Federico Laboureau, nacido en Castelar, en la periferia oeste de Buenos Aires, partió hacia Estados Unidos en 2011, cansado de luchar constantemente. A sus 42 años, logró ser reconocido como el argentino detrás del diseño interior de la “casita” de Bad Bunny durante el espectáculo del medio tiempo del último Super Bowl.
El instante crucial
La creación de Laboureau se observó por tan solo ocho segundos cuando Bad Bunny hizo su entrada desde el techo. Sin embargo, fue suficiente para abrir una ventana a la casa de la abuela latina perfecta, una inspiración de todas las abuelas latinas, y en especial de una argentina.
La llamada inesperada
Como suele suceder, la oportunidad llegó sin aviso. Federico recibió la propuesta a finales de diciembre de la mano de una productora cercana que había trabajado en previos shows al mediodía. Fue tal productora quien propuso su nombre a la NFL y al equipo de Benito, quien dio su visto bueno pero sin proporcionar más detalles, aparte de pedirle que reservara ciertas fechas en su agenda. No fue hasta una reunión posterior que Federico descubrió que se encargaría del diseño del interior de la casa de Bad Bunny.
Antes de comenzar, tuvo que pasar un exhaustivo proceso de verificación de antecedentes y confidencialidad. Federico explica, “Firmé un acuerdo que me prohibía hablar en redes antes del evento, bajo riesgo de enfrentar acciones legales. Necesitan asegurarse de que las personas involucradas no tengan un pasado comprometedor, ya que eso podría dañar al espectáculo completo y la figura de Bad Bunny”.
La reinvención personal y profesional
En Estados Unidos, Federico también enfrentó desafíos: “Aunque mi vida era cómoda y económicamente segura, la pandemia desequilibró la industria cinematográfica y televisiva. Mi solución fue comenzar a vender empanadas desde mi hogar, y ahora acabamos de abrir el tercer restaurante de Fuegos LA, que fusiona sabores argentinos con un toque gourmet”.
De este proceso de reinvención, comenta que fue una forma de reconciliarse con sus raíces argentinas. “Debo recordar mis orígenes y habilidades, como la resiliencia que heredé al enfrentar frecuentes crisis en Argentina”, comparte Federico.
Acerca del mensaje pro-Latinoamérica del show de Bad Bunny, Federico expresa simpatía, a pesar de tener ciudadanía estadounidense. Se siente conectado con aquellos inmigrantes que contribuyen económicamente y forman una comunidad vital, aunque a veces no sean plenamente aceptados socialmente.
El diseño externo de la “casita” refleja la arquitectura puertorriqueña clásica, mientras que su interior encarna el “alma de abuela” tanto del diseñador como de la abuela de Bad Bunny.
“Aspiro a elevar la percepción de Latinoamérica, apartándola de estereotipos limitantes. Busco una estética cuidada y artística”, añade, aludiendo a su objetivo profesional.
Federico comenzó estudiando Informática en Argentina, pero abandonó para seguir sus pasiones artísticas. Se tituló como diseñador de modas y luego incursionó en diseño de vitrinas, descubriendo su interés por la decoración y el diseño escenográfico.
En el ámbito de Hollywood, trabaja principalmente en sets para programas y comerciales. Ha colaborado con gigantes como Amazon y Disney. Su capacidad para maximizar presupuestos le ha permitido destacarse, usando su ingenio argentino para lograr más con menos.
El diseño de la casa de Bad Bunny, entre su conceptualización y adquisición de materiales, como antigüedades de mercadillos, tomó mes y medio. Federico conoció personalmente al artista durante la grabación de la famosa escena que se retransmitió en el show de medio tiempo del Super Bowl.
Federico señala que una ausencia de comentarios detallados suele indicar satisfacción en esta industria. En el caso de Bad Bunny, su breve recorrido por la casita concluyó con un simple, “Vamos a trabajar, hagámoslo”.
La grabación de la caída a través del techo se repitió más de 20 veces con un doble, mientras Bad Bunny replicaba el aterrizaje del especialista tras cada toma. Cada vez, el escenario debía ser restaurado al original, limpiando y recolocando elementos como el falso polvo y los platos.
El desafío era reflejar el hogar típico de una abuela latina. Federico, criado por su abuela, comprendía estos detalles íntimamente. “Traté de capturar su esencia y la de tantas abuelas en mi diseño”, comenta emocionado.
El proyecto no se centró en grandiosidades arquitectónicas; lo esencial fueron los detalles emocionales que reconocemos como hijos de Latinoamérica.
El diseño de 62,8 m2, ensamblado en tan solo seis horas, incluyó objetos tan reconocibles como una lata de galletas usada como costurero, y un ventilador colocado junto al aire acondicionado para mejorar la circulación.
Federico ha comprendido que la resiliencia y la capacidad de improvisación son sus herramientas más valiosas en Hollywood. Refiriéndose al “superpoder” argentino, comenta sobre la destreza para “resolver con lo que hay”, recordando siempre su experiencia personal en la “casita”.
AA
