No suelo ser entusiasta de las visitas a museos, las torres o los grandes palacios. Tampoco me impresiona mucho tomar fotos famosas: Times Square en Nueva York, los Campos Elíseos en París o la Plaza Mayor en Madrid. Quizás piensen que tengo un punto de vista pesimista o que no tengo interés por la cultura, pero no es el caso.
El costo del turismo moderno
Pienso que la industria turística a menudo logra lo opuesto a lo que debería ser el propósito de un viaje: explorar y aprender. En estos tiempos, de la misma manera que la industria de alimentos a menudo promueve una dieta poco saludable, las “empresas de viajes” pueden crear experiencias artificiales diseñadas solo para los visitantes. Si dispongo de tres días para descubrir París, ¿debería dedicar uno al Louvre, otro a la Torre Eiffel y el último a Versalles? Esto es posible, pero les garantizo que no captarán mucho de la vida cotidiana de un francés promedio en 2026. Prefiero aventurarme por barrios diversos, perderme en bares de periferia, o entrar en una modesta biblioteca. Y si es posible, tener una conversación genuina con alguien que no esté esperando una propina. Claro, ver arte es impresionante; esculturas de hace siglos o pinturas medievales sobre el infierno son asombrosas. Sin embargo, si solo nos limitamos a mirarlas y tomarnos una selfie para mostrar “estuve aquí”, ¿de qué sirve más allá de un logro momentáneo?
La verdadera experiencia de observar
Diferente es poder sentarse y observar, sentir mientras se contempla. Pero esto requiere tiempo y disposición, bienes escasos actualmente. Si se logra conectar con el entorno y experimentarlo, entonces los museos son bienvenidos. Recuerdo un viaje a Cancún con mis hijos, no tan pequeños ya. Como era de esperar, visitamos la playa y nos impresionó el mar turquesa. Sin embargo, un día decidimos hacer algo diferente y fuimos al Museo Maya. ¿Intercambiar arqueología por sol? Ni se imaginan cuánto lo disfrutamos: comprender que esa región siempre fue impresionante, sentirla, tocarla a través de su historia y objetos. Había un paisaje más allá del paisaje, y merecía la pena.
Cuestionando la rutina turística
La facilidad de simplemente seguir los consejos turísticos puede impedirnos experimentar la esencia real de un lugar. Es común que muchos turistas accedan a los mismos destinos predefinidos sin considerar alternativas que puedan ofrecer una conexión más profunda y personal. Es vital no caer en la rutina de tomar fotos sin significado y, en su lugar, apreciar lo que recubre el entorno.
Encontrando el valor en lo cotidiano
Optar por ver más allá de las atracciones conocidas puede ofrecernos experiencias enriquecedoras. A veces, los momentos más auténticos se encuentran explorando el día a día de una ciudad, donde reside su verdadero espíritu. Adoptar una actitud de observación puede brindarnos una comprensión más completa y auténtica de la cultura local.
