia en el espacio profundo, su rol principal no incluye alunizar. Es SpaceX quien, a través de Starship, se encargará del aterrizaje lunar, acoplándose con Orión para el traslado de astronautas.

El retorno al espacio interestelar

Artemis II marca el regreso de misiones tripuladas más allá de la órbita terrestre tras más de cinco décadas. A bordo de la Orión se encuentran los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. A diferencia de las misiones Apolo, Artemis II seguirá una trayectoria de retorno libre, lo que permitirá aprovechar la gravedad lunar para el regreso sin necesidad de gran impulso motor.

Hoy en día, regresar a la Luna implica desafíos significativos debido a los avances en estándares técnicos y éticos. Mientras las misiones Apolo aceptaban riesgos altos, las de Artemis deben alcanzar un rigor sin precedentes en seguridad, evitando misiones simbólicas a favor de una presencia continua.

Esta era demanda avances tecnológicos revolucionarios, como sistemas de repostaje orbital y módulos de aterrizaje avanzados, lo que ha retrasado desarrollos críticos, incluyendo el de la Starship de SpaceX. La NASA ha debido ajustar estrategias, posponiendo alunizajes tripulados para asegurar una presencia humana constante y segura en la Luna.

Concluye Neil deGrasse Tyson que la Luna se convierte en un trampolín y estación de reabastecimiento. Artemis II es el ensayo crucial para que en misiones futuras como Artemis III, una mujer pise el satélite y comience una nueva era de asentamiento humano, proyectando futuras misiones a Marte.

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