Después de varios días en los que Pinamar parecía más un escenario invernal que una playa veraniega, este domingo el mar se vio nuevamente rodeado de visitantes.
El cambio de clima trajo de vuelta el clásico ritual del verano, tras días de sudestada, bajas temperaturas, fuertes vientos y alguna llovizna desde el 2 de enero. Hasta ahora, la postal había sido de arena fría, suéteres cerrados y mates calientes observando un mar digno de admirar en lugar de disfrutar.
El Sol Renace en Pinamar
Desde primeras horas, el sol comenzó a brillar intensamente, aunque el mercurio no llegó a los 30 grados. La arena recuperó su calor, obligando a caminar más rápido o a usar chanclas para proteger los pies.
Las sombrillas reaparecieron, unas al lado de otras, y las sillas de playa volvieron a situarse frente al mar. El bullicio de la playa retornó, evidenciando una temporada nuevamente en marcha, en claro contraste con los días anteriores.
Recuperando el Espíritu Veraniego
Laura Castillo, quien llegó desde el conurbano bonaerense con su familia, comenta entre risas que “parecía que el verano se había tomado vacaciones”. En los años que ha visitado, nunca había experimentado tantos días de sudestada de seguido. Hoy, sin embargo, es distinto y no quieren irse, dice mientras reacomoda las sillas frente al océano.
A lo largo de la semana, muchos turistas prefirieron paseos cortos, caminatas abrigadas por el centro o simplemente mantenerse en sus alojamientos esperando un cambio climático.
No obstante, este domingo el mar recuperó su protagonismo, con niños corriendo hacia la orilla, adolescentes jugando fútbol y adultos bañándose sin dudarlo mucho.
Mayra, proveniente de San Lorenzo, Santa Fe, sintió plenamente el cambio. “Llegamos el 1 de enero y atravesamos días de frío, viento y sudestada. Empezamos con calor y terminamos con abrigos. Hoy, por fin, vuelve el calor”, explica.
Durante los días nublados, exploraron: “Pinamar es bonito porque siempre hay algo para hacer. Visitamos el centro, Cariló y Villa Gesell. Hoy, afortunadamente, nos quedaremos en la playa hasta el último momento”.
Para Marcos Sosa, que alquila en Pinamar Norte, la diferencia fue clara desde la mañana, al decidir pasar el día en un balneario con amigos. “Ya empezando el día se sentía distinto y como a las diez, el sol golpeaba fuerte. Dijimos: hoy es día de playa”.
Mailén Planes, leyendo en la arena con su familia, llegó hace una semana. No habían podido disfrutar mucho, pero hoy es su último día y están decididas a aprovecharlo al máximo. Notaron la diferencia con Villa Gesell: “Allá no hay tanta gente. Hoy disfrutamos el sol al 100% y nos quedamos todo el día en la playa”.
Desde Santa Fe, Juan Bautista y sus amigos, quienes llegaron el 8 de enero, vivieron jornadas frías, pero por fin disfrutan de su primer día real de playa. “Vamos a intentar broncearnos y quedarnos hasta tarde”, comentó riendo.
Los paradores notaron el cambio rápidamente. Tras días tranquilos, la actividad se avivó de nuevo. “Fue evidente”, asegura Sofía, empleada de un balneario céntrico. “Con el viento, la gente venía un rato y se iba, pero hoy, desde el mediodía, no hemos parado”.
Por su parte, María Laura Escudero, quien vino desde San Nicolás con su esposo Matías y su hijo Benjamín, recordó: “Ayer hacía mucho frío, aunque la noche estuvo linda. Salimos de día bien abrigados a tomar mate y churros”, agregó mientras narraba su día en la playa.
Este domingo, la historia fue diferente. María Laura vio que el día estaría espléndido, y llegaron temprano a la playa, disfrutándola hasta tarde con su familia. Benjamín, feliz, planea jugar fútbol en la orilla.
El panorama se replicó en toda la costa: familias disfrutando horas de playa, heladeras abiertas, música relajante de algún altavoz y ese calor que, tras varios días de ausencia, se sintió como un verdadero regalo. Con el buen tiempo, la playa recuperó su energía típica, y el verano nuevamente se adueñó del escenario.
