Adaptación al Cambio en Pinamar
La arena del litoral recibe los últimos rayos del sol mientras un celular notifica la llegada de un pago. Cercana al mar, una vendedora revisa su pantalla, asegura la transacción y luego entrega su mercancía.
En las costas de Pinamar, el típico sonido del cierre de las billeteras ha sido reemplazado por el “listo, llegó” que marca la conclusión de una venta. Poco a poco, el efectivo parece haber quedado en la sombrilla o incluso haberse olvidado en casa.
La Nueva Era de los Pagos
Alejandro Bedin recorre la playa con pelotas e inflables de colores. Al responder a la consulta de cómo prefieren pagar los turistas, afirma sin dudar: “la gente dejó de traer la billetera, ahora todo es con billetera virtual”.
Él confía en el uso de alias y cuentas bancarias, evitando el posnet debido a las comisiones que implica. Esta rutina se repite continuamente: móvil en mano, se asegura la transferencia antes de realizar la entrega.
Unos pasos más allá, Gabriel Báez, quien vende choclos, menciona estar aceptando más transferencias. “Por las transferencias, apenas he manejado efectivo esta temporada”, comenta.
Otro vendedor ambulante lo afirma sin dar rodeos: “el efectivo ya casi no se ve”. Es un sentimiento compartido por quienes recorren kilómetros de playa, con el móvil como herramienta esencial.
Darío Altamirano, dedicado a la venta de barriletes, señala un cambio significativo respecto a veranos anteriores. “Principalmente uso transferencias, es mucho más común ahora y nosotros también hemos tenido que adaptarnos”, explica.
Confiesa que al inicio dudaba de los pagos digitales: “el año pasado temía las demoras o ser víctima de fraude”. Sin embargo, con el tiempo, fue ganando confianza y el sistema se ha convertido en parte habitual de su día a día laboral.
Otro comerciante, que ofrece bebidas frías desde primera hora, verifica la tendencia: “el efectivo aparece de vez en cuando, pero predominan las transferencias. Apenas menciono el precio, me solicitan el alias”. Este nuevo método ofrece ventajas claras: menos cambio, menos billetes dañados, y menor riesgo.
Manuela Alderete, quien vende vestidos, comparte una escena casi ritual. Junto a una clienta observan el celular, y un momento después, Manuela sonríe y procede a completar la venta. “Más transferencias que efectivo, me pasan el alias y listo”, resume.
Los visitantes de Pinamar también confirman esta evolución. Tadeo, Manuel y Pablo, residentes de Buenos Aires, pasan su jornada en la playa pagando todas sus compras desde sus móviles.
“Usamos tarjeta o transferencia, todo es digital”, comentan. Tadeo detalla que emplea tecnología contactless, mientras Manuel añade categóricamente: “la billetera ya no es necesaria”.
Sobre sus toallas al sol, Oriana, Celeste y Victoria, provenientes de Quilmes, demuestran que no todos se adaptan al mismo ritmo. “Efectivo”, dice una; “transferencia”, responde otra; y, finalmente, “también transferencia”, insiste la tercera.
Celeste recalca que lleva su billetera solo al boliche. En contraste, Victoria afirma que solo recurre al efectivo para comprar ropa con descuentos.
Los miembros de la familia Pucheta, de La Plata, destacan su preferencia por las transferencias, reservando el efectivo para promociones. Incluso cuando el vendedor de churros pasa, eligen el celular para pagar. “El celular es suficiente para la playa”, afirman.
Entre los turistas, sillas de playa, vendedores y bolsos térmicos, el uso del efectivo se desvanece progresivamente en Pinamar. Este verano, la playa se mueve al ritmo de alias, QR y celulares, reflejando un cambio silencioso pero perceptible que redefine la vida junto al mar. Aquí, el requisito esencial no es una billetera, sino la carga completa del celular y una buena señal para garantizar que el pago se procesa.
