Frases repetidas en muchos hogares
“Quisiera que se independizara”, “En algún punto deben volar solos”, “Les establecí que para el 2030 deberían estar viviendo independientes”, “Quizás me equivoqué y está acomodado conmigo”, “Deseo que tenga su propia vida”. Estas afirmaciones reflejan el sentir de padres en diferentes hogares y circunstancias. Hijos mayores de 25 años, con ingresos superiores a los de sus progenitores, pero que continúan residiendo con ellos.
La convivencia en cifras
Un estudio de la Fundación Tejido Urbano indica que un 38,3% de los jóvenes en Argentina, entre los 25 y 35 años, viven con sus familiares en 2025. En números, esto suma alrededor de 1,8 millones de personas. Esta estadística no ha variado significativamente en más de una década. Muchos continúan en el hogar familiar por razones financieras, pero otros, con ingresos superiores a los de sus padres, optan por quedarse.
Cambio en el concepto de familia
Durante años, los padres fueron los pilares del hogar y ahora comparten su espacio con adultos que, aunque tienen mayores ingresos, aún viven en la habitación que solían ocupar en su adolescencia. Jorge Martín Pegoraro, psicólogo, menciona que esto representa un cambio cultural profundo. Las nociones tradicionales de familia están cambiando, así como los tiempos para alcanzar la independencia.
El especialista señala que anteriormente, las personas de 60 años eran vistas frecuentemente como ancianas y no completamente activas, lo cual ha evolucionado. Convivir con un adulto bajo el mismo techo puede derivar tanto en fricciones como en alivios, dependiendo del tipo de relación y el acuerdo de convivencia entre padres e hijos.
Para Pegoraro, la tendencia actual de adultos jóvenes quedándose más tiempo en la casa paterna responde a una nueva lógica social, distinta de la de generaciones previas. “Hoy en día, se habla de ‘adultescencia’, personas de 35 años que, aunque tienen trabajos formidables, optan por vivir como si tuvieran 20, en casa de sus padres”, señala.
Añade que existen muchos que no saben estar solos. La elección entre independizarse o quedarse con padres que proveen gran parte del soporte emocional y económico resulta en continuar viviendo con ellos, disfrutando de una vida plena de comodidades.
Roles y responsabilidades familiares
El papel y la dinámica dentro del hogar cambian; un hijo puede tener ingresos altos y, sin embargo, perpetuar un comportamiento adolescente en casa. Pegoraro enfatiza en la necesidad de redefinir el acuerdo convivencia: “Ya no basta con el vínculo de padre e hijo, debe ser como un compañero de casa. Un nuevo acuerdo es imperativo para una convivencia saludable”.
No obstante, el cambio no debe ser unilateral. “Como adulto y padre, debo permitirme hacer espacio para que el otro adulto en el hogar asuma responsabilidades a mi lado. Debe colaborar y ser parte de las decisiones”, insiste Pegoraro. Esto implica ceder, permitir que el hijo adulto tenga voz en asuntos domésticos y establecer límites cuando el equilibrio se rompe.
Historias como la de Inés, jubilada pero cohabitante con su hijo que presta apoyo significativamente al hogar, reflejan una dinámica entendida como cooperación mutua, revelando que cuando los roles están bien definidos y las responsabilidades compartidas, la convivencia puede ser ventajosa para ambos, aunque el dinero solo no ordena el vínculo.
El sentido de la independencia
Incluso cuando los hijos aportan económicamente, la verdadera autonomía se acompaña de otras responsabilidades cotidianas. Un padre, como Raúl López, desea que sus hijos logren vivir solos para el año 2030, incluso si la convivencia actual es armónica y permite ahorrar dinero comparado con un alquiler externo.
Conforme el especialista concluye, el reto está en reconocer que cada familia crea sus propios acuerdos, y que es vital romper los conceptos anteriores para poder construir nuevas dinámicas que permitan convivencias saludables: “Debemos ser capaces de aceptar que el concepto de familia ha cambiado drásticamente en los últimos 50 años”.
