Cómo las células inmunitarias se convierten en aliadas de la metástasis cerebral: el asombroso proceso

En épocas pasadas, se creía que la solución para erradicar el cáncer era aplicar una fuerza mayor para destruirlo. Sin embargo, la ciencia ha aprendido que la inteligencia puede desmantelar las tácticas tumorales de manera más efectiva. Un descubrimiento reciente, realizado por investigadores en España, podría representar un progreso importante en la comprensión de cómo tratar las metástasis cerebrales.

Datos de la Universidad Johns Hopkins y la Mayo Clinic indican que las metástasis en el cerebro, es decir, la aparición de un tumor cerebral debido a las células cancerígenas de otra parte del cuerpo, son más comunes que el cáncer cerebral primario. Se estima que estas son hasta cinco veces más habituales. Los cánceres de pulmón, mama y melanoma son los principales culpables de este tipo de metástasis.

Un avance en el entendimiento de la metástasis

A pesar de que el progreso en el entendimiento del proceso molecular de la metástasis es fundamental, hay que recordar que un reciente artículo titulado “Las microglías y macrófagos CD74+ inducidos por MIF promueven la progresión de la metástasis cerebral”, publicado en Cancer Research, se refiere a investigaciones preclínicas. Esto significa que los hallazgos todavía no se han probado en humanos, siendo la investigación realizada en animales y organoides creados a partir de tejidos humanos.

Las células inmunitarias en el papel contrario

Estos avances refuerzan la idea, respaldada por investigaciones globales y locales, de que muchos tumores poseen la habilidad de secuestrar ciertas partículas de nuestro cuerpo. Las células cancerígenas pueden, de alguna forma, lograr que elementos del sistema inmunológico, que deben protegernos, acaben favoreciendo al tumor.

En este escenario particular, las proteínas involucradas son CD74, que se encuentran en células inmunitarias llamadas macrófagos. Su función primaria es eliminar células dañadas y residuos extraños. Sin embargo, en algunos casos, estas mismas proteínas pueden ser manipuladas por células cancerígenas.

Microglía: clave en los tumores cerebrales

Guillermo Videla Richardson, investigador del Conicet, explica que la microglía es la población de macrófagos en el cerebro, y desempeña un papel crucial en los tumores cerebrales, adoptando un comportamiento que favorece su crecimiento. Esta reprogramación de macrófagos se conoce desde hace décadas, pero sigue siendo un foco de investigación crítica dada su importancia en la defensa inicial contra los tumores.

Los científicos han identificado mecanismos por los cuales los tumores consiguen “convertir” a los macrófagos, aportando detalles que antes no se conocían sobre este proceso.

Proteína CD74: dualidad en acción

La investigación dirigida por el CNIO de España encontró que CD74, una proteína de la microglía, interactúa con otra llamada MIF liberada por los tumores. Este hallazgo confirma algo ya sospechado por los oncólogos: estas proteínas pueden tener roles opuestos dependiendo del contexto biológico.

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Richardson y su equipo establecieron que CD74 tiene un efecto dual, favoreciendo tanto a la microglía como al desarrollo tumoral. Este comportamiento es independiente del tipo de cáncer cerebral, lo que resalta su importancia dentro del sistema nervioso central.

Un futuro para las terapias contra la metástasis

El estudio sugiere que la actividad de CD74 se correlaciona no solo con la metástasis cerebral, sino también con un peor pronóstico en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y la esclerosis múltiple. Un punto esperanzador es el potencial reposicionamiento de fármacos, como el ibudilast, que en Japón se utiliza contra el asma y que en estudios ha demostrado reducir la progresión de la metástasis cerebral en modelos experimentales.

No hay que olvidar que todo se ha probado en animales y tejidos cultivados, siendo un reto lograr que medicamentos penetren la barrera protectora del cerebro. Sin embargo, los resultados son prometedores.

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La investigación liderada por Richardson apunta a desarrollar un biobanco de células y organoides, con la esperanza de profundizar en el papel de proteínas como Galectina 1 en la reprogramación inmunitaria, destacando el potencial de estas proteínas como aliadas y obstáculo en la lucha contra el cáncer.

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