En la última etapa de un evento llamado “Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC)”, numerosos estudiantes del colegio ORT exponen los proyectos desarrollados durante sus estudios. Al ingresar al salón, se percibe una energía vibrante, fruto de la dedicación, la creatividad y el entusiasmo de jóvenes de entre 15 y 18 años.
Mientras Clarín explora la exhibición, se encuentran alrededor de treinta propuestas diversas que incluyen plataformas, aplicaciones y juegos, algunas innovando con Inteligencia Artificial para tener un impacto social significativo. Previo a su desarrollo, los equipos realizaron un análisis con diferentes instituciones para identificar necesidades concretas y crear soluciones potencialmente útiles.
Aplicaciones destacadas dentro del evento
Durante el recorrido, destacan proyectos innovadores como “Sing AI”, una web diseñada para facilitar la comunicación mediante el lenguaje de señas. Otro ejemplo notable es SIMA, una plataforma para que médicos ingresen datos específicos de pacientes, los cuales son analizados por inteligencia artificial para detectar posibles casos de esclerosis múltiple.
La creación de Neurolearning
Dentro del evento, un equipo de cuatro jóvenes desarrolla el proyecto Neurolearning, dirigido a niños neurodivergentes de 5 a 9 años. “Neurolearning es una app que integra juegos educativos comunes organizados por niveles”, explican las creadoras. “Nuestro fin es fomentar el aprendizaje y mejorar habilidades como el reconocimiento de emociones, objetos y colores”, añade una de las miembros. “Para cada actividad, incluimos un video explicativo que facilita la comprensión y evita la sobreestimulación”, dice otra integrante del grupo.
Pensamiento y desarrollo del proyecto
Tras muchas jornadas de trabajo, las estudiantes finalmente tienen listo un prototipo del proyecto. En una aula del colegio, muestran entusiasmadas un tablero colorido y un monitor que ilustra el funcionamiento de Neurolearning. La aplicación incluye seis juegos familiares: Crucigrama, Memotest, Qué sos, Simón dice, Ta-Te-Ti y 4 en línea. Algunas partidas ya han sido probadas sin dificultades mayores.
“Nos encontramos en la fase final del proyecto. Solo nos queda probarlo con niños neurodivergentes, dados los significativos beneficios que suponemos que puede ofrecer en un entorno educativo”, comenta Mayte Calvert de Bohun.
“Queremos hacer una contribución, y para ello esperamos el asesoramiento de expertos que nos guíen sobre cómo podría implementarse en instituciones para niños con necesidades especiales”, agrega Julieta Weber.
Colaboraciones y expectativas futuras
El Director de la especialidad TIC, Darío Mischener, presenta las jornadas “Empatizando”, que son parte integral de la filosofía de ORT, trayendo múltiples realidades sociales al colegio para que los alumnos desarrollen proyectos que aborden problemas comunes en la comunidad.
“Al ver el deseo de las estudiantes de profundizar en el autismo, trabajaron consigo mismas y con la Agrupación TGD Padres CABA”, explica Mischener.
Las estudiantes colaboraron estrechamente con la agrupación mientras cursaban el tercer año, decidiendo enfocarse en el Trastorno General del Desarrollo (TGD).
Según Micaela Bodner, “El objetivo era crear algo relevante que tuviera un impacto social, y queríamos que nuestros esfuerzos fueran más allá de los pasillos de la escuela”. Isabella Pesoba señala que no todos los niños con TEA reaccionan igual, proponiendo una botonera de colores útil para algunos, aunque también se puede jugar directamente desde una computadora.
Desde la agrupación TGD Padres CABA, Fernando Satorra reconoce “el compromiso y seriedad de las estudiantes en la elaboración de una herramienta clave que promueve el aprendizaje acelerado, complementando una habilidad que puede ser difícil de desarrollar naturalmente”.
Fernando, padre de un niño con autismo, destaca la dedicación de las chicas al mantenerse involucradas durante un año.
Las jóvenes califican su experiencia como un trabajo de responsabilidad a largo plazo en el que se asignaron roles específicos, destacando la importancia de mantener una motivación continua para llevar el proyecto a buen término. “El deseo de que el proyecto trascienda en lo académico fue lo que más nos alentó”, revela Mayte.
“Había otras temáticas posibles, pero al participar en charlas sobre neurodivergencia, entendimos que nuestro propósito seguía este camino”, señala Julieta.
“El siguiente paso crucial consiste en realizar pruebas bajo la orientación de expertos para evitar expectativas no realistas, a pesar de nuestro optimismo”, enfatiza Mayte.
“Queremos que un profesional nos guíe para concretar el proyecto”, añade Micaela. “Las pruebas deben llevarse a cabo por una institución que certifique las condiciones de Neurolearning”, concluye Isabella. Estas pruebas se esperan realizar antes de fin de año, señala Mischener.
Las estudiantes están ansiosas de ver culminada su creación. “Al inicio cada una tenía una función específica en el desarrollo (interfaz, hardware, diseño, etc.) y trabajamos de manera autónoma, unificando todo en la fase final”, rememora Julieta.
“Reconocemos que fue un error trabajar independientemente mucho tiempo, pero cometimos estos errores al inicio, cuando debíamos aprender de ellos, y fue un proyecto pionero para nosotras”, asiente Isabella.
Con entusiasmo y velocidad, reflexionan sobre cómo la orientación de la agrupación de padres fue esencial para ordenar y encaminar el proyecto hacia metas claras.
“Los padres de niños autistas mencionaron lo útiles que podrían ser estos juegos para sus hijos, por lo cual formulamos preguntas sobre nuestras dudas y, basadas en sus respuestas, estructuramos y adaptamos los juegos”, relatan las jóvenes.
Las alumnas, Mayte, Micaela, Julieta e Isabella, están orgullosas de ser el primer grupo completamente compuesto por mujeres en esta especialidad. “En la tecnología, la mayor parte, entre 75 y 80%, son varones”, destaca Mischener. “Cuando decidimos que el equipo sería sólo de chicas, los profesores se sorprendieron porque es poco habitual”, dice Mayte. “Sin embargo, siempre hubo fortaleza porque somos amigas y nos conocemos bien, lo que nos permitió complementarnos”, completa Julieta.
Las jóvenes comparten cómo sus padres valoran su dedicación y el potencial impacto futuro de su proyecto. “Mi padre se sorprendió al verme tan comprometida con la idea de ayudar a otros”, añade Julieta. “Mis padres destacan que participé y concluí un proyecto que puede beneficiar a otros, aunque aún no hemos asimilado completamente el impacto potencial”, confiesa Micaela, provocando risas.
Unidas en la misma sintonía, reconocen que el valor intrínseco que le dieron al proyecto fue clave, independientemente del rendimiento académico. “Teníamos un propósito alterno y no nos desviamos de ese camino”, reflexiona Isabella.
Neurolearning es propiedad de las cuatro estudiantes. “Es probable que cedamos el dispositivo a la agrupación que nos apoyó y guió. Deseamos aclarar que no buscamos compensación económica; solo queremos ver sonreír a los niños y que disfruten de nuestro invento”, finalizan.
