Son las cinco de la mañana y Pinamar aún descansa en su calma. La avenida que corre paralela a la playa, donde en jornadas soleadas posan turistas junto a las enormes letras de la ciudad, se muestra casi desértica. Sin música ni reposeras en fila, lo que hay es un grupo de gente que optó por cambiar el after beach vespertino por la serenidad del amanecer, transformándolo en una nueva moda.
En quietud, o con palabras justas, se configura una escena que se repite más y más. No es una casualidad ni una imagen aislada: vacaciones a las 5 AM en la costa atlántica. Levantarse mientras la oscuridad aún cubre el paisaje para hacer actividades que, hasta hace poco, parecían exclusivas de los fanáticos del ejercicio o de los adeptos al llamado “club de las cinco de la mañana”. Este grupo crece y se diversifica en la actualidad.
Redescubriendo las mañanas
Por mucho tiempo, el verano giró en torno al sol. Detrás de esta nueva tendencia se encuentra también una idea impulsada por libros y expertos en bienestar: iniciar el día cuando la mayoría aún duerme, aprovechando las primeras horas para moverse, reflexionar, entrenar o simplemente disfrutar del silencio. No es sólo cuestión de ser productivo, sino de apropiarse de un tiempo libre de distracciones, ruido y exigencias.
En el periodo vacacional, esta lógica se relaja: ya no es un mandato estricto, sino una invitación a vivir el día desde su primer respiro. El after beach, el brindis al ocaso, la foto dorada junto al mar han comenzado a ser desplazados. Puede ser el agotamiento del constante bullicio, el deseo de aprovechar el día de manera diferente, o quizás la búsqueda de un bienestar más íntimo. En Pinamar, cada vez más personas eligen madrugar para correr, sumergirse en las olas, practicar yoga o montar a caballo justo cuando el sol empieza a aparecer.
Pablo Paz, de 46 años y oriundo de Salta, es triatleta. Para él, las mañanas son un modo de vida desde hace mucho. “Empiezo mi día bien temprano, a las cinco. Salgo a correr cinco o siete kilómetros dependiendo de cómo me sienta. Desayuno algo ligero y, aprovechando las vacaciones, incluso lo hago más temprano”, menciona mientras realiza unos estiramientos frente al océano.
Siempre que las condiciones lo permiten, también nada. “Si el mar estuviera más calmado, nadaría”, comenta. Lleva diez años corriendo y desde 2025 practica triatlón, motivado por amigos que ya lo hacían: “Es una combinación perfecta. Comenzar así el día te llena de energía, y luego tienes todo el tiempo libre. Viniendo desde Salta, disfruto del amanecer aquí para hacerlo”.
Mariana, de 41 años, sale a correr todos los días a las cinco de la mañana. “No soy deportista ni entusiasta del ejercicio, pero este horario cambió mi mentalidad”, afirma mientras sigue con sus estiramientos antes de correr. Está de vacaciones en Pinamar y ha decidido mantener una tradición que ya practican en su día a día.
Deporte y viento al alba
A corta distancia, bordeando donde el agua besa la arena, y el viento ya comienza a marcar el ritmo del día, se encuentra Candelaria Guerrero, también de 46 años, lista para practicar kitesurf antes de que el sol despunte. “Dependemos del viento y el clima. Hoy soplaba temprano y al mediodía se calma”, aclara, lo que hace esencial reunirse a las cinco en punto.
El kitesurf no se practica en solitario. “Todo lo planeamos en grupo. Este deporte incluye una vela, condiciones del viento y medidas de seguridad significativas. No es algo que aprendas solo, debes tomar clases”, advierte. Su interés por madrugar ya formaba parte de su hábito: “Siempre he comenzado temprano, con o sin deporte. Si no estoy aquí, a las cinco estoy entrenando o corriendo. Lo recomiendo mucho, pero debe gustarte la mañana. Si levantarse temprano es un sacrificio, es imposible”.
Juan García también adopta el amanecer desde hace cinco años, habiéndolo iniciado durante la pandemia y desde entonces no ha parado. “Empezar a las cinco de la mañana es espectacular. Aunque esté de vacaciones, es útil levantarse temprano, practicar algún deporte y después seguir con la rutina”, comparte.
Juan introdujo la idea del “club de las cinco de la mañana” en su rutina diaria: “Iniciar temprano mientras todos duermen está bien. Aprovechas, te activas y luego disfrutas del día de otra forma”. No lo presenta como una regla rígida ni como una receta mágica, sino como una experiencia personal que, en la playa, resulta especialmente grata.
Yoga con el primer rayo
En las proximidades del parador Neruda, en Cariló, la escena varía. A las cinco de la mañana, personas llegan portando mantas, sábanas, toallas, y quienes más lo practican, con sus propios mat de yoga. Con el sol aún oculto tras el horizonte, se disponen en fila mirando al mar. Algunos cruzan las piernas, otros colocan una mano en el pecho, esperando observar el cielo.
Silvina Lamorte, la instructora, explica que reunirse al amanecer conjuga el desafío de despertarse temprano con la oportunidad de contemplar la salida del sol en contacto directo con la naturaleza. “Es un momento muy puro, diferente”, afirma, destacando cómo los primeros rayos de la mañana proporcionan una sensación de regulación y bienestar en el cuerpo. Más allá de eso, remarca el valor de “atreverse a hacer algo diferente, sencillo y cotidiano que depende de cada uno: salir de la cama cuando casi todos duermen y compartir una experiencia que transforma el inicio del día”.
Cuando la actividad comienza, Silvina dice tranquilamente: “La propuesta es empezar a ser consciente del espacio”. Invita a mantener los ojos abiertos, enfocarse en un punto en el horizonte, observar las pinceladas del cielo, la fuerza del mar, las olas y el sol.
Agradecer se convierte en el centro del encuentro: agradecer por levantarse, por la voluntad, por el aire puro y la salud. “Agradecer el poder lidiar con los días grises y aceptar que no todo es azul y despejado. Aprender a transitarlos nos llena de flexibilidad”, dice Silvina antes de partir, dejando a todos ante el amanecer.
Cuando el sol finalmente asoma, algunos se emocionan. Otros cierran los ojos y colocan la mano en el pecho, como absorbiendo la luz. Finalmente, la clase de yoga comienza, con el sonido del mar como fondo.
Pablo Portela, de 49 años, lleva tres años practicando yoga a esta hora. “Siempre vengo a ver el amanecer y luego hago yoga. Generalmente vengo solo, pero siempre somos los mismos: algunos turistas y otros habituales. Vale la pena levantarse tan temprano”, asegura.
Julia también es una asidua de las cinco de la mañana. “En mi rutina diaria medito, y comenzar a esta hora realmente me hace sentir bien. Hace que el día rinda mucho más”, declara. Alrededor, más de treinta personas comparten la misma experiencia.
Katerina Freijeiro, de 38 años, lo experimentó por primera vez. “El momento en que sale el sol me resultó emocionante. La playa invita a hacer estas cosas. Practico meditación y yoga, pero esto me pareció fascinante. Es una idea increíble para incluir en mi vida”, comenta suavemente, como temiendo romper la atmósfera.
Una experiencia de amanecer
La luz del sol empieza a dominar el horizonte y los caballos avanzan por la arena. Milagros, Abril, Sebastián, Marcos y Juan Pablo, amigos de Tigre, eligen esta actividad desde hace tres años. Con edades entre 22 y 25 años, buscan algo diferente a la postal tradicional de la costa. “Muchos vienen por la fiesta, pero esto es otra cosa. Ver el amanecer a caballo es increíble”, dice Milagros.
A las 4.40 de la mañana, todavía es de noche. Cada participante aguarda en silencio el caballo que los llevará a través de médanos, bosques y costas. Cuando todos están listos, a las cinco en punto, inician la cabalgata. No hay música ni instrucciones fuertes: el trayecto se desarrolla en un silencio calmado, apenas interrumpido por el sonido de los cascos en la arena húmeda y el constante golpear de las olas. El amanecer aún no se ve, pero ya se percibe.
Las cabalgatas duran una hora y media. El momento culminante llega cuando los caballos pisan la arena húmeda de la playa y el sol aparece sobre el mar. “Aunque el tiempo a veces juega una mala pasada, esta es una experiencia increíble. Definitivamente la repetiría”, añade Abril.
Nahuel, responsable del lugar que organiza las cabalgatas, explica que inicialmente eran nocturnas. “Pero debido a muchas consultas, añadimos la opción del amanecer. Cada vez más personas se suman”, dice.
Algún aspecto cambió este verano. Puede que no sea una revolución, pero sí una modificación. El disfrute ya no se reserva para el cierre del día, también está presente en su inicio. En ese espacio temporal en el que Pinamar aún está en pausa y el mar parece hablar solo a quienes eligen madrugar. Vacaciones a las 5 AM: menos ruido, más tiempo; otra forma de descansar y disfrutar.
AA
