El Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” fue testigo de un encuentro lleno de entusiasmo. En una sala adornada con cientos de dibujos de pequeños admiradores, los investigadores del Conicet, dirigidos por el doctor Daniel Lauretta, compartieron hallazgos revolucionarios de una misión nunca antes llevada a cabo en el Atlántico.
Esta campaña, seguida por personas de varias generaciones, se convirtió en un evento sobresaliente en el ámbito científico y técnico, descubriendo 40 especies marinas nuevas y logrando casi 18 millones de visitas.
Exploración profunda en el Atlántico
El ambicioso propósito fue investigar la diversidad de vertebrados marinos en el Cañón Submarino Mar del Plata, Atlántico Sur, a profundidades que alcanzaban los 3.900 metros durante un mes de travesía.
La misión contó con el apoyo de un dispositivo robótico operado remotamente llamado ROV SuBastia, proporcionado por el Schmidt Ocean Institute. “Desde el punto de vista científico, para nosotros fue un verdadero triunfo, proporcionándonos una cantidad inmensa de datos”, mencionó Lauretta, doctor en Ciencias Biológicas a sus 44 años.
Precedentes y preparación
El trasfondo de esta experiencia remonta a trabajos previos en la misma zona en los años 2012 y 2013. Estas primeras incursiones ayudaron a formar un equipo interdisciplinario sólido, esencial para el éxito de esta nueva aventura.
Este proyecto significó años de preparación y competir en el ámbito internacional para conseguir un lugar en el barco de exploración.“El proceso fue bastante largo y competitivo. Para que te hagas una idea, comenzamos con la propuesta en octubre de 2023 y la expedición se llevó a cabo en julio de 2025. Los tiempos suelen ser muy extensos”, explicó Lauretta.
Problemas medioambientales en el océano
El estudio no solo se limitó a estudiar formas de vida marinas, sino que también analizó temas ambientales actuales. “Pudimos identificar micro plásticos y basura macroscópica, como bolsas de basura e incluso una bota”, explicó.
Los datos recopilados son tan voluminosos que los científicos estiman que servirán para investigaciones durante una década. “Es probable que trabajemos con esta información durante unos 10 años. En los primeros meses, quizás publiquemos algunos primeros resultados”, previó Lauretta.
Impacto mediático y viralidad
La expedición generó un fenómeno de interés público, con millones de visualizaciones a nivel global. Las transmisiones en vivo superaron todas las expectativas. “Usuarios en situaciones diversas, como en discotecas, tenían nuestros videos de fondo”, contó Lauretta riendo.
El registro más alto en vivo era de alrededor de 800 espectadores, y aspiraban a llegar a los 1.000. Lograron superar estas cifras con más de 92.000 espectando en vivo. “Fue un éxito total”, añadió.
El interés trascendió lo académico, convirtiéndose en un fenómeno viral: “Nuestros videos promedian medio millón de reproducciones, uno de ellos alcanzó 1.700.000 visualizaciones, y en suma, los videos contabilizan aproximadamente 17,5 millones de visitas”, afirmó.
Lo que conmovió especialmente al equipo fue la respuesta de los más jóvenes. “Una grata sorpresa fue la abundancia de cariño que nos llegaron especialmente de niños y niñas”, comentó Lauretta.
Durante la conferencia, compartió historias personales significativas. “Un niño me envió un video desde su habitación, explicando que estaba a 3000 metros de profundidad con una linterna y una pala. Para nosotros es simplemente increíble”.
Desafíos y sostenibilidad
Más allá de los hallazgos, los investigadores subrayaron la dificultad de llevar a cabo proyectos así. “Conseguir tiempo en barcos es complicado por los costos elevados y la alta demanda. Buscamos oportunidades para obtener más tiempo para nuestras investigaciones”, declaró Lauretta.
“Por ahora hemos ganado visibilidad, pero aún no hemos visto otros beneficios. Sin embargo, estamos satisfechos porque la gente está viendo el valor de nuestro trabajo”, agregó.
El financiamiento es el gran obstáculo para mantener estos proyectos. Lauretta mencionó que continúan buscando apoyo financiero, pero la situación es compleja. “Hay interesados en apoyar, pero conseguir fondos sigue siendo un reto”, añadió.
Por su parte, Pablo Penchaszadeh, otro investigador especializado en moluscos marinos, destacó que la continuidad no depende solo del entusiasmo generado.
“La proyección de futuro depende de varios factores externos. La investigación científica es frágil y pueden surgir dificultades”, mencionó.
Un ejemplo claro de vulnerabilidad es el cierre de la beca de una investigadora del grupo debido a la falta de nuevas contrataciones en el Conicet.
“Durante la campaña hubo mucho entusiasmo, pero el fin de la beca de una investigadora sin posibilidad de continuidad fue bastante desalentador”, puntualizó Penchaszadeh.
“Fue realmente una gran tristeza ver cómo una carrera científica queda truncada debido a la falta de plazas disponibles”, concluyó.
