En Argentina, cada año de 1.000 a 2.000 bebés enfrentan una enfermedad pulmonar significativa conocida como displasia broncopulmonar. Sin embargo, una nueva revelación podría transformar el enfoque terapéutico para esta condición, frecuentemente presente en nacimientos prematuros. Este avance es resultado de una labor de diez años por parte de científicos del Centro INFANT de Medicina Traslacional (CIMeT), que está bajo la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
Recibir un diagnóstico incorrecto o impreciso puede ser peor que no tener uno. Este fue precisamente el aspecto que los investigadores abordaron, presentando sus hallazgos en la reconocida revista The Lancet.
El estudio, titulado “Análisis de datos para identificar los fenotipos en enfermedades pulmonares de prematuros”, trató de corregir la falta de precisión en diagnósticos previos, donde a menudo se clasificaba a cientos de recién nacidos con displasia broncopulmonar, a pesar de evidencias clínicas variables.
Llamada “displasia”, esta condición se caracteriza por el crecimiento o el funcionamiento anormal de las células en algunos tejidos. En el caso de los prematuros, ocurre por la inmadurez de los pulmones debido a un nacimiento antes de tiempo.
Un enfoque estadístico innovador
El notable descubrimiento es que la displasia broncopulmonar se clasifica en al menos cuatro enfermedades distintas, como detectó el equipo tras el análisis de cerca de 400 bebés argentinos y la comparación con una base de datos estadounidense con más de 800 prematuros. Esta diferenciación se logró a través de avanzados modelos estadísticos.
La inmadurez pulmonar de los bebés prematuros se debe a un parto anticipado, lo que impide que sus pulmones funcionen correctamente.
Estos modelos emplearon técnicas de inteligencia artificial, específicamente el aprendizaje automático, para identificar al menos cuatro trayectorias respiratorias diferentes que los pacientes mostraban. Este enfoque se conoce como modelado de trayectorias de clases latentes.
Según el Dr. Mauricio Caballero, quien lideró el estudio, cada uno de estos patrones respiratorios es único. Por su parte, Damián Alvarez-Paggi, especialista en nanobioingeniería y coautor del estudio, destacó el uso del enfoque ultrainnovador en la investigación.
El modelo reveló las trayectorias de respiración diferencial en bebés extremadamente prematuros, aquellos que pesan hasta 1.500 gramos o nacieron con menos de 28 semanas de gestación, es decir, al menos 10 semanas antes de lo óptimo.
Diversificación de la displasia pulmonar
El estudio incluyó a 376 bebés argentinos, con un peso máximo de 1.250 gramos, a través del Programa de Descubrimiento de Displasia Broncopulmonar, colaborando con hospitales y maternidades de Buenos Aires. En Estados Unidos, participaron 13 unidades de la red PROP, integrando a 835 prematuros extremos.
La investigación se inició al notar cómo variaba la progresión de la enfermedad en diferentes pacientes, incluido el diagnóstico tardío. Se examinó si las necesidades de oxígeno y la saturación desde el nacimiento reflejaban distintas categorías de la enfermedad pulmonar de prematuros.
Caballero explicó que los diagnósticos anteriores de broncodisplasia pulmonar se realizaban a las 36 semanas de gestación, basándose en la dependencia de los bebés del oxígeno o asistencia respiratoria. Sin embargo, este método podía ser tardío y no diferenciaba correctamente entre los cuadros clínicos.
El avance del estudio permitió establecer cuatro grupos según las curvas de oxígeno requeridas durante los primeros 30 días de vida. El grupo menos afectado necesitaba menor soporte respiratorio y tuvo una evolución favorable, con cero muertes reportadas.
Por otro lado, el segundo grupo, aunque inicialmente requirió más oxígeno, mostró una rápida recuperación. El tercer tipo comenzó con pocos síntomas pero empeoró a final del primer mes, presentando la mayor tasa de mortalidad. El último grupo, el más frágil, tuvo un alto y persistente requerimiento de oxígeno desde el principio y presentó complicaciones severas.
Identificar estos patrones permite anticipar un tratamiento más específico y temprano, mejorando el cuidado neonatal a nivel global. Eso podría significar un cambio trascendental en la atención a recién nacidos.
Según las cifras anuales, entre 6.000 y 8.000 bebés nacen prematuros extremos en Argentina. Muchos de ellos podrían sufrir esta patología. De estos, una alta proporción comprende a aquellos con menos de 1.500 gramos o un corto periodo de gestación, entre otras complicaciones.
El proceso de reunir la población adecuada para este estudio intenso llevó siete años, dada la estricta recogida diaria de datos clínicos. La sofisticación de este enfoque estuvo en adaptar metodologías de análisis modernas, colaborando con el equipo del Imperial College de Londres, expertos en técnicas similares utilizadas en enfermedades como el asma.
Fernando Polack, otro nombre relevante en esta investigación, ha sido durante años un pilar clave en este trabajo. Aunque recientemente se retiró de la actividad científica tradicional, su legado continúa fortaleciendo el ámbito de la salud a través de una iniciativa inclusiva en el campo gastronómico.
PS
