Cinco factores que explican el declive récord en el consumo de vino en Argentina

En Argentina, el consumo de vino se encuentra en un descenso considerable que no parece revertirse. Más allá de las limitaciones económicas de la población y las normativas más estrictas en cuanto a consumo de alcohol al conducir, la principal causa se relaciona con un cambio en los hábitos, una filosofía de vida más ascética y una alimentación más saludable.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) indica que el consumo per cápita de vino en Argentina ha bajado a 15,77 litros anuales, la cifra más baja desde que hay registros. En 1970, por ejemplo, era de 90 litros por persona por año. Esta crisis afecta no solo a las bodegas, sino también a productores, comercializadores, a la gastronomía enfocada en el vino y al turismo relacionado con este producto.

En este contexto, no son factores como la inflación o la calidad del vino los principales enemigos. Es la tendencia global hacia un estilo de vida más saludable, que se contrapone al consumo de alcohol, lo que preocupa a bodegueros y expertos en consumo masivo.

La industria vitivinícola está preocupada y se están desarrollando iniciativas para difundir la idea de que el vino, consumido moderadamente, puede ser parte de una dieta saludable. Esto, sin embargo, contrasta con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que desaconseja el consumo diario de vino para la salud cardiovascular y sugiere evitarlo para prevenir ciertas enfermedades.

1. Efecto global y local en el descenso del consumo

El consumo de vino en Argentina ha disminuido en los últimos cinco años, un fenómeno que también se observa a nivel mundial. Este descenso ha resultado en excedentes de stock, caída de precios y problemas financieros para las bodegas.

2. Regulaciones más estrictas sobre el alcohol y conducción

Las nuevas regulaciones, como la ley de alcohol cero al volante, afectan el consumo. En la mayoría del país, salvo CABA y Mendoza, no se tolera alcohol en conductores. Además, las multas por exceder los límites permitidos se han incrementado de manera significativa.

3. Impacto de la concienciación sobre la salud

Guillermo Oliveto, experto en consumo masivo, destaca que la toma de conciencia sobre la salud ha llevado a muchos consumidores a limitar su ingesta de alcohol. Tras la pandemia, ha aumentado la preocupación por llevar una vida más saludable y una moderada ingesta calórica, un enfoque que se refleja en una preferencia por elegir calidad sobre cantidad.

La política de alcohol cero resulta en disminuciones en las tasas de alcoholemia positiva, como reflejan los recientes datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. En CABA, por ejemplo, las tasas de positividad han bajado desde 2020.

El panorama financiero para las bodegas se ha deteriorado debido a excedentes significativos de stock, precios bajos y costos de producción en aumento. San Juan, por ejemplo, enfrenta grandes retos debido a sus elevados costos logísticos, que reducen su competitividad.

Se observa una tendencia a la reducción de viñedos frente a la baja rentabilidad, lo que ha llevado a algunos productores a abandonar viñas menos productivas. Exportaciones disminuyeron notablemente, reflejando la dificultad del sector para competir globalmente.

La crisis financiera se agrava y muchas bodegas están vendiéndose o tienen problemas de pagos. Entre las afectadas están la mendocina Norton y la sanjuanina Casa Montes, ambas lidiando con cheques rechazados y otras dificultades financieras.

4. Cambios en el comportamiento del consumidor

Un estudio reciente del IERAL revela alteraciones notorias en el gasto de las familias argentinas, que ahora priorizan servicios públicos y salud sobre artículos como bebidas alcohólicas, dulces y cosméticos.

Ante estos cambios, el vino enfrenta tanto retos como oportunidades. Si bien los consumidores reducen las compras de alcohol cuando deben ajustar sus presupuestos, el vino todavía tiene atractivos: su diversidad y la tendencia entre los jóvenes de consumirlo de manera más relajada.

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La figura de la mujer como consumidora de vino está en aumento, así como su uso en reuniones sociales informales. Sin embargo, el contexto económico y social actual sigue siendo un gran desafío para la industria vinícola argentina.

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