La lucha diaria contra el temor a incendios en una ecoaldea del sur

La Amenaza de los Incendios

Hace unos días atrás, un evento impensable se concretó: dos focos de incendio diferentes avanzaron decenas de kilómetros y convergieron alrededor de Cholila, una localidad situada al oeste de Chubut, adyacente al Parque Nacional Los Alerces. El primero, iniciado intencionalmente en Puerto Patriada, El Hoyo; el segundo, a causa de un rayo en el lago Rivadavia dentro del parque. Ambos frentes se fusionaron proyectando su amenaza sobre esta ecoaldea, formada por gente de todo el país que optó por el lugar debido a su belleza natural para desarrollar diversos proyectos. Sin embargo, nunca contaron con convertirse en socorristas para brigadistas combatiendo incendios forestales.

“Esa noche regresé a la ecoaldea desde Bariloche y no podía asimilar lo que veía. El fuego nos rodeaba completamente, y su reflejo era impresionante. Observar las montañas en llamas fue como tener el infierno a un paso”, relata Gabriel, habitante del lugar, sobre los eventos del pasado 24 de enero.

La Resiliencia de la Ecoaldea

El incendio de Puerto Patriada comenzó el 4 de enero y en su incesante avance recorrió más de 40 kilómetros hasta Cholila. Por otro lado, el fuego en Los Alerces surgió el 5 de enero debido a un rayo, a una distancia aproximada de cinco kilómetros. Ambas conflagraciones tardaron el mismo tiempo para encontrarse y poner en jaque a la comunidad en la parte oeste de la aldea.

La ecoaldea ha ido tomando forma en estos últimos tres años. Agustín, ingeniero, y Mariela, arquitecta, llegaron con su bebé desde Santa Fe. Nacho, quien asumió un papel de liderazgo entre vecinos y amigos en tiempos críticos, se estableció allí con un proyecto de agricultura sustentable junto a su pareja y dos hijos pequeños. Laura, bióloga, asumió la administración y Pedro se mantiene activo con sus herramientas y camioneta ante el avance del fuego. Los diversos proyectos van desde la agricultura hasta el turismo.

A las 2 a.m., ya en el 25 de enero, Gabriel y su hijo Fernando atendieron a los golpes en su puerta. Un grupo de brigadistas de Chubut, alertados por información satelital, llegaron a la ecoaldea para advertir a los vecinos, evaluar la situación sobre el terreno y ver qué recursos estaban disponibles. Además, aseguraron que las mujeres y niños estuvieran a salvo y capacitaron a los residentes para apoyar la lucha contra el fuego de manera segura.

“Aunque no somos brigadistas, hemos aprendido mucho de este trabajo. Ayudamos principalmente en enfriar el perímetro del incendio, apagar árboles, despejar y retirar vegetación y materiales inflamables. Con el agua, llenamos tanques de 1.000 litros y asistimos a los brigadistas”, describe Gabriel.

La comunidad ha aprendido a convivir cooperativamente, apoyando a brigadistas de diversas provincias y de Chile, llevando recursos en sus vehículos junto a los bomberos.

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Ignacio Torres, gobernador de Chubut, apareció en el lugar en el peor momento del incendio. Gracias a su intervención, se logró mejorar el acceso que estaba en malas condiciones debido al tránsito de vehículos pesados, algo que no se había podido resolver anteriormente.

“Nos impresionó su disposición inmediata. Principalmente pedimos su ayuda para reparar los accesos, que se habían vuelto intransitables. Su gestión resultó en soluciones que no habíamos conseguido con el intendente. Incluso se quedó sin agua Cholila”, destaca un residente.

Hoy, en medio de la adversidad, la comunidad ha aprendido a reorganizarse, actuando primero con desesperación y luego con aprendizaje improvisado y experiencia. Inicialmente empapaban las casas, hasta que los brigadistas indicaron que este era un uso innecesario de agua. “Solo rocíen las casas o sus inmediaciones para extinguir fuegos menores, cuando el calor es intenso es momento de ponerse a salvo”, aconsejaron.

“Nos equipamos adecuadamente gracias al apoyo de todo el país y el extranjero”, cuenta Gabriel, indicando que están acondicionando una base en una de las casas para coordinar esfuerzos en la crisis.

La comunidad ha sustituido sus mangueras comunes por mangueras de incendio más grandes y motobombas de alta presión, con las cuales ahora pueden trabajar. Al igual que numerosos ‘tótems’ para el suministro de agua en el pinar amenazado y equipo adecuado para protegerse.

Se organizan para gestionar donaciones, realizar compras y rotar personal frente a la amenaza del fuego, adaptándose a la situación. Este lunes y martes la lluvia brindó un respiro, permitiendo a brigadistas y vecinos trabajar hasta las primeras horas de la madrugada enfriando y consolidando los perímetros críticos.

“En una sola semana aprendimos y nos abastecimos con motobombas, y tótems, enfrentando focos numerosos. El fuego se trasladó a un pinar cercano, dejando una estela ardiente”, comenta Valentín. A su lado, Fernando señala: “Miles de hectáreas de bosque nativo arden y pasará mucho tiempo antes de ver su recuperación”.

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La lluvia fue un alivio, aunque la humedad es insuficiente. Proporciona una tregua para reorganizarnos, pero no es suficiente. Ya lo hemos experimentado tres veces antes: la lluvia cae, y dos días después cualquier viento reanima las llamas”, evalúa una vecina en un grupo de WhatsApp llamado “Aldeanos”.

Una Base de Operaciones

Una familia ofreció su hogar como centro de operaciones temporal, proporcionando electricidad y conexión a internet satelital. Sin embargo, el lugar quedó sobrecargado rápidamente, lo que llevó a la decisión de ocupar otra casa desocupada, acondicionándola con energía solar, acceso a la red y adaptando el baño y cocina para las necesidades diarias.

Comenzaron solicitando donaciones para equipos, y ahora también para esa nueva base, formalizando su esfuerzo comunitario a través de Instagram en @ecoaldea.cholila.

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“Actualmente, la usamos todo el día para la lucha contra incendios, pero esperamos que a futuro sea un centro comunitario. Buscamos estar preparados para ayudar a otros, como otros nos han asistido”, concluye Gabriel.

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