Alcanzar la cima del volcán Lanín, a una altura de 3.776 metros sobre el nivel del mar, es todo un desafío patagónico para aquellos deportistas que desean evolucionar del trekking al andinismo. Considerado un recorrido “clásico”, el Lanín cobró notoriedad reciente cuando el chef Christian Petersen, de 56 años, sufrió un grave percance, quedando hospitalizado en San Martín de los Andes con un estado crítico.
Preparación para el ascenso
La ascensión requiere una significativa resistencia física, ya que los participantes se enfrentan a condiciones climáticas potencialmente hostiles. La presencia de guías de montaña es obligatoria, quienes recomiendan esta experiencia solo a personas con experiencia en trekking, buena salud y un alto nivel de preparación.
Ruta principal de ascenso
La senda más frecuentada para subir al Lanín es la ruta del lado norte, que inicia en la seccional Río Turbio del Parque Nacional Lanín. Este punto, que sirve de inicio para muchos aventureros, se encuentra a 65 kilómetros de Junín de los Andes y alberga el Centro de Informes de Tromen y un puesto de Gendarmería Nacional debido a su proximidad al paso fronterizo Mamuil Malal hacia Chile.
Equipo necesario para la travesía
La expedición, que dura aproximadamente dos días y se lleva a cabo entre octubre y abril, comienza con una lista de equipo esencial: botas de montaña adecuadas, ropa impermeable como pantalones y chaqueta, un saco de dormir, mochila, bastones, polainas y lentes de sol. El equipo se complementa con cascos, crampones y piquetas, fundamentales para avanzar sobre hielo y nieve y en caso de deslizamientos.
El desafío del terreno y el clima
El sendero inicia en un bosque de lengas, dando paso a una notable subida denominada “Espina de pescado”. Se sigue por un suelo pedregoso y posiblemente nevado, dependiendo del clima. El primer día se camina de cinco a seis horas hasta llegar al refugio militar a 2.315 metros, donde se pasa la noche. El ascenso del segundo día comienza a las dos de la madrugada, en condiciones de nieve dura preferidas por los montañistas, quienes con la ayuda de linternas y crampones, avanzan hacia la cumbre.
Al amanecer, la mayoría de los grupos llegan al Plató de los 3.000 metros, desde donde se accede a la Canaleta del Silencio, un camino directo a la cúspide. Las condiciones climáticas cambiantes, como el “viento blanco”, representan un considerable desafío, pudiendo limitar la visibilidad y endurecer la travesía.
Finalmente, el descenso, más rápido que el ascenso, suele incluir tramos de “culipatín” sobre nieve, lo que resulta en una experiencia más dinámica y menos demandante.
Recomendaciones para los aspirantes a montañistas
Los expertos aconsejan un riguroso entrenamiento previo que combine ejercicios aeróbicos, como trote, ciclismo y subidas en superficies empinadas. Alcanzar un estado físico adecuado implica sesiones de ejercicio tres veces por semana, completando caminatas largas con cierta intensidad.
Toda persona con intenciones de escalar el Lanín debe tener en cuenta que, además de un excelente acondicionamiento físico, el clima es un factor inestable, capaz de transformar rápidamente el entorno en uno sumamente desafiante.
